La solidaridad del venezolano
Como ya es sabido en todo el mundo, dos terremotos seguidos sacudieron las entrañas de nuestro país, Venezuela, afectando gravemente, sobre todo, la zona central de su territorio. Desde el primer momento, se pudo constatar que son innumerables las edificaciones que colapsaron, así como la gran cantidad de personas heridas, fallecidas y atrapadas entre los escombros; se trata de una desesperante realidad que nadie quisiera pasar por ella, sin embargo, ocurrió y no existe más alternativa que enfrentarla con el fin de intentar socorrer a todos los que han sido víctimas de tan amargos eventos, de prestarles nuestra ayuda y solidaridad a esos hermanos que hoy sufren inimaginables penas.
Quienes nos encontramos alejados de los lugares donde son más graves las consecuencias de los intensos sismos observamos, con inquieta y desoladora angustia, a través de las redes sociales y de otros medios de comunicación, cómo las personas que se encuentran cerca de la tragedia realizan, desde el primer momento, supremos esfuerzos para rescatar a los que se quedaron aprisionados, a los que requieren atención médica, a los que necesitan ser trasladados hasta cualquier centro de salud, a los que buscan desesperados a sus familiares y para atender, en general, a todo cuanto surge de esta imprevista crisis que vino a sumársele a la que ya padecemos desde hace más de dos décadas. Esos héroes que se enfrentan a la catástrofe no cuentan con instrumentos ni recursos para realizar la noble y urgente tarea de auxiliar al prójimo, pero su voluntad, su ingenio y su sensibilidad humana han emergido para aplicar providenciales soluciones; mientras tanto, esperan con remarcada fe que lleguen los rescatistas especializados, ya sean nacionales o internacionales.
El país entero, por supuesto, no podía ser de otra manera, se solidarizó de inmediato con los connacionales afectados por los terremotos. En el estado Anzoátegui, por ejemplo, que es la entidad en que resido, se creó una significativa cantidad de centros de acopio, con el fin de recolectar alimentos, ropa, productos para la higiene, medicamentos, calzados y todo cuanto sea necesario para socorrer a los afectados. Hoy visité uno de esos centros, en el sector Playa Mansa en Lechería, y constaté con esperanzador orgullo que un sinfín de personas, tanto a pie como en automóvil, acude a consignar su aporte para que luego sea enviado a quienes lo necesitan.
Durante todo el tiempo que estuve allí, el intenso flujo de colaboradores nunca disminuyó, se mantuvo constante. Y fue muy grato, por otra parte, observar que toda la logística y la organización de ese punto de recolección se encuentra a cargo de gente muy joven, de muchachos preocupados por esta grave contingencia, que ponen a disposición su efervescente espíritu de solidaria voluntad para servirle, con la mejor de las actitudes, a su país en estos aciagos momentos. La tragedia nos entristece el alma, nos llena de angustia por todos esos hermanos que hoy sufren las consecuencias de los sacudones de la tierra, pero al mismo tiempo, la solidaridad de nuestra gente y la dinámica conciencia de la juventud fortalecen las esperanzas por un país mejor.
Nota: Todas las imágenes pertenecen al autor y fueron tomadas con la cámara del teléfono móvil, modelo: Samsung SM-A135M.




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