The Diary Game| Estos quince días
Caracas, Venezuela. es la tarde noche del 8 de julio de 2026.
Estoy escuchando la radio. A eso de las 6 de la tarde la programación musical de esta emisora "adulto joven" cambió drásticamente. Se acaban de cumplir quince días del doble terremoto y se da por cumplido el decreto de duelo nacional, un formalismo para el sentimiento nacional.
Aquel día era 24 de junio, festivo nacional por la Batalla de Carabobo y Día de San Juan El Bautista. Armaba unas publicaciones en mi celular tendida en un mueble de la sala, mientras mi hija jugaba en el otro con su celular cuando sentí que el mueble se movía por lo que le dije que estaba temblando.
Había que protegerse y tomar algunas cosas en cuanto se detuviera el movimiento para salir de casa.
Era un intenso ir de un lado a otro. Mi niña gritaba. Yo le cuestionaba por ello.
Unos libros obstruían la puerta, los aparté lo suficiente para salir mientras escuchaba los gritos de los vecinos llamando a amigos y familiares. Al salir recibimos la llovizna de una tubería rota. Del piso uno a la salida no tomó mucho tiempo. La gente salía desesperada pero en orden, gracias a Dios.
Comencé a llamar a mi familia. Todos los vecinos y sus mascotas estaban allí. Mi hermana fue la última en bajar.
Fue un poco después, cuando escribí al grupo de WhatsApp de Venezolanos Steem para decir que me encontraba bien cuando mis compañeras, que en su mayoría se encuentran en el oriente del país, comenzaron a hablarme de grandes afectaciones en Chacao y Altamira, a unos pocos minutos de mi ubicación, y de una gran tragedia en La Guaira.
Poco a poco pude lograr contactar o ver los estados de algunos familiares y amigos para saber cómo se encontraban.
Un par de horas después de los sismos tuve que subir a casa para ir al baño. Recogimos unas cosas más, como cobijas y agua, algo para entretener a mi hija. Nada funcionó mejor que la cría de gato de unas vecinas.
A eso de la medianoche algunos vecinos habían buscado a dónde ir, otros regresaban a sus apartamentos. Entre los vecinos del piso recogimos los, gracias a Dios, pocos escombros del pasillo.
Entré a casa y esta vez inspeccioné el estado de las paredes evidenciando unas cuantas grietas y caída de baldosas.
Sería la una de la madrugada cuando mi hija dice que está temblando. Pensé que estaba confundida o nerviosa pero escuché a los perros ladrar y los vecinos por el pasillo.
De nuevo a la avenida y a la casa hasta que decidí seguir afuera con algunos vecinos hasta que amaneció, como cientos de personas de otros edificios.
Dormimos un poco y fuimos a comprar algunas cosas. Los compañeros de Steemit en Caracas también reportaron que estaban todos bien, gracias a Dios.
Apenas almorzamos comenzó de nuevo la dinámica de bajar y permanecer en la avenida.
Había muchos buenos samaritanos repartiendo comida a quienes permanecían fuera de las edificaciones.
Esa tarde le tomamos la palabra a mi papá, quien nos vino a buscar para irnos a su casa. Tomamos un par de mudas de ropa y lo elemental. Mi hija recogió sus valiosas posesiones, es decir sus cosas de dibujo y los peluches que pudo.
Se acabó el subir y bajar y comenzó el no saber qué hacer, la intoxicación de las redes sociales, más las fake news en los grupos de WhatsApp, lo de siempre en todas partes; pero también milagros, solidaridad y valiosas reflexiones.
Es inevitable preguntarse por qué a los venezolanos nos ha tocado pasar por tanto, pero igual no sirve de nada. Lo importante será qué hacer con ello.
En cierto punto lograba ponerle nombre a mis emociones y en cierto punto entre tanta réplica quise ser indiferente a los avisos del detector de sismos. Nada fácil.
Mi familia materna me dio la oportunidad de sentirme un poco útil ayudando con las colaboraciones que organizaron a través de su grupo religioso.
Y dando gracias a Dios celebramos la vida del cumpleañero de fin de mes.
No he tenido mucha capacidad de concentrarme para leer ni escribir. Esto lo escribo con una sensación extraña. De algo servirá poner esta experiencia en palabras.
Reconozco un sentimiento de no poder creer lo que pasó, cómo todo cambia de un momento a otro y a la vez comprobar que el planeta se autorregula y no hay nada que podamos hacer, pero por encima de todo el agradecimiento por estar en la posición de contarlo y abrazar a los nuestros.
Cada mareo o sensación de que la mesa se mueve ha sido desde entonces una nueva alarma. Alguna vez fue una réplica más intensa que las demás.
Y en medio de todo ha vuelto a llover.
Un intento de volver a casa fue fallido, simplemente no se sentía bien. Solo constaté que todo seguía en su lugar.
Hasta que ayer volví de nuevo, esta vez más decidida. Viajamos en metro. Todo bien.
Se siente extraño estar en casa con algunas paredes agrietadas y unos cuantos pisos sobre tu cabeza después de sentirte más seguro entre los tuyos y al ras de la calle. Estoy acostumbrándome a estar de nuevo en casa, a la espera de una inspección oficial que aconseje qué hacer ante los daños, y aunque no fue fácil, anoche logré dormir lo suficiente.
8 jul 2026
Todas las imágenes son de mi autoría, captadas con un teléfono celular Tecno Spark exclusivamente para esta publicación














Días difíciles y un diario lleno de experiencias difíciles de olvidar. Luego, días de incertidumbre, reflexión, pena e impotencia también días de dar gracias a Dios.
Habla mucho con tu hija, preparen planes de contingencia que le sirvan a ella en un futuro tendemos a olvidar y la historia lamentablemente se repite cada cierto tiempo. Un abrazo 🫂
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Your diary is truly heartfelt and emotional. Thank God you and your family are safe. Reading your experience reminds us how unpredictable life can be and how important faith, family, and solidarity are during difficult times. Wishing you peace, strength, and a complete return to normal life. Stay safe and God bless you. 💙
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Me alegra saber que se encuentra bien tras los terremotos, es tan triste el hecho de que se hayan perdido miles de vidas y sueños en solo minutos... Fue horrible el susto que provocó la falsa alerta de tsunami, pero gracias a Dios no pasó nada, sin embargo las replicas me tenían pensando "hasta cuándo"🫠 Ser venezolano no es fácil, pero es hermoso ver cómo nuestro propio pueblo se esfuerza por salir adelante, inclusive aquí en la isla se armaron muchos centros de acopio, incluída la institución en dónde estudio, eso me hace sentirme tan orgullosa de ser Venezolana, poco a poco nos recuperaremos, será lento pero lo haremos🫂🫂
Que acontecimientos más difíciles, afortunadamente muchas más edificaciones resistieron que las que colapsaron, aún así es lamentable la cantidad de personas que perdieron la vida y quienes perdieron todo lo que tenía.
Espero que las ayudas lleguen a quienes lo necesiten. Un abrazo 🫂
Me estremecí emocionalmente leyendo tu diario. Comprendo tus sentimientos y sé que pasará mucho tiempo hasta que vuelvas a sentir confianza de estar en tu apartamento.
En efecto, las réplicas han seguido y van a seguir, según algunos expertos. Deseo que no sean fuertes. Y con respecto a las redes sociales, te cuento que he aplicado la técnica del avestruz: Meto mi cabeza en el pecho y no veo nada a mi alrededor, porque existe un "sadismo colectivo" que nos está enfermando a todos de los nervios. Un abrazo para Sofi y para el papá de ella.
Que Dios nos cuide.
Hola amiga, me alegra mucho que estés bien. Muchas cosas que relataste me causaron emociones encontradas. Es díficil la situación de los afectados directamente, pero incluso siendo "afortunados" no es algo fácil de sobrellevar, seguir una rutina, estar tranquilos... Pero realmente te acompaño en estas emociones encontradas. Me gustaría seguir leyéndote aunque pienses que no tengas mucho que decir.
Un abrazo.