Incertidumbre en las sociedades complejas
En las poblaciones urbanas con posibilidad de acceso a la red de comunicaciones, la información que fluye desde distintos ámbitos culturales del planeta, desborda los sistemas de creencias y valores que propician la identificación social. El resultado es la necesidad, social y particular, de una readecuación a las nuevas escalas valorativas que nacen como producto de ese flujo.
Es preciso reconocer el efecto y el impacto que esto produce en la socialización de las personas cuando es necesario adelantar procesos de resocialización con miras a conciliar los viejos valores tradicionales con las expectativas de una nueva manera de vivir.
Lo planteado es un tema de gran interés entre sociólogos y filósofos; por lo que algunos autores se han detenido a explicar esta situación proporcionando para ello el concepto de Sociedad Compleja en el que se expresan los procesos de diferenciación funcional de las distintas esferas sociales. En ellas se ha producido procesos autonómicos construyendo códigos propios, creciendo y haciéndose, internamente, cada vez más complejos.

Fuente
Luis Fernando Falcó en su escrito El surgimiento de un nuevo sujeto nos explica cómo entiende esta idea de sociedad compleja: cada sistema o subsistema de la sociedad: el político, el económico, el científico, el religioso, el educativo, etc. se desarrolla por sí mismo, sin ningún principio ordenador que dé sentido u orientación, desde fuera, a su devenir.
A la multiplicidad de los sistemas se une una diferenciación creciente de cada uno de ellos acrecentando, de manera inconmensurable, reglas, códigos y alternativas que vuelven la interpretación de la vida cultural mucho más difícil.
De igual forma los códigos que regulan la comunicación al interior de los sistemas sociales se modifican frecuentemente transformando, en la misma medida, las posibilidades de acción de las personas.
Niklas Luhmann revisa también esta complejidad en su artículo Hacia una teoría científica de la sociedad . Él advierte sobre la presencia de la variabilidad como factor para que se produzca un exceso cultural que ve manifestado en la cantidad de cargas de información (ítems, clusters) que los individuos tendrían que manejar para tomar sus decisiones.
Se trata de cúmulos de información que a manera de redes (típicamente los medios masivos e Internet) atraviesan las clases y los estratos socio-económicos. Así que es propio de la complejidad que existan más alternativas de las que pueden efectivamente actualizarse en un momento dado.
Cada subsistema le abre al individuo diferentes posibilidades de pertenencia y diversos cursos de acción. La variabilidad expresada en el exceso de información rebasa la capacidad del sujeto de jerarquizar las opciones que se le presentan, ocasionando formas de desorientación, de perplejidad y de agotamiento que son comunes en el mundo de hoy y que quedan representadas en la dificultad de llenar de significación las experiencias vividas.
De igual manera la velocidad de los cambios implica una variación continua de códigos sociales, de cursos de acción y de posibilidades de nuevas selecciones de acción, que redunda en la aparición de la incertidumbre.
Para atacar la incertidumbre, plantea Falcó, los individuos se ven obligados a reducir los niveles de complejidad de la vida social seleccionando continuamente al interior de cada subsistema de pertenencia; pero este mecanismo de reducción de complejidad se revela insuficiente ya que nuevas selecciones sucederán a las anteriores aumentándose de forma permanente la complejidad. De este modo las decisiones que se toman en la sociedad compleja son válidas sólo para el momento.
Enfocándose en el punto de vista del individuo, en su trayectoria biográfica, el autor separa el funcionamiento estructural de la sociedad compleja, en su carácter general o institucional que caracteriza la vida pública, de los efectos en la vida privada.
Por un lado, en la vida pública, los individuos están sometidos a las reglas internas de los sistemas; aunque desconozcan o estén imposibilitados de participar activamente en el funcionamiento de los códigos sistémicos. Por otra parte, en la vida cotidiana los hombres se sienten libres de esa orientación.
Las instituciones sociales, que en otro tiempo brindaban orientación normativa a la trayectoria cultural en los individuos, brindando modelos y proyectos que orientaron la constitución de la subjetividad social y particular, ceden esta función, en la sociedad compleja, a la conciencia de sí mismo, a la existencia de las propias habilidades como único recurso para hacer frente a las condiciones de vida.
Dice Falcó:
Así que están compelidos estructuralmente a conformarse como individuos: a planificarse, a entenderse, a concebirse, a proyectarse y a asumir las consecuencias biográficas de las determinaciones que tomen. La biografía se torna en una suerte de aventura constante del tipo "hágalo usted mismo y pague permanentemente las consecuencias", obligándose a recomponer incesantemente, no tanto su historia, sino su trayectoria. Estos rasgos estructurales tienen que ver con que los individuos contemporáneos tengan sensibilidades tan afectivizadas; propendiendo a lo epidérmico y al contacto sensible.
Por lo mismo, podría parecer también que cada ciudadano de este planeta interconectado, independientemente del proceso cultural general en el que esté inmerso, enfrenta la posibilidad de construir de manera individualizada, de acuerdo a preferencias particulares y por propia voluntad, una manera de ser- y de estar culturalmente- que sólo obedezca a sus particulares necesidades, omitiendo, en lo posible, las obligaciones hacia la existencia de una identidad cultural que en el pasado le impusieron la lengua, la nacionalidad, la iglesia, las costumbres.
Lo que está planteado es la propia constitución del ser, las formas como nos moldeamos a nosotros mismos, como lo asegura al respecto Celeste Olalquiaga, en su libro Magalópolis, apuntando específicamente hacia la formación de un tipo de sensibilidad vicaria producto de la impresión indirecta de los acontecimientos personales, basada en la imaginería de los medios de comunicación, en perjuicio de la valoración de la sensibilidad directa. Dice Olalquiaga:
La disipación de las referencias tradicionales, constituyen el lugar donde se efectúa la mediación en nuestra forma de seleccionar los insumos culturales, indiferente a las nociones de pertenencia o lealtad a los orígenes. Es allí el punto donde nace la sensibilidad, o sea, la disposición a participar de ciertas prácticas culturales y cuya característica fundamental es que la experiencia se vive indirectamente a través de un catalizador. Dice Olalquiaga:Debido a que toda experiencia está sujeta a la mediación de un modo entrenado de percibir las cosas (a través del poder estructurador del lenguaje en interacción con diversas ideologías sociales) lo que aquí denomino el carácter vicario de la sensibilidad es la impresión indirecta de esos acontecimientos personales que generalmente se piensa que son vividos directamente como las sensaciones físicas, por ejemplo. En la experiencia urbana contemporánea, resulta mas efectivo apelar a los sentimientos, las emociones y la sensaciones a través de la imaginería de los medios de comunicación o los simulacros de la tecnología avanzada, que a través de la exposición directa.
Para la autora, la cultura contemporánea se encuentra atrapada entre la forma referencial y la forma simulada de la experiencia: En la forma referencial el significado de las acciones sociales tiene categorías implícitas y jerarquías que se basan en la tradición, mientras que en la forma simulada la percepción se gesta a través de los medios de comunicación, que descartan toda categoría, sea ésta temporal, geográfica o física.

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En la simulación la percepción privilegia la fragmentación, de forma que el resultado de esta toma de decisión sobre la propia identidad podría ser un sistema individual de creencias que tuviera la apariencia de un collage, donde confluirían, separados de sus sentidos originarios, diversos y hasta contradictorios rasgos culturales expresados en el uso de imágenes, símbolos, discursos y actuaciones, uso que definiría la propia identidad cultural.
Aparentemente el hombre contemporáneo realiza este tipo de apropiaciones culturales y las combina sin prejuicios. Frente a la dificultad de esta manera de vivir y el alejamiento de los mecanismos institucionales, y en algunos casos frente a su descrédito, se forjan espacios sociales donde se busca la posibilidad de encontrarse con otros en el ejercicio de la nueva sensibilidad.
En la complejidad Estamos obligados a encontrar un escape a la desorientación, tratando de concretar una forma nueva de relacionarnos con el mundo.

Fuentes de imagenes intercaladas a la derecha.
Materiales revisados para este post:
Luis Fernando Falcó El surgimiento de un nuevo sujeto: la vida religiosa joven en sociedades complejas, material mimeografiado.
Niklas Luhmann Hacia una teoría científica de la sociedad, Revista Antropos Nº 173-174, 1997
Celeste Olalquiaga Magalópolis 1ª edición. Monte Avila Editores.
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Me parece que en eso andamos, realmente. Buscamos caminos más coherentes. Una identidad más acorde con la simplicidad, aunque parezca contradictorio.
Muy interesante. ¡Buen trabajo, @gracielaacevedo! Resteemed ¡Un cordial saludo!
Saludos @zeleiracordero, gracias por tu comentario; realmente no creo que haya contradicción en la búsqueda de una vida simple, mejor dicho, manejable en la claridad del propio criterio. Tarda mucho la gente en lograr esa perspectiva, agobiada como vive en la complejidad del mundo.
Me encanta encontrarte. Un abrazo.