Buscando sandías
Hoy fue un día triste para mi madre y para mí. En este día soleado y caluroso, nos sentimos un poco decepcionadas. Sin embargo, también estábamos agradecidas por la ayuda de Dios, que hizo nuestras vidas más llevaderas. Comenzamos la mañana yendo a los arrozales como de costumbre.
Esta mañana me desperté muy temprano y sentí que mi pierna derecha ya se había recuperado del dolor de ayer. Al llegar a los arrozales, al principio todavía me dolía la pierna, pero poco a poco empezó a mejorar, lo que me animó aún más. También volvimos temprano a casa porque queríamos comprar sandías directamente de la granja.
Después de lavarnos en el pequeño canal de riego junto a los arrozales, nos dirigimos directamente a casa. Tras refrescarnos, fuimos a la granja de sandías a comprarlas, como habíamos quedado unos días antes. Al llegar, la persona que nos las vendió ya se las había vendido a otra persona, lo que casi nos desanimó.
Sin embargo, resultó que aún quedaban algunas sandías en su huerto, lo cual nos tranquilizó. Inmediatamente le pedimos que las recogiera esta tarde para que tuviera tiempo. Así que decidí irme a casa. Después de almorzar y rezar la oración del mediodía, salí para seguir disfrutando de la compañía de mis amigos mientras trabajaba.
Una valiosa lección que aprendí hoy es que debo aprender a controlar mis emociones ante los diversos problemas repentinos e impredecibles de la vida. Al lograr controlar mis emociones de esta manera, mi vida puede mejorar y siempre hay una solución para cada problema.
Esta es la historia que puedo compartir con mis amigos hoy. Gracias a quienes leyeron mi publicación.

Una gran bendición m a mí me encanta esta fruta, su textura, lo dulce y lo refrescante que es. Cuando compramos patilla en casa, yo me la como casi toda jajaja. A cada rato corto un trozo una comer.