¿Destruye la autenticidad de la obra a través de la banalidad digital? Aquí hay una pregunta polemica más larga: **¿El arte digital democratiza la creatividad o perpetúa la fragmentación del talento?**

Destruye la Autenticidad de la Obra a Través de la Baladanza Digital

La proliferación de las plataformas digitales ha traído consigo una transformación radical en la creación y el consumo de la obra, pero esta transformación también plantea una amenaza subyacente: la banalización digital.. El concepto de banalidad, acuñado por Hannah Arendt, se refiere a la objetivación de la obra a través de la repetición, la falta de originalidad y la uniformidad de la producción. En la era digital, esta amenaza se agrava, donde la facilidad de replicación y la influencia masiva de las tendencias generadas por algoritmos pueden erosionar la autenticidad de la obra.

La banalidad digital no se trata simplemente de producir contenido repetitivo. Se manifiesta en la omisión de matices, la simplificación de ideas y la homogeneización estética. La facilidad con la que se pueden producir obras, impulsadas por herramientas de edición, diseño y automatización, desincentiva la experimentación, la innovación y la búsqueda de un único estilo distintivo. El arte, tradicionalmente concebido como una expresión de la individualidad y la humanidad, se ve, en este contexto, como más fácilmente replicable, contaminado y, por ende, menos significativo.

El algoritmo, a diferencia de la influencia humana, está diseñado para mostrar a los usuarios contenido que les parece relevante. Esto significa que la obra se ve expuesta a un público mucho más amplio, de manera que la singularidad original se diluye. La comparación inmediata con miles de obras similares, impulsada por la viralidad, impide que una sola obra brille con un valor individual.

La facilidad con la que las obras se pueden copiar, modificar y distorsionar, facilitada por la facilidad de la edición digital, hace que el valor de la obra sea más susceptible de ser manipulado por terceros. Las obras, aunque técnicamente se originaron de la idea del artista, pueden ser fácilmente replicadas y, por lo tanto, pueden perder la originalidad.

El resultado es un paisaje de obras uniformes, que dificultan la identificación de las contribuciones únicas y perdidas del artista original. Se convierte en una era de "imitación perfecta", donde la autenticidad se ve obstaculizada por la abundancia de replicaciones y la falta de la experiencia de la creación original.

La legitimidad artística se ve comprometida si la creación se reduce a una simple o reproducción, una imitación. El valor de la obra no reside únicamente en su contenido creativo, sino en la singularidad de su expresión, una esencia que, en el panorama digital, se vuelve cada vez más difícil de recuperar

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El arte es de lo mejor que hay, es la forma de demostrar todo el poder que uno tiene