Historias en su tinta 019: "Campo minado", por bonzopoe

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—Quiero salir —dijo ella.
—Salgamos entonces — contestó él.
—No sé.
—¿No que querías salir? —replicó el un tanto confundido.
—Sí, pero no sé —contestó ella.
—¿No sabes qué?
—Si quiero salir —reiteró.
—¡Pero si me acabas de decir que quieres salir! —dijo el todo contrariado, levantando un poco el tono de voz sin querer.
—Si, pero no sé. Y no me grites por favor. De haber sabido que te pondrías así no te hubiera dicho nada. Pensé que podía contar contigo. —Dijo ella en señal de reclamo.

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El respiró profundo un par de veces antes de contestar.
—Por supuesto que cuentas conmigo cariño. Cuando lo tengas claro me dices, yo te apoyo, decidas lo que decidas.
—¿Y no me vas a ayudar a decidir? Contestó ella con cierta extrañeza.
—Me encantaría, pero la verdad no sé como. —Contestó él cuidando su entonación lo más posible, para que no se notara la exasperación que ya se había apoderado de él.
—No me entiendes. A pesar del tiempo que llevamos juntos no me entiendes. Y si a estas alturas no me entiendes, creo que nunca me entenderás. —Contesto ella con un tono en que enojo y tristeza se mezclaban, se entrelazaban como dos serpientes de ojos brillantes que lo miraban acusatoriamente.

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El guardó silencio tratando de pensar que decir. Se sentía en un campo minado en el que sin importar a donde se moviera todo iba a estallar, a volar en mil pedazos.
Ella esperó pacientemente su respuesta, y mientras tanto jugaba con la paleta de caramelo de fresa que tenía en los labios.
La manera en que la lamía expresaba coquetería e impaciencia al mismo tiempo. Y el sabía que lo próximo que dijera podía marcar el futuro de la relación, al menos en el corto plazo. Podría significar dormir con esa lengua, y el cuerpo del que formaba parte, o dormir con el perro, y su lengua, en la sala.
—Platícame porque no sabes —dijo finalmente él.
—Pues es que estoy aburrida, y salir, distraerme, me ayudaría a espantar esta sensación de hastío que tengo desde hacer unos días. Pero el solo pensar en arreglarme me desanima. No tengo que ponerme y...

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El la escuchó mientras ella le contaba varias veces lo mismo de diferentes maneras. Limitándose a mover afirmativamente la cabeza cada cierto tiempo, o decir, "ajá" o "claro" cada tanto.
Mientras, pensaba en la mala racha de su equipo de fútbol favorito, repasando mentalmente sus estadísticas, y en que si salían tendría que ver la repetición del partido de hoy más tarde, uno del que podía depender su eliminación del torneo. Le preocupaba que fueran a algún lugar donde se estuviera transmitiendo y eso le distrajera.
En eso estaba cuando ella dijo "¡...así que iremos de compras!. Me voy a cambiar, no me tardo".

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El sabía que tenía al menos una hora antes de que partieran, así que llamó a sus amigos avisándoles que no podría ver el partido con ellos, y pidiéndoles que por favor no le dijeran nada del resultado, ni le marcaran o mandaran mensajes por el resto del día, ya que saldría con ella.
Después de soportar las burlas de sus amigos, programó la grabación del partido en la televisión, hizo una reservación en el restaurante favorito de ambos, y se cambió para verse bien, pero no demasiado bien. Y como toque final se puso la loción favorita de ella.
Cuando salió del baño-vestidor, lista para partir, el estaba esperándola con una enorme sonrisa en los labios. Salieron, y a pesar de lo ocurrido antes, tuvieron una hermosa velada. La relación había sobrevivido un día más, y esa noche el perro había dormido solo, una vez más a sus anchas, en el sofá de la sala.

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Nota: Este post de contenido original es de mi total autoría y fue publicado originalmente en mi blog en HIVE. Solo se le han realizado modificaciones menores al mismo para poder compartirlo en esta plataforma.
