Historias reales #83: Ensanchar los límites del mundo

Ensanchar los límites del mundo

Cuando creció en aquel pueblito apartado, de dos calles y una plaza, se prometió que cuando fuera grande vería otros lugares, otros paisajes, sin menospreciar aquel donde transcurría su infancia. Con esa idea creció y en ella puso todas sus esperanzas: viajar por el mundo aunque en esa meta se le fuera el alma.
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A la mínima oportunidad, el hombre comenzó su viajar y ligero de equipaje pero con muchas ganas de transitar, iba y venía por los caminos como un pez en el mar. Conoció gente amable, caritativa sin igual, con la que formó lazos de profunda amistad. También conoció espacios y circunstancias que lo llevaron a pensar que el mundo era inmenso, complejo y singular.
Cuando volvió a su pueblo, descubrió que en aquel sitio estaban sus amores, con atardeceres brillantes y amaneceres de colores. Con propiedad dijo que nunca vio un lugar tan lleno de favores, pero que tuvo que viajar y pasar algunos sinsabores para decir con orgullo: mi pueblo es uno de los mejores.
