Vagabundo
Hola a todos.
Este es otro microcuento.
Voten si quieren. Comenten si quieren.
Vagabundo
Crecí en una casa enorme que lo tenía todo. Aislamiento del frío, protección contra el calor. Seguridad, privacidad.
Una tarde, poco antes del atardecer, me escapé por la ventana usando la enramada como escalera. Tenía catorce años. Duré apenas dos horas en fuga. Mi tía me golpeó con su abanico hasta que se hartó y me ordenó irme a mi cuarto.
Dos años más tarde, hui de nuevo. Tampoco llegué más lejos.
Cuando me gradué de la universidad hice otro intento que, por suerte, funcionó. Conseguí un trabajo y me alejé todo lo que pude del mundo regido por mi tía.
Mantuve una distancia física y emocional de la gente con la que crecí. Mis primos, siendo sólo uno de ellos hijo de mi tía Helena, eran compañeros de juegos, de clases, un relleno que hacía que la casa se sintiera menos vacía y el eco no ocupara su lugar.
Algo muy curioso es que me sentía ajeno entre las paredes de esa casa y seguí sintiendo esa extraña sensación con las personas con las que encontraba en la calle y en el trabajo, aunque con ellos no dolía tanto. Creo que la idea de la conexión consanguínea es la causante de todo esto.
Nunca me sentí a gusto en algún lugar definido. No me esforcé en comprar una casa, crear conexiones importantes con otras personas.
Los espacios públicos y rentados son impersonales. Apenas me provoca darles mi toque personal. No, escupir y orinar en las esquinas o tirar la ropa sucia en cada cuarto no cuenta como decoración.
Las dos primeras décadas de mi vida se sienten distantes.


