Del "Diario de lectura". Domingo, 27 de junio de 2021.
(Fotografía de @chretien).
He terminado finalmente "Lincoln en el Bardo". La magnífica novela de Georges Saunders ganadora del premio Booker 2017.
El “finalmente”: El libro debió de luchar contra las continuas veces que Georges me lo robaba y escondía. Tal vez es la portada con la silueta del niño. O tal vez que mi rostro delataba demasiada atención… Una atención que el sentía que le robaba a él.
La historia transcurre en una noche en la que Lincoln visita el sepulcro de su niño muerto. Construída con el coro de las voces de aquellos que están en el limbo entre la vida y la muerte eterna. Que aún tienen algo de vida. Cada noche. Antes de que deban regresar a los cuerpos putrefactos que les desagradan.
El libro, escrito muchas veces sin puntuación, explora muchos temas. El central: El dolor por la pérdida de un hijo. Y entonces recuerdo a mi Abuelita. Yo con 10 años. Sentado en un banco frente a la jaula de sus loros. Y ella lamentándose continuamente de la muerte de su hijo. Esa larga, muy larga imagen -fueron muchos años de verla allí, únicamente llorando- de mi Abuela frente a su jaula está muy sembrada en mi recuerdo. Mi Abuela parecía estar recitando continuamente los primeros versículos del "Salmo" 22. A esa edad su dolor era completamente incomprensible para mi. ¿Por qué mi Abuela llora tanto?, me preguntaba. Hoy día también y espero no poder comprenderlo nunca.
La violación de la esclava litzie wright me ha impresionado mucho. Escribir que está muy bien escrita sería un exabrupto. Pero es una de esas incongruencias de mi pensamiento frente a estas páginas. Transmiten algo intransmisible pero transmiten algo. Una experiencia vicaria de algo que no deseamos vivir. Y creo que allí está la grandeza de la obra de Saunders. Leerlo es estar frente a algo invivible, seguramente de una forma falseada íntegramente, pero de la única forma que tal vez es posible estar cerca de ella.
Lo que le hicieron se lo hicieron muchas veces y se lo hizo mucha gente. Lo que le hicieron no admitía resistencia y no la tuvo, pese a lo cual a veces ella opuso resistencia y eso a veces resultó en que la mandaran a otro sitio lejano y mucho peor, y otras veces en el hecho de que esa resistencia fuera sofocada por medio de la fuerza (puñetazos, rodillazos, golpes con tablones, etc.). Lo que le hicieron se lo hicieron una vez y otra. O bien solamente una vez. Lo que le hicieron no la afectó en absoluto, la afectó mucho, le provocó temblores nerviosos, la incitó a manifestar verbalmente su odio, la llevó a tirarse desde el puente de Cedar Creek y la ha llevado a su actual silencio obstinado.
Eco se refiere en su "Historia de la fealdad" a la célebre imagen de la vivisección del ojo en "Un perro andaluz" de Buñuel calificandola como parte del “gusto anárquico por lo insostenible” del surrealismo. Tal vez insostenible sea una palabra que sirva para orientarse en ese mar de dolores que nos presenta con una compasión sublime la novela de Saunders. Willie que no comprende lo que ocurre. Willie tratando de hablar con su padre. Los muertos del limbo preocupados que ese regalo de tiempo extra que reciben no se vea trastocado por los acontecimientos.
Elijo para escribir estas páginas escuchar una vez más el "Requiem" de Mozart. El "Rex tremendae" parece estar en sintonía.





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