Tu opinión importa/Semana # 3/Los hijos y las responsabilidades en el hogar
¡Qué difícil debe ser tener la responsabilidad de formar a otros seres e inculcarles valores éticos y morales! No sé qué haré cuando me toque (si me toca), pero creo que lo haré imitando la forma en que me criaron a mí pues hoy tengo la certeza de que fue la manera ideal. Les explico.
Cuando era niña me molestaba, me fastidiaba, me daban ganas de llorar cuando mi madre o mi abuelita me mandaban a llenar los envases de agua de la nevera o a secar los platos que algún adulto ya había lavado y estaban escurriendo. Eso acababa con mi paz. Sin embargo, eran las labores que a esa edad (nueve o diez años) me asignaban.
Si mi abuela veía que había más de tres botellas alineadas esperando para ser llenadas y yo no me daba por enterada, me regañaba feo. Yo debía dejar de hacer lo que estuviera haciendo para ir a cumplir con mi tarea.
Mi mamá siempre hizo los trabajos más pesados en lo que respecta al mantenimiento de la casa hasta que mi hermana y yo crecimos y poco a poco fuimos tomando más responsabilidades e involucrándonos más en las labores de la casa. Creo que nunca nadie nos las asignó, sino que nos fuimos dando cuenta de que ya teníamos el conocimiento, la fuerza y la habilidad para hacer más que sacudir el polvo de los libros o esas tareas que mencioné antes.
Cuando salí a estudiar fuera de Cumaná y me tocó compartir espacios en la residencia donde viví, no entendía por qué a mis compañeras la casera tenía que recordarles que les tocaba hacer la limpieza o, peor aún, que no debían tocar algunas cosas que estaban en la nevera porque no les pertenecían.
Entonces recordaba mucho a mi mamá y a mi abuela y agradecía para mis adentros la formación que me dieron y la disciplina con la que me educaron.
Recuerdo también que poco antes de mudarme a San Felipe en el estado Yaracuy, mi mamá me insistía en que tenía que aprender a cocinar. No logró meterme a la cocina. Me fui sin aprender a hacer sino solo un poco de arroz blanco. De verdad me hubiese gustado que mi mamá me hubiese obligado a cocinar, pero ya a mis dieciocho, entre el juego y la confianza que nos tenemos, evadí siempre esa responsabilidad y aún hoy no cocino para nadie.
Sé de algunas familias en las que las niñas de menos de quince años preparan la comida de todo el grupo. Las admiro un montón. Sin embargo, creo que a esa edad, no deben tener tal responsabilidad pues es una de las más complejas dentro de la casa. Y lo digo yo que aún no hallo cómo entrarle.



Ha sido muy agradable leer tu experiencia y lo que sentías en ese entonces y lo conscientemente agradecida que estás hoy, notando la diferencia con el que fue criado de otra manera, estoy segura que será una gran madre porque tuviste dos grandes maestras, tu madre y tu abuelita, que te convirtieron en el ser humano que eres hoy.
Saludos amiga, gracias por compartir tu experiencia y valiosa opinión.
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Qué lindo comentario, amiga! De verdad no hay un día en que no agradezca al Creador haberme puesto en manos de esas dos madres a quienes les debo todo. Gracias por augurarme éxito. Espero que tú lo tengas en todo lo que realizas.
Hola, equipo! Gracias por el apoyo.