De paseo por playa patilla-Edo. Sucre✨🌊 y un hermoso atardecer en Río Caribe
De vez en cuando, el cuerpo y el alma nos piden un escape, y este paseo fue justamente eso: una dosis necesaria de sol, familia y buenas vibras en la costa.
Decidimos ir a dar una vuelta por Playa Patilla. Chamos, de pana que ese día la playa estaba "hasta las metras" como decimos nosotros. No cabía ni un alfiler en la arena. A pesar de que yo suelo preferir las playas más tranquilas para relajarme, el ambiente festivo te contagiaba. Había mucha música sonando, gente compartiendo en familia bajo las toldas y ese olorcito a pescado frito que te abre el apetito de inmediato.
Pero lo que de verdad nos dejó locos fue encontrarnos con algo súper inusual en plena arena. Resulta que estaban haciendo un campeonato de boxeo infantil. Sí, así como lo leen. Habían armado un ring provisional cerca de la orilla y los carajitos estaban ahí, con sus guantes y cascos, dándolo todo. Era burda de tierno y a la vez impresionante ver la dedicación de esos pequeños deportistas en ese escenario natural. Pasamos un buen rato viendo las peleas y apoyando a los participantes.

Y hablando de ternura 😂♥️, el protagonista de la jornada fue mi primito más pequeño. Él estaba súper emocionado con el paseo, correteando por todos lados intentando mojar los pies en la orilla. Para protegerse del sol inclemente que nos pega en oriente, lució un sombrero oriental bellísimo. Ustedes saben que estos sombreros son muy típicos de nuestra zona oriental y de pana que le quedaba increíble.
Se veía súper cute, correteando por la arena con su sombrerito puesto mientras intentaba imitar los movimientos de los boxeadores infantiles. Fue la atracción de la familia ese día y no podíamos parar de tomarle fotos.

Pasamos toda la tarde disfrutando de Playa Patilla, bañándonos en el mar que, a pesar de la gente, estaba muy sabroso. Cuando el sol empezó a bajar, recogimos nuestras cosas para emprender el camino de regreso. De vuelta a casa, decidimos dar una vuelta por Río Caribe. Y chamos, qué bendición fue esa decisión.
Río Caribe es un pueblo pesquero con un encanto único, pero lo que vivimos ese día fue de otro mundo. Nos cautivó un atardecer precioso que nos obligó a pararnos a un lado de la vía. El cielo se puso de unos tonos naranja intenso, lila y rosa que se reflejaban perfectamente en el agua mansa de la costa. Ver la puesta del sol fue un momento de paz total después de todo el bullicio de la tarde. Contemplar cómo el sol gigante se iba ocultando detrás del horizonte marino fue el broche de oro para un día de familia inolvidable por nuestro Sucre querido. Me sentí súper afortunada de poder presenciar semejante espectáculo natural.

Saludos y bendiciones para todos💗💗💗

