Tres microcuentos de pocetas
Microcuento 1:
Camino al baño suena el teléfono: —Sí, yo resuelvo... tranquilo, me encargo yo. (Empiezo a sudar frío). —No te preocupes, ya te dije que... ¡ACHÚÚÚS! (¡Coñoelamadre!) No llegué a la poceta...
Microcuento 2:
Me levanté a orinar y allí estabas: diminuta, pataleando en el agua de la poceta. Tus ojitos negros me atravesaron. Quise salvarte, pero la cadena colgaba como una sentencia. No fui yo quien te puso ahí, pero tampoco quien te sacó.
Microcuento 3:
Iba a orinar en la noche, pero escuché un chapoteo en la poceta. Me asomé y vi anillos negros desenrollándose desde la tubería. Una cabeza triangular emergió, lengua bífida probando el aire. Quise correr, pero las piernas no respondieron. Ella tampoco se movía. Solo esperaba.
Fotografia de mi propiedad.
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