Máquina de coser zapatos
Tengo en mi casa dos máquinas de coser zapatos. Me las dieron para que las vendiera, pero he estado considerando seriamente adquirirlas yo y aprender el oficio de reparar zapatos. Tengo casi la ilusión de poder diseñar y fabricar calzado, pero para eso aún necesito otras herramientas y largas horas de práctica.
Esas máquinas me las dejó el hermano Otto, él se las trajo desde Perú con la idea de ponerlas a trabajar aquí. Al llegar a Venezuela encontró que todo en su casa había sido robado, no le dejaron ni una cuchara, y eso sucedió aún cuando había dejado a una persona cuidando la casa. Decidió irse, dejó a otra persona.
Me dijo que el precio en que él aspira vender las dos máquinas es de 540 dólares. Le pregunté cuánto sería si las compro yo, lo pensó por un buen rato y me dijo que le diera 300.
He estado consultando al hermano Hermógenes, zapatero peruano con quien compartí mucho sobre temas bíblicos.
El proyecto de reparar/fabricar zapatos tiene varios obstáculos:
1.No tengo un espacio apropiado para trabajar ese arte.
Con ayuda de mi hermano Freddy saqué una lavadora vieja y me quedó un espacio que, aunque pequeño, tal vez lo podría utilizar para trabajar.
2.Las máquinas no tienen un pedestal. Debe fabricárseles una base apropiada para poder usarlas.
Ya he pasado por cuatro soluciones posibles: 1) Colocar una madera suspendida en la pared, 2) Fabricar una mesa de madera que se ajuste a este espacio, 3) Fabricar un estante de metal para las máquinas, 4) Fijar las máquinas directamente a la pared.
La última opción es la más barata en tiempo y dinero.
El hermano Hermógenes, de Perú, me dice que tengo que aprender a reparar zapatos, que eso podría convertirse en mi principal sustento.
Éstas son las máquinas, ya instaladas, que tiene Hermógenes en su taller:
Definitivamente quiero ser un zapatero como Hermógenes, agrego foto de un zapato fabricado por él:
Créditos del texto e imágenes: Amaponian Visitor (@amaponian)










