The Diary game 02/01/2026 -DÍA DE PLAYA RN FAMILIA🌊✨-

Salimos tarde, tipo 4:00 pm, pero fue justo lo que necesitábamos. Llegar a Playa Patilla a esa hora habia menos gente, luz suave y el mar con una vibra perfecta para desconectar. Íbamos en familia, con la neverita, las toallas medio dobladas y la emoción de los peques. Y sí, llevamos a Teffy, la perrita de mi prima.
La primera media hora fue la clásica: acomodar todo, buscar la sombra perfecta y repartir las tareas tontas que siempre aparecen alguien cuida las cosas, alguien arma la sombrilla, otro va por las bebidas jajaja trabajo en equipo. Los niños no esperaron ni un segundo: corrieron directo a la orilla y se lanzaron a chapotear. Teffy al principio andaba oliendo todo, medio tímida, pero en menos de nada ya estaba corriendo detrás de una pelota y pegada a los peques como si fuera parte del equipo. Verla perseguir las olas pequeñas y sacudirse la arena fue de lo más tierno del día.

Hubo quienes se quedaron en la orilla metiendo solo los pies (mis tías) otros se tiraron a nadar y los más aventureros se fueron un poco más lejos a sumergirse🙈
Teffy se ganó el corazón de todos. Los niños la cuidaban como si fuera suya: le daban agua, le ofrecían trocitos de fruta y la protegían de las olas más grandes. Le hicimos una mini sesión de fotos improvisada porque no podíamos con lo linda que se veía con la bandana al viento. En un momento hasta se echó en la sombra de la sombrilla y se quedó dormidita con la cabeza sobre una toalla; la imagen era tan dulce que todos nos quedamos en silencio para no despertarla.
La tarde se fue lenta y bonita; nadie tenía prisa por volver a la rutina. Entre chapuzones y conversaciones, surgieron planes improvisados para el año: viajes, metas pequeñas y promesas de vernos más seguido. Hubo anécdotas viejas que nos hicieron reír a carcajadas; esas historias que siempre vuelven y que nunca pierden la gracia. También hubo silencio cómodo: momentos en los que solo escuchabas el mar y las voces lejanas, y eso se agradece.

Cuando el sol empezó a bajar, la playa cambió de color. La luz se puso dorada y todo se veía más bonito sin esfuerzo. Nos sentamos en la arena con unas mantas, sacamos más comida y nos acomodamos para ver el atardecer. Los niños, ya más tranquilos, se dedicaron a construir castillitos y a coleccionar conchas; Teffy se quedó cerca, olfateando y mirando el horizonte como si también disfrutara el show. Saqué el teléfono y grabé un timelapse porque sabía que iba a querer verlo después; el cielo se pintó de naranja, rosa y violeta y fue uno de esos momentos que te dejan sin palabras.
A las 7:30 pm ya estábamos recogiendo. Guardamos las toallas, recogimos la basura (siempre importante) y nos despedimos de la playa con la promesa de volver pronto. En el carro, el ambiente era de cansancio feliz; algunos se quedaron dormidos, otros seguían comentando sus partes favoritas del día. Teffy, rendida, se acomodó en el asiento y se quedó dormida también, con la bandana un poco arrugada pero la cara de quien tuvo el mejor día.

Me quedo con la sensación de que no hace falta mucho para pasarla bien: buena compañía, mar, comida sencilla y un atardecer que te recuerda que empezar el año así vale la pena. Si buscas un plan corto y con buena vibra, ir a la tarde a Playa Patilla es un sí rotundo y si puedes llevar a Teffy (o a cualquier peludito de la familia), la experiencia sube de nivel.

Saludos y bendiciones para todos💗💗💗

