The Diary game 12/01/26 -Acompañando a mi tía a su sesión de quimioterapia 🎀🩷-

Llegamos a las 7:00 a.m. en punto. A esa hora el hospital tiene una vibra súper particular; hay gente moviéndose de un lado a otro, ese olor a desinfectante que se te pega a la ropa y un fresquito de la mañana que, con la gripe que cargaba, no me estaba ayudando mucho. Estábamos allí, puntuales, esperando que el reloj avanzara, ya me estaba dando ansiedad porque nada que llegaba el equipo de enfermería de oncología 😕😕
Aunque llegamos temprano, la coda de verdad no empezó sino hasta las 8:00 a.m. Ese tiempo entre las 7 y las 8 fue puro "alistamiento" y espera que desespera 🫢😂. El personal estaba preparando los equipos, organizando los medicamentos y dejando todo listo en la sala de quimioterapia. Esos minutos son raros porque uno trata de hacer chistes o hablar con el paciente de quimio de cualquier tontería para no pensar en lo que viene, pero los nervios siempre están ahí, como un ruido de fondo.

Cuando finalmente se llevaron a mi tía para empezar, me quedé sola en el pasillo. Si ven las fotos que comparto, el hospital estaba súper decorado con motivos del mes rosa. Había carteleras sobre el cáncer de mama, lazos y hasta una corona navideña-rosa en la puerta. Ver esos mensajes de "lucha" y "prevención" te hace pensar mucho. Te recuerda que, aunque uno sienta que su mundo se detiene, hay muchísima gente ahí afuera librando la misma batalla.
La espera fue... eterna. Literalmente. Me senté afuera a esperar pacientemente, pero les confieso que por dentro era un torbellino. Me la pasé rezando, pidiéndole a Dios que todo fluyera, que los medicamentos hicieran su trabajo y, sobre todo, que mi tía no tuviera ninguna reacción fea. Cada vez que la puerta se abría, yo saltaba. Es una ansiedad que no se explica hasta que te toca estar ahí sentada en esas sillas de metal.

Para completar el cuadro, mi cuerpo decidió que ayer era el mejor día para que me diera un bajón por la gripe. Tenía malestar general, la nariz tapada y sentía que la cabeza me pesaba toneladas. Estar enferma y tener que estar fuerte para alguien más es un reto nivel experto. Además, el hambre empezó a atacar fuerte. Como salimos volando de casa, no desayunamos nada pesado, y ya a media mañana mi estómago parecía una orquesta.
Finalmente, a la 1:30 p.m., la sesión terminó. Fueron más de cinco horas de espera que sentí como si hubieran sido días. Cuando vi salir a mi tía, sentí que por fin podía respirar profundo. Salió algo cansada, que es lo normal después de un tratamiento tan fuerte, pero lo que más me impresiona de ella es su ánimo. Salió con una sonrisa, con ganas de seguir adelante, y eso a mí me dio el empujón que me faltaba.
Yo, por otro lado, salí del hospital sintiéndome como si me hubiera pasado un camión por encima. Entre el hambre voraz que cargaba y el malestar de la gripe, sentía que me iba a desmayar, pero verla a ella bien hizo que todo valiera la pena.
A veces nos quejamos por tonterías, pero estar en esos pasillos te aterriza de golpe. Te enseña que la salud es lo más valioso que tenemos y que la familia es el soporte que nos mantiene de pie cuando sentimos que ya no podemos más. Ayer fue un día duro, sí, pero también fue un día de victoria porque logramos una sesión más. Ahora me toca recuperarme de esta gripe y seguir dándole ánimos a mi guerrera favorita. ¡Gracias por leerme y por sus buenas vibras siempre!

Saludos y bendiciones para todos💗💗💗

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