Sunday's prompt : Bills
Bills are one of those adult things no one ever warned us would be a kind of zero-sum game where we all try to stay in perfect balance.
The truth is that bills often seem to have a life of their own, and without us even noticing, they start appearing and multiplying like mushrooms after the rain.
Maybe for some luckier people, bills are just a bureaucratic formality—signing checks and forgetting about them. But for others, it's a monthly battle to figure out what to pay first and how to pay everything.
I admit that when I had a steady job, paying bills wasn’t a big issue—it was just part of the game of being a grown-up and productive person, as society expects.
But ever since I lost my job a few years ago, bills have become a source of anxiety due to the uncertainty. Bills are also fixed, and they don’t care whether you have a job or not.
Water, electricity, phone, and even internet are fixed costs we can’t escape in a production-oriented world. But when you think about it, at least phone and internet bills aren’t that essential.
Like in the case of Samuel, an elderly man who lives in the coldest corner of the planet, in a Russian federal republic called Yakutia—or something like that—deep in the Siberian region.
He chose to escape the game of “civilization” and bills by living in the wildest nature, without electricity or running water.
He stays alive thanks to the resources nature gives us for free, but of course, there’s a non-monetary cost: the constant labor of gathering firewood for heating and collecting water from the lake near his house, which is frozen most of the time.
Living like that frees us from monthly bills but not from work—and work is something every human does, even without a salary.
Samuel’s life in such a harsh place as Siberia made me think that if we really wanted to, we could all free ourselves from bills and live a fuller life with fewer worries.
But that takes a lot of determination—and a place far enough from the authorities, because nowadays governments claim ownership of all resources. And surely, going into the forest to cut wood without owning the land could get us into legal trouble.
That’s if you’re poor—because if you have money, you have something very close to impunity, with a few traits of bribery.
That’s why escaping a life of bills isn’t as simple as one might think, because “civilization” has condemned us to them. Capital always demands returns, and even though much of what we need—like water or air—is free, we also need other things we can’t produce ourselves.
So this monthly battle against bills is probably one I’ll only be freed from the day I die—which, ironically, will be the first day I’m truly free in life.
It’s paradoxical how humans traded freedom for comfort, without realizing how expensive that comfort is—and how, one day, you might find yourself in a bad financial situation, unable to pay your bills, and comfort will slip through your fingers with nothing you can do to stop it.
But that’s “modern” life, and that’s the price we pay—among many others we often overlook, but which are mandatory.
As for me, since I started my small business—meaning I don’t have a fixed income—paying bills has become a kind of torment that reminds me every month that I must pay them, even when sales are low and barely enough to cover food.
But well, it’s something I have to deal with like any adult. Still, I wish someone had warned me about this when I was younger and didn’t think about these aspects of life. Maybe then I would’ve made different choices and ended up among those people who see bills as a mere formality, handled without a second thought.
Las cuentas son una de las cosas de adultos que nadie nos avisó jamás que serían una especie de juego de suma cero en la que todos tratamos de estar en perfecto equilibrio.
Lo cierto es que muchas veces las cuentas parecen tener vida propia y sin a veces darnos cuentas van apareciendo y multiplicandose como hongos después de la lluvia.
Tal vez para otras personas más afortunadas las cuentas sean un simple trámite burocrático de firmar cheques y luego olvidarse del tema, pero para otros es una batalla de todos los meses el tener que calcular qué pagar primero y cómo pagar todas las cuentas.
Reconozco que cuando tenía un trabajo fijo no tenía mayor problema para pagar las cuentas, era una parte establecida de ese juego de ser una persona mayor y productiva como lo espera la sociedad.
Pero desde que hace unos años me quedé sin trabajo, se volvieron un tema que genera preocupación por la incertidumbre. Las cuentas también son algo fijas y no les importa si tienes trabajo o no.
Agua, electricidad, teléfono y hasta internet son cuentas fijas de las que no podemos escapar en un mundo orientado a la producción. Pero cuando lo piensas bien, al menos las facturas de telefonía e internet no son tan importantes.
Como en el caso de Samuel, un anciano que vive en el rincón más frío del planeta, un país federado a Rusia llamado Yacutia, o algo por el estilo, en plena región siberiana.
Él decidió escapar del juego de la "civilización" y de las facturas al vivir en la naturaleza más indómita sin electricidad o agua corriente.
Él se mantiene vivo gracias a los recursos que gratuitamente nos da la naturaleza, pero eso sí, tiene un precio no monetario, y es el trabajo constante para conseguir leña para la calefacción y recoger agua del lago cerca de su casa, el cual la mayor parte del tiempo está congelado.
Vivir así nos exime de las facturas mensuales pero no del trabajo, pero el trabajo es algo que todo ser humano realiza aunque no tenga un salario.
La vida de Samuel, en un lugar tan duro como Siberia me hizo pensar que si quisiéramos podríamos todos liberarnos de las facturas y vivir una vida más plena y con menos preocupaciones.
Pero para eso se requiere mucha determinación, y un lugar lo bastante alejado de las autoridades porque en estos días, los gobiernos se apropian de todos los recursos, y de seguro, ir al bosque a cortar leña si no somos dueños de la propiedad podría meternos en algún que otro lío legal.
Eso cuando somos pobres, porque si tienes dinero, tienes algo muy parecido a la impunidad, con ciertas características de soborno.
Por eso, escapar de una vida de facturas no es tan sencillo como uno podría pensar, porque la "civilización" nos ha condenado a ellas. Porque el capital siempre exige retornos, y aunque mucho de lo que necesitamos está libre de costos como el agua o el aire, también necesitamos otras cosas que no somos capaces de producir por nosotros mismos.
Así que esta batalla mensual contra las cuentas es una de las que posiblemente solo me libraré el día que muera, que curiosamente será el día que sea realmente libre por primera vez en la vida.
Es paradójico como el sur humano cambió la libertad por comodidad, sin saber lo caro que ésta resulta, y que el día menos pensado, puedes terminar en una mala situación económica y no tener para pagar tus facturas, con lo cual la comodidad se escapará de tus manos sin que puedas hacer algo por remediarlo.
Pero es la vida "moderna" y el precio a pagar es ese, entre otros muchos que a veces no tomamos en cuenta. Pero que son obligatorios.
Por mi parte, desde que tengo mi peque9ño negocio, es decir, no tengo una entrada fija de dinero, el pagar facturas se ha vuelto una especie de tormento que cada mes me recuerda que debo pagar facturas incluso cuando las ventas son bajas y solo alcancearsn para la comida.
Pero bueno, es algo que como todo adulto debo resolver, pero me hubiera gustado que me lo advirtieran antes cuando era más joven y no pensaba en estos aspectos de la vida. Tal vez así hubiera tomado decisiones diferentes y estaría entre ese grupo de personas que consideran las facturas como un mero trámite que se hace sin siquiera preocuparse.
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