¿Diversión o Depredación? El costo invisible de los excesos en nuestras costas
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Venezuela es un país bendecido con tesoros naturales inigualables, pero este asueto de Carnaval nos ha dejado una imagen agridulce. Mientras miles de venezolanos salieron a disfrutar de nuestras costas, el Parque Nacional Morrocoy, específicamente la zona de Los Juanes se convirtió una vez más en el epicentro de un debate necesario:
¿Dónde termina nuestro derecho a la diversión y dónde empieza nuestra responsabilidad con el planeta?
Muchos defienden el caos bajo la premisa de que "tienen derecho a pasarla bien". Sin embargo, la libertad individual no puede estar por encima del patrimonio colectivo. Lo que hemos visto en estos días no es recreación, es una agresión sistemática al ecosistema:
- El uso indiscriminado de espumas, aerosoles y el vertido de combustibles y aceites desde los yates alteran la química de nuestras aguas cristalinas.
- La competencia de decibelios entre embarcaciones desorienta a la fauna marina y rompe la paz que debería caracterizar a un Parque Nacional.
- Desde plásticos de un solo uso hasta desechos orgánicos lanzados directamente al mar, convirtiendo un santuario en un vertedero flotante.
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Lo que muchos ven como una "diversión inofensiva" tiene consecuencias biológicas catastróficas. La contaminación en estos ecosistemas de coral y manglar genera daños que la naturaleza no puede reparar fácilmente:
Impacto Químico: Los aerosoles y espumas alteran el pH del agua y reducen los niveles de oxígeno, asfixiando la vida marina.
Toxicidad por Hidrocarburos: El vertido de aceites y combustibles desde los yates crea una película que impide la fotosíntesis de los pastos marinos.
Contaminación Sónica: El ruido excesivo de motores y plantas eléctricas desorienta a la fauna local y rompe el equilibrio del santuario natural.
La reconocida periodista Valentina Quintero ha levantado su voz con contundencia, denunciando la desidia y llamando a las autoridades a ejercer el control que la ley exige. Su crítica apunta a esa morbosidad del exceso: yates que funcionan como discotecas ambulantes sin ningún tipo de conciencia ambiental.
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Es doloroso ver cómo la búsqueda de estatus o el simple hedonismo ciega a ciudadanos que, teniendo los recursos para proteger estos espacios, prefieren ser parte del problema.
Si bien la reciente detención de estos tres ciudadanos representa un paso necesario, la acción legal por sí sola no es suficiente. Es imperativo que las autoridades apliquen con rigurosidad y constancia las leyes vigentes para la protección de los Parques Nacionales, garantizando que este tipo de sanciones no sean excepciones de temporada, sino una política permanente de preservación.
Sin embargo, el cambio real no depende únicamente de la vigilancia. Como sociedad, debemos asumir una verdadera conciencia ambiental y comprender que el privilegio de disfrutar de nuestros tesoros naturales conlleva la obligación innegable de cuidarlos. El respeto a la biodiversidad es el único camino para asegurar que nuestras joyas ecológicas, hoy maltratadas por el exceso y la desidia, puedan ser heredadas por las futuras generaciones.
No es un tema de clase social, es un tema de educación. La marginalidad no está en el bolsillo, sino en la falta de respeto hacia lo que nos pertenece a todos.




Como dicen de muchas cosas la noticia que esta en el tapete es esta.....
Y yo me pregunto uno va a la playa a relajarse, nadar en el mar, y viendo esa multitud de personas tan juntas todos parados, que se puede disfrutar, nada o muy poco.
Entre esa gente no podrian estar digamos una familia de pádres e hijos estos pequeños con esa gente tan grande donde el uso excesivo del alchohol, lleva despues a otras cosas.
Y lo que se dice tambien en redes sobre si Valentina fuera la Ministro de Turismo, seria una maravilla, porque sabe mucho de nuestro pais, podria crear tour economicos para muchos, asi como yo.