the new world order

in #anarquia10 years ago

EL NUEVO ORDEN MUNDIAL
Cruz Elvira Correa Restrepo
RESUMEN
Este artículo pretende revisar algunos de los elementos que sustentaron el orden
mundial (Bipolar) que rigió desde el período de la Posguerra, hasta la caída del
comunismo a finales de la década de los ochenta. De igual manera, repasar los
fenómenos de carácter político, social y económico que permitieron configurar un
nuevo orden (Unipolar) que empezó a gestarse en los inicios de los años noventa y
que parece haberse consolidado como resultado de los actos terroristas del 11 de
septiembre de 2001 en Nueva York y Washington. Por último, toma el caso colombiano
para analizar cómo el nuevo orden mundial tiende a influir de manera
incontrolada, en la posibilidad de estructurar una salida negociada al conflicto
armado interno, mediante una negociación política.
ABSTRACT
This article aims at reviewing some of the elements that supported the world order
(Bi-polar) which reigned from the postwar period till the fall of Communism in the
late 80s; likewise, it aims at skimming through the political, economical and social
phenomena that led to the configuration of a new order (uni-polar) that started to
grow at the beginning of the 90s and seems to have been consolidated as an outcome
of the terrorist acts of 9/11, 2001 in New York and Washington. Finally, it
focuses on the Colombian case in order to analyze how the new world order tends
to uncontrollably influence on the possibility to structure a negotiated solution to
the internal armed conflict, through political negotiations.
44 Semestre Económico Cruz Elvira Correa Restrepo
INTRODUCCIÓN
Para hacer referencia al nuevo orden mundial
es importante establecer algunos elementos
que determinaron el orden anterior
y que tienen que ver, específicamente,
con las consecuencias de la aplicación de
los distintos modelos económicos que
oscilaron entre el liberalismo económico
y el intervensionismo de Estado, pasando
por la estrategia de seguridad nacional
de la posguerra, el tratamiento de la
doctrina de los Derechos Humanos y, por
supuesto, el caso colombiano y las
implicaciones que los actos terroristas
ocurridos en Nueva York y Washington en
septiembre de 2001 tienen dentro de la
concepción nacional e internacional del
conflicto armado interno, con miras a una
posible salida negociada.
Básicamente, el orden anterior se fundamentó
en lo que se llamó el mundo bipolar,
es decir, la división de las lealtades de
los distintos países entre los Estados Unidos
y la Unión Soviética y el ejercicio y
ostentación de poder de estas dos superpotencias
en los campos económico, político
y militar.
Teniendo en cuenta que los distintos Estados
oscilaron entre la aplicación de liberalismo
económico y el intervensionismo
estatal –este último más o menos
moderado según las circunstancias– nos
detendremos un poco en el Neoliberalismo
por tratarse del modelo de mayor
aplicación en la actualidad, en todo el
mundo occidental.

  1. NEOLIBERALISMO
    Con el ánimo de precisar conceptos: se
    conoce como neoliberalismo al modelo de
    desarrollo que propende por la libertad
    de los mercados, en los que la intervención
    del Estado tiende a limitarse a los
    aspectos necesarios para garantizar la eficiencia
    y flexibilidad de la economía. Y
    como globalización al proceso que tiende a
    la creación de un sistema económico
    mundial, con un mercado global de bienes,
    servicios, capitales y fuerza de trabajo.
    También se aplica a la creación de redes
    políticas, culturales, de comunicaciones,
    ecológicas y técnicas que abarquen
    a todo el mundo.
    Ahora bien, a la par con la generalización
    de la crisis estatal se dio un vertiginoso
    desarrollo tecnológico en el campo de las
    telecomunicaciones. La era de la información
    evidenció la posibilidad de realizar
    operaciones financieras y comerciales
    entre los más recónditos sitios del planeta,
    de manera instantánea y en tiempo
    real. Así se abrió paso el fenómeno de la
    globalización haciendo indispensable
    rediseñar las formas de participación na-
    El nuevo orden mundial 45
    cional, regional y local en los mercados
    regionales e internacionales. Este desarrollo
    en telecomunicaciones permitió que
    el fenómeno de la globalización penetrara
    de forma avasalladora e incontenible
    en, prácticamente, todos los rincones del
    planeta. A raíz de este hecho brotó una
    nueva situación que profundizó aún más
    la crisis del Estado: el concepto tradicional
    de soberanía tendió a revaluarse.
    Los diagnósticos en cuanto a ineficiencia,
    ineficacia, deuda externa, brecha fiscal,
    corrupción y desbordado tamaño del Estado
    se conjugaban con la propuesta de
    apertura económica y libre mercado; propuesta
    que, por supuesto, estuvo acompañada
    de las consabidas presiones de
    organismos financieros internacionales
    para ser aplicada de forma inmediata.
    El neoliberalismo, entonces, se formuló
    con la pretensión de disminuir el tamaño
    del Estado, atacar la brecha fiscal, conseguir
    mayor eficiencia y eficacia en el manejo
    de los recursos, mejorar la gestión
    pública y disminuir la deuda externa. Para
    conseguir esto se planteó que el Estado
    redujera de manera sustancial su intervención,
    dándole paso nuevamente al florecimiento
    de la iniciativa privada.
    Se puso en tela de juicio la conveniencia
    de que el Estado mantuviera una marcada
    injerencia en actividades económicas
    de naturaleza privada. Es así como se
    plantea que para asegurar una función
    estatal adecuada éste se concentre en temas
    como: mantener el monopolio de la
    fuerza, administrar justicia, legislar y manejar
    las relaciones internacionales con
    otros Estados, permitiéndole al sector
    privado maniobrar de acuerdo con las
    nuevas tendencias globalizadoras y del
    libre mercado.
    Se dice que el neoliberalismo es una teoría
    globalizadora y que ha colaborado muy
    directamente con fuerzas globalizadoras.
    Es indudable que la revolución de las comunicaciones
    y la extensión de la tecnología
    informática están estrechamente
    vinculadas con el proceso globalizador.
    Los neoliberales aplican a escala mundial
    la filosofía que les guía en sus compromisos
    más locales. Asumen que el mundo
    progresará más si se permite a los mercados
    funcionar con pequeñas interferencias
    o sin ellas.
    En el período comprendido entre 1990 y
    1994, durante la presidencia de César
    Gaviria Trujillo, Colombia inicia el tránsito
    hacia la implementación del modelo
    de política económica neoliberal. Es en
    ese período cuando se inician, con toda
    decisión por parte del gobierno, los procesos
    de apertura económica enmarcados
    en apertura comercial y cambiaria, control
    de la inflación y de la emisión mone-
    46 Semestre Económico
    taria, la independencia del Banco de la
    República, la modernización del sistema
    tributario, la privatización de algunas empresas
    del Estado –con lo cual se pretendía
    contribuir a atacar el déficit fiscal y a
    reducir la deuda externa–, la liberalización
    financiera, el control a los monopolios y
    la reducción de las estructuras estatales
    innecesarias. Sin embargo, como en muchos
    otros países que aplicaron políticas
    de privatización, el alivio no se vio y la
    brecha fiscal continúo creciendo.
    Es indudable que, principalmente los paí-
    ses en vía de desarrollo, no estaban preparados
    para asumir las consecuencias
    resultantes de la apertura. La competitividad
    de los productos nacionales en los
    grandes mercados del mundo globalizado
    fue casi nula. La apertura económica estuvo
    acompañada de una falta absoluta
    de previsión gubernamental en el diseño
    y aplicación de políticas públicas que inyectaran
    gradualismo a la inmersión de
    los mercados nacionales en el complejo
    mercado global.
    La producción nacional tanto agrícola
    como industrial se ha visto peligrosamente
    afectada por la invasión –sin ningún tipo
    de control– de productos y mercancías traí-
    das del extranjero, especialmente del lejano
    Oriente. A título de ejemplo, vemos
    cómo la economía de los denominados
    Tigres asiáticos, en cambio, presenta un
    crecimiento desbordado, gracias al aprovechamiento
    de ventajas comparativas
    como el exceso de mano de obra y el desarrollo
    tecnológico que les permite abaratar
    costos a niveles casi ridículos, si se
    comparan con las posibilidades de otros
    países en vía de desarrollo.
    En los últimos años del siglo pasado y los
    primeros de éste se han conformado infinidad
    de movimientos en contra de las
    políticas neoliberales y de globalización.
    Se escuchan múltiples argumentos que
    critican los resultados de la aplicación de
    estas políticas y sus efectos nefastos en
    las posibilidades de desarrollo para la
    gran mayoría de los países y su innegable
    incidencia en el deterioro de la calidad
    de vida de las personas.
    Es evidente que fenómenos como la rápida
    concentración de la riqueza, la exclusión
    económica, social y política y el empobrecimiento
    acelerado de millones de
    personas en todo el mundo, influyen marcadamente
    en procesos de inestabilidad
    política. De igual manera, la descomposición
    social y la pobreza acompañan procesos
    de desestabilización democrática y
    violencia generalizada. Todos estos fenó-
    menos se consideran abiertamente relacionados
    con el neoliberalismo; por ello
    han empezado a levantarse voces que exigen
    una alternativa que reduzca sus efectos
    devastadores y permita que, a partir del
    Cruz Elvira Correa Restrepo
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    47
    rediseño de políticas públicas, los Estados
    consigan incluir a más personas en los procesos
    productivos con miras a incrementar
    sustancialmente el ingreso individual y
    colectivo en aras de mejorar la capacidad
    de consumo y con ello la calidad de vida
    de las comunidades. Esta alternativa se ha
    denominado “La tercera vía”.
    Entre tanto, son muchas las discusiones
    y diagnósticos de corte filosófico, econó-
    mico y político dirigidas a contrarrestar los
    efectos perversos del neoliberalismo y la
    globalización. Incluso, se ha llegado a
    pensar en la desaparición de la figura de
    Estado, debido a la enorme crisis a raíz
    de su debilitamiento surgido de su mal
    manejo y desastroso funcionamiento. De
    cualquier manera, no tiene muchos sentido
    suponer que el Estado y el gobierno
    se hayan vuelto irrelevantes. En la práctica
    no ha podido demostrarse que los
    mercados puedan reemplazar totalmente
    al gobierno en ninguna de las tareas
    que éste desarrolla; tampoco se ha demostrado
    que puedan hacerlo los movimientos
    sociales u otras clases de organizaciones
    no gubernamentales, por muy
    significativas que se hayan vuelto.
    Sin embargo, nadie pareciera tener ya alternativas
    al capitalismo –los debates que
    se mantienen atañen a la extensión y las
    formas en que el capitalismo debiera ser
    dirigido y regulado–.
  2. LA TERCERA VÍA
    Tratando de controlar los efectos del liberalismo
    salvaje, ocasionados por la
    aplicación de la política económica
    neoliberal, la teoría de La tercera vía surge
    en la política moderna no sólo como una
    posibilidad, sino como una necesidad.
    Los valores de La tercera vía se centran en:
    igualdad, protección de los débiles, libertad
    con autonomía, ningún derecho sin
    responsabilidad, ninguna autoridad sin
    democracia, pluralismo cosmopolita y
    conservadurismo filosófico.
    Es evidente que
    fenómenos como la
    rápida concentración de
    la riqueza, la exclusión
    económica, social y
    política y el
    empobrecimiento
    acelerado de millones
    de personas en todo el
    mundo, influyen
    marcadamente en
    procesos de
    inestabilidad política.
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    48 Semestre Económico
    1. El mundo bipolar
      • La supremacía de las dos potencias:
      EE.UU. y URSS
      La Segunda Guerra Mundial tuvo grandes
      consecuencias para Colombia. Las hostilidades
      entre los países enfrentados afectaron
      la economía al producir una escasez
      de bienes importados, al hacer más
      difícil el transporte de las exportaciones
      y al reducir los ingresos del gobierno por
      concepto de gravámenes comerciales. En
      el campo político, Colombia cooperó durante
      la Guerra con los Estados Unidos
      con el suministro de bienes estratégicos
      y el apoyo a decisiones internacionales
      relacionadas con la defensa continental.
      La Segunda Guerra Mundial fue vista como
      el triunfo de las fuerzas de la libertad
      sobre los sistemas totalitarios, y generó
      en el país, como en otras latitudes, un nuevo
      nacionalismo que defendía los valores
      de soberanía y autodeterminación nacionales.
      Más tarde, durante la posguerra
      surgió la política mundial denominada
      Guerra Fría. Como consecuencia de esta
      política el mundo se dividió en torno a
      dos polos de poder con ideologías distintas:
      el capitalismo liderado por los Estados
      Unidos y el comunismo por la Unión
      Soviética. Colombia, como la mayoría de
      los países de América Latina, estuvo bajo
      la órbita de Norteamérica.
      • La estrategia de seguridad nacional
      durante la Guerra Fría
      Europa fue, durante cinco décadas, después
      de la Segunda Guerra Mundial, el
      centro del tablero estratégico en lo referente
      a seguridad mundial. Casi todo giraba
      alrededor de la frontera entre las dos
      Alemanias o afectaba al delicado balance
      de terror entre el Este y el Oeste.
      Las dos potencias mundiales se preocupaban
      por mantenerse informadas acerca
      de los movimientos de su adversario.
      El desarrollo de tecnología para elaboración
      de armamento nuclear iba a la par
      con el interés expansionista de la Unión
      Soviética y el interés imperialista de los
      Estados Unidos de América.
      La marcada polarización en los modos de
      producción capitalismo y comunismo que
      se cristalizó con la llamada “crisis de los
      mísiles de Cuba” en el gobierno de John
      F. Kennedy, fijó la línea de los intereses y
      lealtades de los demás países con respecto
      a Oriente y a Occidente .
      Las dos potencias, entonces, fundamentadas
      en su poderío nuclear protagonizaron
      grandes tensiones políticas, econó-
      micas y militares, que pretendían minar
      sus regímenes políticos. En una batalla
      que se libraba entre las fuerzas de la democracia
      y el totalitarismo.
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      • La Doctrina de Seguridad Nacional
      Los Estados Unidos basados en su poderío
      económico y nuclear identificaron la
      expansión del comunismo como su más arraigado
      enemigo estratégico. De tal suerte
      que definieron como “enemigo interno”
      a los “incipientes movimientos comunistas”
      que se multiplicaban por casi todos
      los países en vía de desarrollo. En América
      Latina, especialmente, sustentaban las
      ideas socialistas desde el auge y crecimiento
      de los movimientos sindicales y
      la protesta social.
      Para el caso específico de Colombia se
      debe tener en cuenta que tanto los movimientos
      insurgentes, como la protesta
      social y la oposición fueron asumidos por
      igual y calificados, dentro de la Doctrina
      de Seguridad Nacional liderada por Washington,
      como “enemigo interno”. Simplificando
      el concepto, “enemigo interno”
      se consideró cualquier grupo o individuo
      que con su actividad intentara cambiar el
      régimen político defendido por los Estados
      Unidos.
      En este contexto, las Fuerzas Militares de
      Colombia han manejado el conflicto armado
      interno desde la perspectiva de
      “guerra de baja intensidad”. Distintos
      analistas coinciden en afirmar que los
      militares tendrían gran interés en la perpetuación
      del conflicto interno colombiano
      porque les proporciona beneficios y
      les justifica mantener una cuota de poder
      político e institucional que en tiempos de
      paz sería insostenible.
      Para ilustrar un poco esta situación se incluyen
      algunos fragmentos del texto “Sistemas
      de Guerra” del autor Nazih Richani:
      “...Bajo condiciones de guerra civil, dicho arreglo facilitaba
      a los militares un amplio margen de acción para
      articular una estrategia contrainsurgente que catalogaba
      a la mayoría de la oposición bajo el mismo título de
      “enemigo del Estado”, sujetándola así a la supresión y
      hasta la liquidación física. Sin embargo, esta estrategia
      contrainsurgente era primordialmente de contención más
      que de guerra total. Se basaba en mantener a los grupos
      guerrilleros por fuera de las áreas económicas y de los
      centros políticos, y sus principios eran tomados de la
      doctrina de guerra de baja intensidad. Se centraba en
      mantener un rígido control sobre áreas urbanas vitales
      por medio de la eliminación de líderes sindicales, activistas,
      aliados de las guerrillas y opositores políticos en
      general. En parte, esta estrategia se vio afectada por tres
      factores principales: a) recursos limitados y equipos insuficientes
      a disposición de los militares; b) respaldo estadounidense
      a una estrategia de contención por encima
      de una costosa guerra de alta intensidad; c) percepción
      de que la guerrilla no constituía una amenaza contundente
      a la seguridad del Estado ni a la base económica
      del país, ya que en gran parte la actividad insurgente
      tenía lugar en la zonas rurales.
      Las opciones estratégicas tomadas por los militares para
      invertir más en la administración que en el incremento
      de sus capacidades de combate ha contribuido a un
      impasse militar con la insurgencia. Este impasse fue lo
      suficientemente cómodo para permitir a los militares
      desarrollar su institución –la tercera del país; por su
      tamaño se sitúa sólo después de los conglomerados de
      negocios más grandes del país, el Sindicato Antioqueño
      y el Grupo Santo Domingo– mediante el abultamiento
      El nuevo orden mundial
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      50 Semestre Económico
      de su burocracia, incrementos salariales, pensionales y
      otros beneficios. Sencillamente el cómodo impasse permitió
      a los militares acumular recursos significativos
      que no hubieran podido conseguir bajo condiciones de
      paz o en medio de un conflicto de alta intensidad. Esto
      explica los intereses institucionales que tienen los militares
      en la perpetuación de un conflicto de baja intensidad
      que se caracteriza por la contención y no por una guerra
      abierta, que resulta más costosa.
      Documentos recientemente desclasificados por el Departamento
      de Estado de Estados Unidos pueden ser útiles
      para responder a esa pregunta. En una de sus evaluaciones
      por país, un informe de 1972 que se titula “Las
      razones para descartar el objetivo de eliminar a la insurgencia”
      se afirma: “Al medir el nivel de insurgencia en
      Colombia (se debe considerar) a) la actual efectividad de
      la insurgencia, incluso su impacto en el gobierno establecido
      y b) el potencial de la insurgencia”. Se concluyó que
      las guerrillas no constituían una amenaza contundente
      en los años setenta. Por consiguiente, este informe de
      1972 del Departamento de Estado recomendaba que se
      continuara con la misma política y afirmaba: “Estas
      consideraciones todavía son válidas hoy, y limitan el
      objetivo viable tanto para el gobierno colombiano como
      estadounidense a la contención en lugar de la eliminación.
      La combinación de recursos colombianos y estadounidenses
      está diseñada para lograr este objetivo, mientras
      que la eliminación requeriría enormes recursos que
      serían mejor utilizados para otros fines”.
      Por consiguiente, detrás de la reticencia de Estados Unidos
      a comprometer mayores recursos para la guerra,
      estaba la suposición de que la amenaza guerrillera era
      mínima (menos de 700 insurgentes a comienzos de los
      setenta). Por lo tanto, en cuanto a costos sería más efectivo
      invertir en la ayuda en proyectos sociales que fortalecerían
      el poder político del Estado. La política de contención
      diseñada por Estados Unidos ha ejercido una
      fuerte influencia en la doctrina de seguridad y su correspondiente
      estructura, considerando que la mayoría de
      los miembros del establecimiento militar fueron entrenados
      en Estados Unidos o en la base de Panamá, donde
      las doctrinas de “contención y guerra de baja intensidad”
      eran el eje de los programas estudiados”.
      • La defensa de los Derechos Humanos
      Consecuencia en buena medida de la Revolución
      Francesa, los fundamentos filosóficos
      para el manejo del Estado se separaron
      de la concepción del predominante,
      hasta ese entonces, argumento del
      origen divino del poder.
      La Declaración de los Derechos del Hombre
      y del Ciudadano, de 1789 en Francia,
      buscó impulsar principios de igualdad, libertad,
      libre expresión y respeto a la propiedad.
      De igual forma, estableció la soberanía
      y la aplicación de la separación
      de poderes en el manejo del Estado.
      Más adelante, en 1948, la ONU profirió la
      Declaración Universal de los Derechos del
      Hombre en la que se prescriben como
      derechos inalienables de los individuos:
      la igualdad; la libertad de pensamiento,
      palabra y religión; la no discriminación
      racial; el derecho al trabajo, a la propiedad,
      a la educación y a la participación
      en la prosperidad de la nación. Básicamente,
      estas dos Declaraciones fundamentan
      los principios de la Democracia.
      En el Nuevo Orden Mundial es evidente
      que los Estados Unidos han consolidado
      un poder hegemónico en el mundo. Su
      liderazgo se sustenta en su poderío económico,
      tecnológico y militar. Si embargo,
      requiere de elementos que le permiCruz
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      51
      tan persuadir a sus aliados más que obligarlos
      o combatirlos. Es así como una vez
      superada la teoría de la divinidad como
      rectora de los destinos políticos de los
      Estados fue necesario identificar y enarbolar
      una bandera suficientemente aglutinante
      y convincente: la defensa de los
      Derechos Humanos.
      Con esta bandera, el denominado “Imperio”
      se inmiscuye en los asuntos internos
      de los países, argumentando la defensa
      de los Derechos Humanos y el ejercicio
      libre de la Democracia, para contrarrestar
      los gobiernos totalitarios o dictatoriales
      que pudieran contribuir a la perturbación
      de la paz mundial.
      2.2. La globalización y la era del
      conocimiento: lo local y lo global
      Son muchas y muy variadas las reacciones
      a favor y en contra de fenómeno de
      la globalización. Las siguientes son algunas
      de las apreciaciones del profesor
      Joseph Stiglitz, premio Nobel de Economía
      en 2001 y ex funcionario del Banco
      Mundial:
      “¿Qué es este fenómeno de la globalización, objeto simultáneo
      de tanto vilipendio y tanta alabanza? Fundamentalmente,
      es la integración más estrecha de los
      países y los pueblos del mundo, producida por enorme
      reducción de los costes de transporte y comunicación, y el
      desmantelamiento de las barreras artificiales a los flujos
      de bienes, servicios de capitales, conocimientos, (en menor
      grado) personas a través de las fronteras. La
      globalización ha sido acompañada por la creación de
      nuevas instituciones; en el campo de la sociedad civil
      internacional hay nuevos grupos como el Movimiento
      Jubileo, que pide la reducción de la deuda para los países
      más pobres, junto a instituciones muy antiguas como la
      Cruz Roja Internacional. La globalización es enérgicamente
      impulsada por corporaciones internacionales que
      no sólo mueven el capital y los bienes a través de las
      fronteras sino también la tecnología.
      “...la mayoría de los países industrializados –incluidos
      Estados Unidos y Japón– edificaron sus economías mediante
      la protección sabia y selectiva de algunas de sus
      industrias, hasta que fueron lo suficientemente fuertes
      como para competir con compañías extranjeras. Es verdad
      que el proteccionismo generalizado a menudo no ha
      funcionado, pero tampoco lo ha hecho una rápida liberalización
      comercial.
      “La globalización en sí misma no es buena ni mala.
      Tiene el poder de hacer un bien enorme, y para los países
      del Este asiático, que han adoptado la globalización
      bajo sus propias condiciones y a su propio ritmo, ha
      representado un beneficio gigantesco, a pesar del paso
      atrás de la crisis de 1997. Pero en buena parte del
      mundo no ha acarreado beneficios comparables. Y a
      muchos les parece cercana a un desastre sin paliativos.
      “La experiencia estadounidense en el siglo XIX constituye
      un buen paralelo de la globalización actual y el contraste
      ilustra los éxitos del pasado y los fracasos del
      presente. En los EE.UU. los mercados no se desarrollaron
      libremente por sí mismos: el Estado desempeñó un
      papel crucial y moldeó la evolución de la economía. El
      Gobierno Federal empezó a regular el sistema financiero,
      fijó salarios mínimos, condiciones de trabajo y, finalmente,
      montó sistemas que se ocuparon del paro y el
      bienestar; lidiando con los problemas que plantea un
      sistema de mercado... El Gobierno aunque no emprendiera
      políticas de tipo redistributivo, al menos acometió
      programas cuyos beneficios fueron ampliamente compartidos,
      garantizando un mínimo de oportunidades
      para todos los estadounidenses”.
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      52 Semestre Económico
      Desde otra perspectiva, el Nuevo Orden
      Mundial está fuertemente vinculado al redimensionamiento
      de la gestión local para
      lograr el desarrollo económico, político
      y social de las regiones, asumiendo la
      imperiosa necesidad de ingresar a la dinámica
      de competitividad local, nacional,
      regional e internacional, que las nuevas
      circunstancias económicas y comerciales
      imponen, a través del fenómeno de la
      globalización, para poder participar en el
      mercado mundial.
      Al respecto se refieren Jordi Borja y Manuel
      Castells, en su libro Local y Global:
      “Las fuertes reacciones contra la globalización tiene
      sus raíces no sólo en los perjuicios ocasionados a los
      distintos países debido a políticas ideológicas, sino
      también por las desigualdades que se han evidenciado
      en el sistema comercial mundial. Es hipócrita pretender
      ayudar a los países subdesarrollados obligándolos
      a abrir sus mercados a los bienes de los países
      industrializados y al mismo tiempo proteger los mercados
      de éstos porque hace a los ricos cada vez más
      ricos y a los pobres cada vez más pobres. Los gobiernos
      deben y pueden adoptar políticas que orienten los crecimientos
      de los países de modo equitativo.
      La importancia estratégica de lo local como centro de
      gestión de lo global en el nuevo sistema tecno-económico
      puede apreciarse en tres ámbitos principales: el de la
      productividad y competitividad económicas, el de la integración
      socio-cultural y el de la representación y gestión
      políticas.
      Frente a la hegemonía de valores universalistas, la defensa
      y construcción del particularismo con base histórica y
      territorial es un elemento básico del significado de la sociedad
      para los individuos. Sin un denominador cultural
      común aglutinador de cada sociedad, ésta se fragmenta
      en individuos y unidades familiares, que compiten entre
      ellos y se sitúan de forma fragmentada frente a los flujos
      globales de poder y riqueza. El potencial desintegrador de
      dicha situación se acentúa en sociedades cada vez más
      plurales en su cultura y en su composición étnica. La gran
      aglomeración urbana, forma predominante de asentamiento
      en un futuro inmediato, congrega individuos y
      grupos con muy diversos referentes culturales y patrones
      de comportamiento. Sin un sistema de integración social y
      cultural que respete las diferencias pero establezca códigos
      de comunicación entre las distintas culturas, el tribalismo
      local será la contrapartida del universalismo global.
      En los procesos de globalización los gobiernos locales
      disponen de dos importantes ventajas comparativas con
      respecto a sus tutores nacionales. Por un lado, gozan de
      una mayor capacidad de representación y de legitimidad
      con relación a sus representados: son agentes
      institucionales de integración social y cultural de comunidades
      territoriales. Por otro lado, gozan de mucha
      más flexibilidad, adaptabilidad y capacidad de maniobra
      en un mundo de flujos entrelazados, demandas y
      ofertas cambiantes y sistemas tecnológicos descentralizados
      e interactivos. Cierto que un particularismo mal
      entendido puede generar competición excesiva y
      destructiva entre distintas localidades y regiones. Pero
      también es de esperar (y la experiencia reciente lo confirma)
      que ciudades y regiones pueden construir redes cooperativas
      y solidarias para negociar constructivamente
      con las empresas hasta alcanzar acuerdos de interés común.
      Desde luego que el tipo de instituciones locales y
      regionales a que nos referimos está muy alejado de algunas
      de las realidades municipales en el mundo, aún dominadas,
      en el mejor de los casos, por la desinformación
      y la burocracia y, en el peor, por el caciquismo y la
      corrupción. Pero el potencial de los gobiernos locales como
      formas ágiles de gestión de lo global, con la cooperación
      de sus instituciones de tutela nacionales e internacionales,
      puede desarrollarse a través de la capacitación de su
      personal, de la modernización tecnológica de su gestión,
      de la ampliación de sus recursos financieros y de sus
      competencias administrativas”.
      Cruz Elvira Correa Restrepo
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      53
  3. EL 11 DE SEPTIEMBRE DE 2001
    Los dramáticos ataques terroristas contra
    Nueva York y Washington marcaron el final
    de los 90, mostrándonos a todos, a la fuerza
    y sin previo aviso, el lado oscuro de la
    globalización. Tuvimos que aceptar, también,
    que éramos demasiado vulnerables,
    un objetivo relativamente fácil para individuos
    como Osama Bin Laden, enemigos
    declarados del estilo de vida occidental.
    Los ataques de Al Qaeda fueron los que
    realmente cambiaron el modo de pensar
    acerca de cómo preservar la seguridad. El
    terrorismo se convirtió, de la noche a la
    mañana, en la prioridad absoluta de la
    agenda de la seguridad internacional, y
    rápidamente se formó una vasta coalición
    para luchar junto con Norteamérica contra
    este enemigo tan escurridizo. El contraterrorismo
    es aún una prioridad, y fruto
    de las actuaciones colectivas que se
    han venido llevando a cabo desde 2001,
    miles de agentes de Al Qaeda han dejado
    de estar operativos.
    Pero, al mismo tiempo, otros cambios estaban
    teniendo lugar, o acelerándose, en
    el paisaje estratégico. El más importante,
    probablemente, era la transformación de
    la actitud de los EE. UU: de jugar un papel
    asumido a regañadientes de especie de
    gendarme pasó a desempeñar uno de
    superpotencia global decididamente intervensionista;
    de hecho, la única superpotencia
    que queda. Como señaló el presidente
    Bush hijo: “En una época de armas
    de destrucción masiva, no podemos plantearnos
    la opción de esperar a que nuestros
    enemigos ataquen primero”. Los años
    de Clinton consolidaron la superioridad
    americana en todos los aspectos salvo en
    la voluntad de asumir un papel decisivo
    en el mundo. George W. Bush abandonaría
    cualquier tentación aislacionista, incluso
    el realismo pragmático de su padre, y
    se convertiría en defensor del compromiso,
    el cambio y la acción. Mantener el
    poder ya no era suficiente para garantizar
    la seguridad del pueblo americano, ésta
    sólo podía alcanzarse ejerciendo ese mismo
    poder para prevenir, desbaratar, disuadir
    o derrotar.
    a. Redefinición del enemigo estratégico
    “el terrorismo”
    La siguiente es la introducción hecha por
    el presidente de los Estados Unidos a la
    estrategia de seguridad rediseñada a raíz
    de los atentados terroristas del 11 de septiembre
    de 2001 en ese país, la cual ilustra
    perfectamente la posición filosófica, polí-
    tica y militar de su estrategia de seguridad:
    “Las grandes luchas de siglo XX entre la libertad y el
    totalitarismo finalizaron con una victoria decisiva para
    las fuerzas de la libertad –y un solo modelo sostenible
    nacional: libertad, democracia y libre empresa. En el
    siglo XXI solamente aquellas naciones que comparten el
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    54 Semestre Económico
    compromiso de proteger los derechos humanos básicos y
    de garantizar la libertad política y económica serán
    capaces de extraer el potencial de su gente y asegurar su
    futura prosperidad para el éxito. La gente en todo el
    mundo quiere ser capaz de hablar libremente, elegir a
    quienes los gobernarán, adorar como les plazca, educar
    a sus hijos –hombre y mujer–; poseer propiedad y disfrutar
    los beneficios de sus labores. Esos valores de libertad
    son justos y verdaderos para cada persona, en cada
    sociedad –y el deber de proteger esos valores contra sus
    enemigos es el llamado común de todos los amantes de la
    libertad en todo el globo y, en todas las edades.
    Hoy Estados Unidos disfruta la posición de una fuerza
    militar sin par y una gran influencia política y econó-
    mica. Siguiendo nuestros principios y legados, nosotros
    no usamos nuestra fuerza para presionar por una
    ventaja unilateral. Al contrario, procuramos crear un
    equilibrio de poder que favorece la libertad humana:
    condiciones en las cuales todas las naciones y sociedades
    pueden elegir por sí mismas los premios y los retos
    de la libertad económica y política. En un mundo seguro
    la gente será capaz de mejorar sus propias vidas.
    Nosotros defenderemos la paz luchando contra los terroristas
    y los tiranos. Conservaremos la paz construyendo
    buenas relaciones entre los grandes poderes.
    Extenderemos la paz incentivando las sociedades libres
    y abiertas en cada continente.
    Defender nuestra nación contra sus enemigos es el primero
    y más fundamental compromiso del gobierno federal.
    Hoy la tarea ha cambiado dramáticamente. Los
    enemigos del pasado necesitaban grandes fuerzas armadas
    y grandes capacidades industriales para poner en
    peligro a América. Hoy las redes de personas que se
    desempeñan en la sombra pueden traer grandes caos y
    sufrimiento a nuestras costas, por menos de lo que cuesta
    comprar un solo tanque. Los terroristas están organizados
    para penetrar sociedades abiertas y mover el poder
    de la tecnología moderna en contra nuestra.
    Para derrotar esta amenaza debemos hacer uso de cada
    herramienta de nuestro arsenal –el poder militar, una
    mejor defensa de la Patria, la aplicación de la ley, la
    inteligencia y esfuerzos vigorosos para cortar el financiamiento
    terrorista–. La guerra contra los terroristas
    de alcance global es una empresa global de duración
    incierta. América ayudará a las naciones que necesitan
    nuestra asistencia para combatir al terror. Y Amé-
    rica responsabilizará a aquellas naciones que están
    comprometidas con el terror, incluso a aquellas que
    asilan a los terroristas –porque los aliados del terror
    son los enemigos de la civilización–. Los Estados Unidos
    y los países que cooperan con nosotros, no debemos
    permitir que los terroristas desarrollen nuevas bases de
    asentamiento. Juntos procuraremos privarles de un santuario
    en cada esquina.
    El peligro más grande que enfrenta nuestra nación radica
    en el cruce del radicalismo y la tecnología. Nuestros
    enemigos han declarado abiertamente que están
    buscando armas de destrucción masiva, y la evidencia
    indica que ellos están haciendo esto con determinación.
    Los Estados Unidos no permitirán que estos esfuerzos
    tengan éxito. Construiremos nuestras defensas contra
    los mísiles balísticos y contra otros tipos de ataque.
    En un mundo seguro la
    gente será capaz de
    mejorar sus propias vidas.
    Nosotros defenderemos la
    paz luchando contra los
    terroristas y los tiranos.
    Conservaremos la paz
    construyendo buenas
    relaciones entre los
    grandes poderes.
    Extenderemos la paz
    incentivando las
    sociedades libres y
    abiertas en cada
    continente.
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    55
    Cooperaremos con otras naciones para negar, contener
    y reducir los esfuerzos de nuestros enemigos para adquirir
    tecnologías peligrosas. Y como sentido común y
    autodefensa Estados Unidos actuará contra tales amenazas
    emergentes, antes de que se formen completamente.
    Nosotros no podemos defender a los Estados
    Unidos y a nuestros amigos orando por lo mejor. Así
    que debemos prepararnos para derrotar los planes de
    nuestros enemigos usando la mejor inteligencia y procediendo
    con determinación. La historia juzgará duramente
    a aquellos que vieron venir ese peligro pero que
    fracasaron en actuar. En el nuevo mundo en el que
    hemos entrado, el único camino hacia la paz y la seguridad
    es el camino de la acción.
    Mientras defendemos la paz, también aprovecharemos
    la oportunidad histórica de preservar la paz. Hoy la
    comunidad internacional tiene la mejor oportunidad,
    desde el surgimiento del Estado-nación en el siglo XVII,
    de construir un mundo donde los grandes poderes compiten
    en paz, en vez de prepararse continuamente para la
    guerra. Hoy los grandes poderes del mundo nos encontramos
    al mismo lado –unidos por los peligros comunes
    de la violencia y el caos terrorista. Los Estados Unidos se
    apoyarán sobre esos intereses comunes para promover
    una seguridad global. Nosotros también, cada vez más,
    estamos unidos por valores comunes. Rusia está en medio
    de una esperanzada transición buscando su futuro
    democrático y un socio en su guerra contra el terror. Los
    líderes chinos están descubriendo que la libertad econó-
    mica es el único recurso de la riqueza nacional. Con el
    tiempo ellos descubrirán que la libertad política y social
    es el único recurso de la grandeza nacional. América
    incentivará el avance de la democracia y la apertura
    económica en ambas naciones porque son los mejores
    fundamentos para la estabilidad doméstica y el orden
    internacional. Nosotros resistiremos fuertemente la agresión
    de los otros grandes poderes –aún cuando damos la
    bienvenida a su persecución pacífica de la prosperidad,
    el comercio y el desarrollo cultural.
    Finalmente los Estados Unidos usarán este momento
    de oportunidad para extender los beneficios de la libertad
    en todo el globo. Nosotros activamente trabajaremos
    para traer la esperanza de democracia, desarrollo,
    mercados libres y comercio libre a todos los rincones del
    mundo. Los eventos del 11 de septiembre de 2001 nos
    enseñaron que los Estados débiles, como Afganistán,
    pueden representar un gran peligro a nuestros intereses
    nacionales como Estados fuertes. La pobreza no convierte
    la gente pobre en terroristas y asesinos. Sin embargo,
    la pobreza, las instituciones débiles y la corrupción
    pueden hacer a los Estados débiles vulnerables a
    las redes terroristas y a los carteles de droga dentro de
    sus fronteras.
    Los Estados Unidos apoyarán a cualquier nación cuya
    determinación sea construir un mejor futuro, buscando
    premios de libertad para su gente. El comercio libre y
    los mercados libres han mostrado su capacidad de sacar
    a sociedad enteras de la pobreza –así los Estados
    Unidos trabajará con naciones individuales, regiones
    enteras y con la comunidad global de comercio, para
    construir un mundo que comercialice en libertad y en
    consecuencia crezca en prosperidad. Los Estados Unidos
    entregarán gran asistencia en desarrollo, a través
    de La Cuenta de los Retos del Nuevo Milenio, a naciones
    que gobiernan con justicia, que invierten en su gente
    y que incentivan la libertad económica. Nosotros
    también continuaremos liderando el mundo, en los esfuerzos
    para reducir el terrible impacto del VIH/SIDA
    y otras enfermedades infecciosas.
    Al construir un equilibrio de poderes que favorece a la
    libertad, los Estados Unidos están guiados por la convicción
    de que todas las naciones tienen responsabilidades
    importantes. Las naciones que gozan de la libertad
    deben luchar activamente contra el terrorismo. Las naciones
    que dependen de la estabilidad internacional deben
    ayudar a prevenir la propagación de armas de destrucción
    masiva. Las naciones que buscan la ayuda internacional
    deben gobernarse sabiamente, para que la
    ayuda se gaste bien. Para que la libertad florezca, la
    responsabilidad debe ser anticipada y requerida.
    Nosotros también estamos guiados por la convicción de
    que ningún Estado puede construir solo, un mundo seguro
    y mejor. Las alianzas y las instituciones multilaterales
    pueden multiplicar la fuerza de las naciones amantes de
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    56 Semestre Económico
    la libertad. Los Estados Unidos están comprometidos
    con las instituciones duraderas como las Naciones Unidas,
    la OMC, la OEA y la OTAN, tanto como con
    otras alianzas duraderas. Las coaliciones de las personas
    con voluntad pueden aumentar estas instituciones
    permanentes. En todo caso, las obligaciones internacionales
    deben ser tomadas seriamente, no deben ser realizadas
    simbólicamente para procurar apoyo hacia una
    idea sin concretar sus objetivos.
    La libertad es una exigencia no negociable de la dignidad
    humana; el derecho a nacer de cada persona -en
    cada civilización. A lo largo de la historia la libertad ha
    sido amenazada por la guerra y el terrorismo; ha sido
    retada por las voluntades encontradas de Estados poderosos
    y los designios malvados de los tiranos; y ha sido
    puesta a prueba por la propagación de la pobreza y la
    enfermedad. Hoy la humanidad tiene en sus manos la
    oportunidad de llevar el triunfo de la libertad sobre todos
    sus enemigos. Los Estados Unidos asumimos nuestra
    responsabilidad de liderar esta gran misión.
    George W. Bush
    b. El mundo unipolar: la hegemonía del El mundo unipolar: la hegemonía del El mundo unipolar: la hegemonía del
    “Imperio”.
    Entre el 9 de noviembre de 1989 y el 11
    de septiembre de 2001, el mundo sufrió
    una transformación al evolucionar del
    antiguo sistema bipolar, a un nuevo contexto
    “posbipolar”.
    La caída del muro de Berlín en 1989 puso
    fin a cinco décadas de confrontación entre
    el Este y el Oeste, dando paso a un
    período de transición, los 90, en los que,
    liberados de la amenaza que suponía el
    impresionante arsenal nuclear de la Unión
    Soviética, el conjunto de Occidente casi
    en su totalidad empezó a pensar y a actuar
    como si ningún otro riesgo pudiera
    amenazarlo ya nunca más.
    En los 90, como reseñó el profesor Fukuyama,
    hubo una creencia colectiva de que
    lo peor ya había pasado y de que la violencia,
    el horror y el conflicto pertenecían al
    ámbito de las sociedades arcaicas, las tribus
    y los clanes étnicos. Los líderes de los
    “Estados gamberros” eran pocos y se podían
    controlar. Europa y Occidente, hablando
    en términos generales, se encontraban
    libres de amenazas militares directas.
    Algunos grupos, esencialmente en los EE.
    UU., avisaron durante aquel tiempo del
    peligro que suponían ciertos escenarios
    catastróficos en potencia, pero se trataba
    de grupos marginales que carecían del
    suficiente peso para desafiar la “versión”
    oficial, según la cual, la Historia había llegado
    a su fin y las guerras eran ya de baja
    intensidad, escasas en número y, afortunadamente
    para la seguridad global, tenían
    lugar en sitios muy lejanos. La
    “globalización” como algo prometedor
    para todos era la palabra de moda, y no
    “ataque”, “terrorismo” o “armas de destrucción
    masiva”.
    El nuevo orden internacional del siglo XXI
    se ha denominado como mundo
    “posbipolar”. Un mundo en forma de pirámide.
    Mientras que sólo hay un claro y
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    57
    reconocible poder en la cima –el de los
    Estados Unidos, existen diferentes culturas
    (los lados de la pirámide) y ninguna
    queda fuera del sistema. Para algunos,
    unipolaridad y unilateralidad van de la
    mano. Y ahí es donde han empezado la
    mayoría de los problemas actuales: resulta
    razonable admitir que se comparten
    los mismos riesgos y las mismas amenazas
    nacidas del terror de alcance global,
    pero lo que ya no se comparte es el mismo
    poder para combatirlo.
    La seguridad posee un carácter global
    porque ha de lidiar con amenazas y riesgos
    globales, y porque debe movilizar recursos
    globales con el fin de estar protegidos.
    Y, por último, porque ya no se encuentra
    confinada en un territorio especí-
    fico; depende de las actuaciones y de la
    estabilidad a escala global.
  4. EL CASO COLOMBIANO
    En Colombia son incontables los enemigos
    tanto del neoliberalismo como de la
    globalización. Sin embargo, pareciera ser
    una realidad que estos fenómenos no tienen
    marcha atrás. En la actualidad, más
    que nunca, es evidente que el Estado colombiano
    sigue lineamientos políticos y
    económicos de los Estados Unidos. Además,
    situaciones como la deuda externa,
    el déficit fiscal y el conflicto armado interno
    supeditan la toma de decisiones a los
    requerimientos políticos y fiscales de los
    organismos internacionales y de crédito.
    Es indudable, también, que el comportamiento
    de la economía colombiana está
    directamente relacionado con las consecuencias
    del conflicto armado. No obstante
    lo anterior, se debe reconocer que
    otros países que no soportan conflictos
    armados han tenido comportamientos de
    desarrollo y crecimiento económico con
    peores resultados que los registrados en
    Colombia, lo cual no le resta importancia
    a la necesidad de recuperar la confianza
    de los inversionistas nacionales y extranjeros.
    Y el restablecimiento de esa confianza
    tiene que ver con la aplicación de
    políticas de seguridad que restituyan el
    manejo y control del orden público a las
    fuerzas institucionales del Estado.
    No es posible tampoco desconocer los
    estragos que ha ocasionado en Colombia
    la creciente influencia del fenómeno
    del narcotráfico, así como de grupos armados
    al margen de la ley en vastos sectores
    de la sociedad colombiana.
    El conflicto armado es, pues, un elemento
    fundamental en la definición de los
    destinos de nuestro país. Una salida negociada
    al conflicto puede hacer la diferencia
    entre construir una paz duradera o
    mantener indefinidamente un conflicto
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    58 Semestre Económico
    que no le aporta nada bueno al grueso
    del pueblo colombiano.
    En razón a que se hace inocultable que el
    fenómeno del narcotráfico se ha convertido
    en un importante medio para obtener
    finanzas dirigidas a los actores armados
    ilegales; y, que se evidencia la ausencia
    de una normativa legal que permita
    una negociación política del conflicto, se
    requiere de algunas reflexiones acerca del
    porqué del auge del narcotráfico en Colombia
    y de la incidencia de la globalización
    de la ley penal, en el marco del conflicto
    armado interno colombiano.
    a. El fenómeno del narcotráfico
    El fenómeno del narcotráfico permitiría
    realizar infinidad de estudios desde perspectivas
    distintas, y cada uno de ellos
    mostraría realidades, para nosotros familiares
    o talvez insospechadas. La intención
    de las siguientes líneas es presentar
    una visión que nos permita reflexionar
    acerca de la responsabilidad compartida
    que tenemos frente a las consecuencias
    nefastas del tráfico de drogas. Y me refiero
    a la responsabilidad, porque si bien es
    cierto que en Colombia los vínculos con
    el narcotráfico son innegables en todos
    los sectores, públicos y privados, de la
    sociedad, también lo es que es uno de
    los tantos problemas “importados” que
    ha tenido que sufrir nuestro país, gracias
    a la injerencia directa de políticas externas,
    norteamericanas especialmente.
    Tomado del profesor Javier Guerrero Barón,
    en su texto “De las armas a la política”
    veamos algunos apartes:
    ... un punto de partida de esta reflexión es que el
    narcotráfico no fue únicamente un fenómeno económico.
    En los años ochenta fue un instrumento armado de la
    intolerancia política y social y tuvo un impacto, poco
    estudiado, sobre el sistema político y sobre las relaciones
    sociales y económicas. La democracia colombiana adolece
    hoy de un problema fundamental y es que las violencias
    no sólo han matado a millares de colombianos, sino
    que ha impedido o distorsionado la participación y la
    expresión de muchos sectores ciudadanos, aplazando dramáticamente
    la construcción de una modernidad democrática,
    pues ella no es posible sin garantías para la
    oposición y para la protesta ciudadana.
    El entrelazamiento de lo económico y lo político podría
    contribuir a explicar por qué en Colombia se hizo tan
    fuerte el ascenso del narcotráfico en los años ochenta y por
    qué el conflicto político tuvo tan altos niveles de agudización.
    Paradójicamente, en los años noventa se ha produciNo
    es posible tampoco
    desconocer los estragos
    que ha ocasionado en
    Colombia la creciente
    influencia del fenómeno
    del narcotráfico, así como
    de grupos armados al
    margen de la ley en
    vastos sectores de la
    sociedad colombiana.
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    59
    do un desplazamiento de actores: el narcotráfico que en los
    ochenta fue un fenómeno que reforzó predominantemente
    el polo de la contrainsurgencia, aparece en los noventa, no
    como un aliado exclusivo de las fuerzas del establecimiento,
    sino como una fuerza capaz de repartir sus acciones y
    denarios del lado de la insurgencia o de la contrainsurgencia
    o de ambos simultáneamente
    ¿Qué factores convirtieron a Colombia en la capital
    mundial del tráfico de cocaína hacia los Estados Unidos
    y posteriormente hacia Europa? Algunos trabajos ya
    han formulado esta pregunta a la luz de las ventajas
    comparativas, desde la economía. Pero, antes que las
    indudables ventajas comparativas en lo económico, el
    narcotráfico tuvo en Colombia ventajas comparativas
    en el campo social y político. Por ello, tres contextos son
    fundamentales para explicar su expansión. El primero,
    el contexto social, el segundo, el contexto internacional de
    las políticas hemisféricas de la administración Reagan y
    el tercero, el contexto interno: la creciente deslegitimación
    del régimen político.
    En el primer contexto, en el campo social, tal vez no es
    exagerado decir que en un país donde fracasaron los más
    tímidos intentos de reforma agraria, con altos índices de
    pobreza rural y urbana, donde los mecanismos de concentración
    de la riqueza funcionaron y funcionan mejor que
    los de redistribución y equidad en muchos campos, especialmente
    en las relaciones laborales, con altas tasas estructurales
    de desempleo, inequidad del gran capital en el
    tratamiento a las pequeñas y medianas empresas, donde
    los mecanismos de ascenso social, diferentes a la educación,
    fueron relativamente escasos, el narcotráfico encontró
    todas las posibilidades de crecer, en medio de un colapso
    ético inducido desde la cúspide de la pirámide social,
    por la convivencia con otras actividades ilegales como el
    contrabando y varias prácticas de corrupción relativamente
    extendidas, tanto en la esfera del sector estatal,
    como en el sector privado, y que se reflejó en un paulatino
    abandono de la “ética del trabajo” y otros valores tradicionales
    que guiaban la conducta de los colombianos.
    El segundo factor a tener en cuenta, es el contexto polí-
    tico interno. Nuevas realidades políticas que indicaban
    un avance de las fuerzas revolucionarias, radicalizaron
    los métodos militares de las izquierdas: el
    auge de las guerrillas a partir de los años setenta y a
    comienzos de los años ochenta, la “urbanización de la
    guerra”, la constante agitación campesina (ANUC),
    los movimientos estudiantiles y barriales hicieron cada
    vez más frecuentes las protestas y los paros cívicos. A
    todo este clima se le suma el monopolio del ejercicio de
    la política como herencia del Frente Nacional por parte
    de los partidos tradicionales y la consecuente exclusión
    de las posiciones disidentes. Pronto, el tratamiento indefectiblemente
    policivo de la protesta ciudadana, la
    legislación que estableció juicios sumarios y tribunales
    militares para el juzgamiento de civiles, las diferentes
    medidas que se tomaron en virtud del “Estado de Sitio”
    permanente, fueron agrietando la confianza ciudadana
    en las instituciones.
    El narcotráfico hizo su aparición en medio de una situación
    de debilidad institucional en la que el establecimiento
    siempre vio como único peligro a la oposición
    armada (y desarmada), mientras los peligros de la corrupción
    y el narcotráfico siempre fueron minimizados y
    vistos como secundarios.
    El tercer contexto favorable al desarrollo del narcotráfico
    es de carácter internacional y tuvo que ver con las polí-
    ticas estratégicas de seguridad continental. El auge del
    narcotráfico en los años ochenta fue favorecido de manera
    determinante por su conexión temprana con un problema
    definitivamente político: la vinculación directa a
    los planes de contrainsurgencia. La tesis del surgimiento
    de los carteles colombianos en el contexto internacional
    de la guerra de “baja intensidad” contra la revolución
    sandinista en Nicaragua y en general en las guerras
    centroamericanas es cada vez más aceptable.
    ¿Cómo alcanzan las mafias colombianas el control de los
    mercados de cocaína en tan corto tiempo, primero en el
    estadounidense y luego en el europeo? Esta pregunta no la
    podremos responder sin mirar el papel que ellas jugaron
    en los años ochenta en la guerra centroamericana. Existen
    los documentos que comprueban que en el llamado “escándalo
    Irán-Contras” el general Oliver North y varias
    dependencias de la misma Casa Blanca mantuvieron
    durante cerca de tres años un negocio continuado que
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    60 Semestre Económico
    incluyó el tráfico de cocaína hacia los mercados estadounidenses,
    a cambio de suministrar las armas necesarias
    para la Contra y para las milicias iraníes, en operaciones
    encubiertas de gran escala que se realizan desde 1984,
    según se ha podido establecer, hasta 1987. Y el negocio no
    fue únicamente con las mafias colombianas. Varios traficantes
    estadounidenses y cubano-norteamericanos trabajaron
    para la CIA en Centroamérica.
    La llamada “guerra de baja intensidad” practicada por
    los Estados Unidos en América Central constituye la explicación
    al auge de los carteles colombianos y a su
    politización. Centroamérica prometía convertirse en un
    nuevo Vietnam y la guerra encubierta se había iniciado en
  5. En octubre de 1984, el presidente Reagan había
    sido desautorizado para usar fondos públicos para derrocar
    a los sandinistas, e incluso para hacer cualquier tipo
    de intervención indirecta, mediante la “Enmienda Boland”.
    Esto lo colocaba en una situación difícil pues la CIA había
    conformado dos ejércitos de mercenarios y de disidentes
    antisandinistas y se les había prometido todo el apoyo
    logístico y económico. Reagan hasta los declaró “héroes” y
    “luchadores por la libertad” y dentro de la óptica de los
    planes de contención a la revolución nicaragüense para
    evitar su expansión a los demás países latinoamericanos
    con presencia guerrillera, era indispensable financiar estos
    ejércitos. Al respecto afirma la Comisión Kerry del Senado
    del país del norte: “Hay pruebas de que en las zonas de
    combate miembros de la Contra, mercenarios al servicio
    de los Contra, y auxiliares de la Contra en toda la región
    se entregaron al tráfico de droga. Está claro que la red de
    apoyo de los Contra era utilizada por el tráfico de droga
    organizado y que los mismos elementos de la Contra recurren
    con pleno conocimiento de causa a una ayuda financiera
    y material por parte de traficantes de droga....”.
    b. El conflicto armado interno
    en el contexto de la globalización
    de la ley penal
    Como se vio anteriormente, el fenómeno
    de la globalización ha tenido distintos
    efectos sobre Colombia. Pero tal vez el que
    en este momento llama más la atención
    es el que tiene que ver con la globalización
    de las leyes penales. Y es simple, el centro
    de las preocupaciones de la sociedad
    colombiana sigue siendo la posibilidad de
    encontrar una salida negociada al conflicto
    armado y político que vive el país desde
    hace algo más de medio siglo.
    Han sido múltiples los intentos fallidos por
    alcanzar una paz duradera y estable para
    Colombia. De hecho, los procesos que
    permitieron figuras como indulto y amnistía
    para los insurgentes presentaron graves
    fallas, tanto porque no se cumplieron
    a cabalidad los acuerdos alcanzados en las
    mesas de negociación como porque las
    organizaciones subversivas continuaron
    enarbolando los argumentos de la no superación
    de las “causas objetivas” que dieron
    origen a la confrontación armada.
    Con todo y eso la reinserción a la vida
    civil, producto de las distintas negociaciones,
    permitió que la sociedad colombiana
    expresara su decisión de reconciliación
    y tratara de solucionar con sus propias
    iniciativas legislativas y sus propios mé-
    todos los conflictos con la subversión.
    En la actualidad las cosas han cambiado.
    El fenómeno de la globalización alcanzó
    también a la justicia penal y la internacionalizó.
    Algunos delitos se tipificaron casi
    Cruz Elvira Correa Restrepo
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    61
    como “patrimonio de la humanidad”, lo
    que propició una honda crisis en la tradicional
    concepción de la soberanía estatal,
    puesto que ahora los tribunales internacionales
    de justicia tienen injerencia directa
    en la aplicación local del derecho penal y
    se atribuyen la posibilidad de castigar todos
    aquellos actos y personas que -de
    acuerdo con esta nueva concepción de la
    normativa penal globalizada- no fueron
    adecuadamente juzgados y condenados.
    Pero a la par con esta situación, se ve
    cómo la aplicación de la justicia penal internacional
    se erige como un obstáculo
    de grandes dimensiones frente a una intención
    de salida negociada al conflicto,
    en las actuales circunstancias. La guerra
    de carácter irregular que se ha desarrollado
    en nuestro país presenta, como cotidianos,
    delitos expresamente contenidos
    en la normativa penal internacional como
    son: el secuestro, la extorsión, los delitos
    de lesa humanidad, las masacres, las desapariciones,
    la vinculación de los niños a
    la guerra, el terrorismo, entre otros.
    Colombia ha suscrito prácticamente todos
    los convenios internacionales relacionados
    con el sometimiento a la justicia
    penal internacional. Y ahora, hemos de
    esperar que la creatividad y el ingenio del
    gobierno y de los actores armados al margen
    de la ley que quieran negociar, encuentran
    salidas jurídicas que permitan
    dar prioridad a la conveniencia nacional
    por encima del sometimiento a ordenamientos
    legales internacionales que pueden
    ir en abierta contravía con el máximo
    interés del pueblo colombiano: una paz
    sólidamente construida y perdurable en
    el tiempo.
    ...el fenómeno de la
    globalización ha tenido
    distintos efectos sobre
    Colombia. Pero tal vez
    el que en este
    momento llama más la
    atención es el que tiene
    que ver con la
    globalización de las
    leyes penales. Y es
    simple, el centro de las
    preocupaciones de la
    sociedad colombiana
    sigue siendo la
    posibilidad de encontrar
    una salida negociada al
    conflicto armado y
    político que vive el país
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    62 Semestre Económico
    BIBLIOGRAFÍA
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  15. De las armas a la política. Compiladores Ricardo Peñaranda y Javier Guerrero. TM Editores -
    IEPRI. 2003.
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