Las consecuencias de dañar a otros son muy graves.
La mayor injusticia en este mundo es dañar a los demás. Si intentamos dañarlos, las consecuencias de ese daño recaen sobre nosotros. Pensamos que quienes nos rodean están mejor en la sociedad que nosotros y que están mejorando sus vidas. Para que no puedan mejorar sus propias vidas, intentamos dañar a los demás en diversas ocasiones. Adoptamos diversas maneras de hacerles daño.
Pero llega un momento en que, cuando una persona intenta dañar a otros, el miedo a ese daño recae sobre ella. Porque en este mundo, nadie puede dañar a nadie. Si el Creador intenta dañar a alguien, es natural. El Creador puede hacer todo si quiere. Sin embargo, es imposible que un siervo dañe a otro siervo de ninguna manera.
E incluso si intentamos dañar a alguien en la sociedad y podemos hacerlo, tiene consecuencias terribles. Por lo tanto, si queremos evitar esta terrible consecuencia, debemos distanciarnos de dañar a los demás. Nunca podemos intentar dañar a otros; este pensamiento no puede alimentarse en el cerebro.
Sirvamos a los demás como seres humanos y cuidemos el lado bueno de los demás. La vida humana solo será exitosa cuando una persona beneficie a otra. Para que la vida humana sea exitosa, debemos beneficiar a los demás; en esta vida humana no se puede hacer daño.
Así que busquemos nuestro propio bien, así como el de los demás. Disfrutemos todos de una vida hermosa juntos, olvidando los celos y el odio.
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