El instante crucial

in Venezolanos Steemyesterday (edited)

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Siete años atrás, pensó Josephine en ese instante crucial, en esos mismos parajes desérticos debió desaparecer su esposo, John Hamilton, cuando se dirigía al pueblo de Rockville para tomar posesión del rancho ganadero que había heredado de su padre. En cuanto pasaron los meses sin que nunca más se tuvieran noticias de él ni de los dos peones que le acompañaban, todos concordaban en que habían sido asesinados por la terrible tribu tehuelche, el grupo indígena más belicoso de aquellos predios. Sin embargo, en los últimos tiempos, las más autorizadas voces del gobierno aseguraban, una y otra vez, que en esas llanuras ya no quedaban indios porque habían sido pacificados y alojados en las apartadas tierras montañosas, donde se dedicaban a la agricultura y la ganadería.

Por esa razón, y por la desesperada situación económica en que se encontraba, ella decidió partir hacia Rockville con la esperanza de encontrar algo de los bienes que le correspondían a su esposo. Viajaba sola, sobre la mula que le había prestado su amiga Rebeca, cuando fue interceptada por un piquete de agresivos tehuelches que la ataron y la condujeron hasta su primitivo poblado. El terror no le permitía ni siquiera pensar y se limitaba a dejarse conducir, sin oponer resistencia, como un autómata que marchaba hacia los tormentos de una muerte segura.

El indígena que parecía fungir como jefe del grupo, la tomó de manera violenta por un brazo, le desgarró la blusa y la empujó con tosquedad hasta que ambos estuvieron lejos de aquellas casuchas desordenadas. El miedo de Josephine se exacerbó, presintiendo los terribles momentos que le aguardaban, y se postró en la arena con la mirada puesta en el cielo, rogándole a Dios que la ayudara. El indio, sin embargo, se limitó a observarla con un arrobo indescriptible; la extraña belleza de aquella mujer había neutralizado su hostilidad inicial para darle paso a una actitud que rayaba en la ternura, en la dichosa contemplación de una maravilla sensual que jamás había visto antes.

La algarabía de los aborígenes que se acercaban, no obstante, desbarató la extraña atmósfera de aquel encuentro; venían a llevarse a la mujer porque su Dios Supremo la reclamaba, el Gran Cacique que las antiguas profecías habían mandado, al fin, a habitar entre los tehuelches para regir su destino decidiría el futuro de la cautiva. En la bruma de sus confusos pensamientos, Josephine vio que era arrastrada hacia su hora final. Montado en un imponente caballo blanco y cubierto de pies a cabeza con una estola de multicoloridas plumas, aquel Dios la esperaba amenazante. Ella levantó la mirada y quedó petrificada por la impresión. Allí estaba, sobre el corcel, John Hamilton, su esposo, mirándola con desprecio y dispuesto a dar la orden para que fuese llevada a la hoguera del sacrificio.




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Invito a la amiga @tahispadron a participar en esta edición de Arte y escritura.

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