the new world order
EL NUEVO ORDEN MUNDIAL
Cruz Elvira Correa Restrepo
RESUMEN
Este artículo pretende revisar algunos de los elementos que sustentaron el orden
mundial (Bipolar) que rigió desde el período de la Posguerra, hasta la caída del
comunismo a finales de la década de los ochenta. De igual manera, repasar los
fenómenos de carácter político, social y económico que permitieron configurar un
nuevo orden (Unipolar) que empezó a gestarse en los inicios de los años noventa y
que parece haberse consolidado como resultado de los actos terroristas del 11 de
septiembre de 2001 en Nueva York y Washington. Por último, toma el caso colombiano
para analizar cómo el nuevo orden mundial tiende a influir de manera
incontrolada, en la posibilidad de estructurar una salida negociada al conflicto
armado interno, mediante una negociación política.
ABSTRACT
This article aims at reviewing some of the elements that supported the world order
(Bi-polar) which reigned from the postwar period till the fall of Communism in the
late 80s; likewise, it aims at skimming through the political, economical and social
phenomena that led to the configuration of a new order (uni-polar) that started to
grow at the beginning of the 90s and seems to have been consolidated as an outcome
of the terrorist acts of 9/11, 2001 in New York and Washington. Finally, it
focuses on the Colombian case in order to analyze how the new world order tends
to uncontrollably influence on the possibility to structure a negotiated solution to
the internal armed conflict, through political negotiations.
44 Semestre Económico Cruz Elvira Correa Restrepo
INTRODUCCIÓN
Para hacer referencia al nuevo orden mundial
es importante establecer algunos elementos
que determinaron el orden anterior
y que tienen que ver, específicamente,
con las consecuencias de la aplicación de
los distintos modelos económicos que
oscilaron entre el liberalismo económico
y el intervensionismo de Estado, pasando
por la estrategia de seguridad nacional
de la posguerra, el tratamiento de la
doctrina de los Derechos Humanos y, por
supuesto, el caso colombiano y las
implicaciones que los actos terroristas
ocurridos en Nueva York y Washington en
septiembre de 2001 tienen dentro de la
concepción nacional e internacional del
conflicto armado interno, con miras a una
posible salida negociada.
Básicamente, el orden anterior se fundamentó
en lo que se llamó el mundo bipolar,
es decir, la división de las lealtades de
los distintos países entre los Estados Unidos
y la Unión Soviética y el ejercicio y
ostentación de poder de estas dos superpotencias
en los campos económico, político
y militar.
Teniendo en cuenta que los distintos Estados
oscilaron entre la aplicación de liberalismo
económico y el intervensionismo
estatal –este último más o menos
moderado según las circunstancias– nos
detendremos un poco en el Neoliberalismo
por tratarse del modelo de mayor
aplicación en la actualidad, en todo el
mundo occidental.
- NEOLIBERALISMO
Con el ánimo de precisar conceptos: se
conoce como neoliberalismo al modelo de
desarrollo que propende por la libertad
de los mercados, en los que la intervención
del Estado tiende a limitarse a los
aspectos necesarios para garantizar la eficiencia
y flexibilidad de la economía. Y
como globalización al proceso que tiende a
la creación de un sistema económico
mundial, con un mercado global de bienes,
servicios, capitales y fuerza de trabajo.
También se aplica a la creación de redes
políticas, culturales, de comunicaciones,
ecológicas y técnicas que abarquen
a todo el mundo.
Ahora bien, a la par con la generalización
de la crisis estatal se dio un vertiginoso
desarrollo tecnológico en el campo de las
telecomunicaciones. La era de la información
evidenció la posibilidad de realizar
operaciones financieras y comerciales
entre los más recónditos sitios del planeta,
de manera instantánea y en tiempo
real. Así se abrió paso el fenómeno de la
globalización haciendo indispensable
rediseñar las formas de participación na-
El nuevo orden mundial 45
cional, regional y local en los mercados
regionales e internacionales. Este desarrollo
en telecomunicaciones permitió que
el fenómeno de la globalización penetrara
de forma avasalladora e incontenible
en, prácticamente, todos los rincones del
planeta. A raíz de este hecho brotó una
nueva situación que profundizó aún más
la crisis del Estado: el concepto tradicional
de soberanía tendió a revaluarse.
Los diagnósticos en cuanto a ineficiencia,
ineficacia, deuda externa, brecha fiscal,
corrupción y desbordado tamaño del Estado
se conjugaban con la propuesta de
apertura económica y libre mercado; propuesta
que, por supuesto, estuvo acompañada
de las consabidas presiones de
organismos financieros internacionales
para ser aplicada de forma inmediata.
El neoliberalismo, entonces, se formuló
con la pretensión de disminuir el tamaño
del Estado, atacar la brecha fiscal, conseguir
mayor eficiencia y eficacia en el manejo
de los recursos, mejorar la gestión
pública y disminuir la deuda externa. Para
conseguir esto se planteó que el Estado
redujera de manera sustancial su intervención,
dándole paso nuevamente al florecimiento
de la iniciativa privada.
Se puso en tela de juicio la conveniencia
de que el Estado mantuviera una marcada
injerencia en actividades económicas
de naturaleza privada. Es así como se
plantea que para asegurar una función
estatal adecuada éste se concentre en temas
como: mantener el monopolio de la
fuerza, administrar justicia, legislar y manejar
las relaciones internacionales con
otros Estados, permitiéndole al sector
privado maniobrar de acuerdo con las
nuevas tendencias globalizadoras y del
libre mercado.
Se dice que el neoliberalismo es una teoría
globalizadora y que ha colaborado muy
directamente con fuerzas globalizadoras.
Es indudable que la revolución de las comunicaciones
y la extensión de la tecnología
informática están estrechamente
vinculadas con el proceso globalizador.
Los neoliberales aplican a escala mundial
la filosofía que les guía en sus compromisos
más locales. Asumen que el mundo
progresará más si se permite a los mercados
funcionar con pequeñas interferencias
o sin ellas.
En el período comprendido entre 1990 y
1994, durante la presidencia de César
Gaviria Trujillo, Colombia inicia el tránsito
hacia la implementación del modelo
de política económica neoliberal. Es en
ese período cuando se inician, con toda
decisión por parte del gobierno, los procesos
de apertura económica enmarcados
en apertura comercial y cambiaria, control
de la inflación y de la emisión mone-
46 Semestre Económico
taria, la independencia del Banco de la
República, la modernización del sistema
tributario, la privatización de algunas empresas
del Estado –con lo cual se pretendía
contribuir a atacar el déficit fiscal y a
reducir la deuda externa–, la liberalización
financiera, el control a los monopolios y
la reducción de las estructuras estatales
innecesarias. Sin embargo, como en muchos
otros países que aplicaron políticas
de privatización, el alivio no se vio y la
brecha fiscal continúo creciendo.
Es indudable que, principalmente los paí-
ses en vía de desarrollo, no estaban preparados
para asumir las consecuencias
resultantes de la apertura. La competitividad
de los productos nacionales en los
grandes mercados del mundo globalizado
fue casi nula. La apertura económica estuvo
acompañada de una falta absoluta
de previsión gubernamental en el diseño
y aplicación de políticas públicas que inyectaran
gradualismo a la inmersión de
los mercados nacionales en el complejo
mercado global.
La producción nacional tanto agrícola
como industrial se ha visto peligrosamente
afectada por la invasión –sin ningún tipo
de control– de productos y mercancías traí-
das del extranjero, especialmente del lejano
Oriente. A título de ejemplo, vemos
cómo la economía de los denominados
Tigres asiáticos, en cambio, presenta un
crecimiento desbordado, gracias al aprovechamiento
de ventajas comparativas
como el exceso de mano de obra y el desarrollo
tecnológico que les permite abaratar
costos a niveles casi ridículos, si se
comparan con las posibilidades de otros
países en vía de desarrollo.
En los últimos años del siglo pasado y los
primeros de éste se han conformado infinidad
de movimientos en contra de las
políticas neoliberales y de globalización.
Se escuchan múltiples argumentos que
critican los resultados de la aplicación de
estas políticas y sus efectos nefastos en
las posibilidades de desarrollo para la
gran mayoría de los países y su innegable
incidencia en el deterioro de la calidad
de vida de las personas.
Es evidente que fenómenos como la rápida
concentración de la riqueza, la exclusión
económica, social y política y el empobrecimiento
acelerado de millones de
personas en todo el mundo, influyen marcadamente
en procesos de inestabilidad
política. De igual manera, la descomposición
social y la pobreza acompañan procesos
de desestabilización democrática y
violencia generalizada. Todos estos fenó-
menos se consideran abiertamente relacionados
con el neoliberalismo; por ello
han empezado a levantarse voces que exigen
una alternativa que reduzca sus efectos
devastadores y permita que, a partir del
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rediseño de políticas públicas, los Estados
consigan incluir a más personas en los procesos
productivos con miras a incrementar
sustancialmente el ingreso individual y
colectivo en aras de mejorar la capacidad
de consumo y con ello la calidad de vida
de las comunidades. Esta alternativa se ha
denominado “La tercera vía”.
Entre tanto, son muchas las discusiones
y diagnósticos de corte filosófico, econó-
mico y político dirigidas a contrarrestar los
efectos perversos del neoliberalismo y la
globalización. Incluso, se ha llegado a
pensar en la desaparición de la figura de
Estado, debido a la enorme crisis a raíz
de su debilitamiento surgido de su mal
manejo y desastroso funcionamiento. De
cualquier manera, no tiene muchos sentido
suponer que el Estado y el gobierno
se hayan vuelto irrelevantes. En la práctica
no ha podido demostrarse que los
mercados puedan reemplazar totalmente
al gobierno en ninguna de las tareas
que éste desarrolla; tampoco se ha demostrado
que puedan hacerlo los movimientos
sociales u otras clases de organizaciones
no gubernamentales, por muy
significativas que se hayan vuelto.
Sin embargo, nadie pareciera tener ya alternativas
al capitalismo –los debates que
se mantienen atañen a la extensión y las
formas en que el capitalismo debiera ser
dirigido y regulado–. - LA TERCERA VÍA
Tratando de controlar los efectos del liberalismo
salvaje, ocasionados por la
aplicación de la política económica
neoliberal, la teoría de La tercera vía surge
en la política moderna no sólo como una
posibilidad, sino como una necesidad.
Los valores de La tercera vía se centran en:
igualdad, protección de los débiles, libertad
con autonomía, ningún derecho sin
responsabilidad, ninguna autoridad sin
democracia, pluralismo cosmopolita y
conservadurismo filosófico.
Es evidente que
fenómenos como la
rápida concentración de
la riqueza, la exclusión
económica, social y
política y el
empobrecimiento
acelerado de millones
de personas en todo el
mundo, influyen
marcadamente en
procesos de
inestabilidad política.
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48 Semestre Económico - El mundo bipolar
• La supremacía de las dos potencias:
EE.UU. y URSS
La Segunda Guerra Mundial tuvo grandes
consecuencias para Colombia. Las hostilidades
entre los países enfrentados afectaron
la economía al producir una escasez
de bienes importados, al hacer más
difícil el transporte de las exportaciones
y al reducir los ingresos del gobierno por
concepto de gravámenes comerciales. En
el campo político, Colombia cooperó durante
la Guerra con los Estados Unidos
con el suministro de bienes estratégicos
y el apoyo a decisiones internacionales
relacionadas con la defensa continental.
La Segunda Guerra Mundial fue vista como
el triunfo de las fuerzas de la libertad
sobre los sistemas totalitarios, y generó
en el país, como en otras latitudes, un nuevo
nacionalismo que defendía los valores
de soberanía y autodeterminación nacionales.
Más tarde, durante la posguerra
surgió la política mundial denominada
Guerra Fría. Como consecuencia de esta
política el mundo se dividió en torno a
dos polos de poder con ideologías distintas:
el capitalismo liderado por los Estados
Unidos y el comunismo por la Unión
Soviética. Colombia, como la mayoría de
los países de América Latina, estuvo bajo
la órbita de Norteamérica.
• La estrategia de seguridad nacional
durante la Guerra Fría
Europa fue, durante cinco décadas, después
de la Segunda Guerra Mundial, el
centro del tablero estratégico en lo referente
a seguridad mundial. Casi todo giraba
alrededor de la frontera entre las dos
Alemanias o afectaba al delicado balance
de terror entre el Este y el Oeste.
Las dos potencias mundiales se preocupaban
por mantenerse informadas acerca
de los movimientos de su adversario.
El desarrollo de tecnología para elaboración
de armamento nuclear iba a la par
con el interés expansionista de la Unión
Soviética y el interés imperialista de los
Estados Unidos de América.
La marcada polarización en los modos de
producción capitalismo y comunismo que
se cristalizó con la llamada “crisis de los
mísiles de Cuba” en el gobierno de John
F. Kennedy, fijó la línea de los intereses y
lealtades de los demás países con respecto
a Oriente y a Occidente .
Las dos potencias, entonces, fundamentadas
en su poderío nuclear protagonizaron
grandes tensiones políticas, econó-
micas y militares, que pretendían minar
sus regímenes políticos. En una batalla
que se libraba entre las fuerzas de la democracia
y el totalitarismo.
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• La Doctrina de Seguridad Nacional
Los Estados Unidos basados en su poderío
económico y nuclear identificaron la
expansión del comunismo como su más arraigado
enemigo estratégico. De tal suerte
que definieron como “enemigo interno”
a los “incipientes movimientos comunistas”
que se multiplicaban por casi todos
los países en vía de desarrollo. En América
Latina, especialmente, sustentaban las
ideas socialistas desde el auge y crecimiento
de los movimientos sindicales y
la protesta social.
Para el caso específico de Colombia se
debe tener en cuenta que tanto los movimientos
insurgentes, como la protesta
social y la oposición fueron asumidos por
igual y calificados, dentro de la Doctrina
de Seguridad Nacional liderada por Washington,
como “enemigo interno”. Simplificando
el concepto, “enemigo interno”
se consideró cualquier grupo o individuo
que con su actividad intentara cambiar el
régimen político defendido por los Estados
Unidos.
En este contexto, las Fuerzas Militares de
Colombia han manejado el conflicto armado
interno desde la perspectiva de
“guerra de baja intensidad”. Distintos
analistas coinciden en afirmar que los
militares tendrían gran interés en la perpetuación
del conflicto interno colombiano
porque les proporciona beneficios y
les justifica mantener una cuota de poder
político e institucional que en tiempos de
paz sería insostenible.
Para ilustrar un poco esta situación se incluyen
algunos fragmentos del texto “Sistemas
de Guerra” del autor Nazih Richani:
“...Bajo condiciones de guerra civil, dicho arreglo facilitaba
a los militares un amplio margen de acción para
articular una estrategia contrainsurgente que catalogaba
a la mayoría de la oposición bajo el mismo título de
“enemigo del Estado”, sujetándola así a la supresión y
hasta la liquidación física. Sin embargo, esta estrategia
contrainsurgente era primordialmente de contención más
que de guerra total. Se basaba en mantener a los grupos
guerrilleros por fuera de las áreas económicas y de los
centros políticos, y sus principios eran tomados de la
doctrina de guerra de baja intensidad. Se centraba en
mantener un rígido control sobre áreas urbanas vitales
por medio de la eliminación de líderes sindicales, activistas,
aliados de las guerrillas y opositores políticos en
general. En parte, esta estrategia se vio afectada por tres
factores principales: a) recursos limitados y equipos insuficientes
a disposición de los militares; b) respaldo estadounidense
a una estrategia de contención por encima
de una costosa guerra de alta intensidad; c) percepción
de que la guerrilla no constituía una amenaza contundente
a la seguridad del Estado ni a la base económica
del país, ya que en gran parte la actividad insurgente
tenía lugar en la zonas rurales.
Las opciones estratégicas tomadas por los militares para
invertir más en la administración que en el incremento
de sus capacidades de combate ha contribuido a un
impasse militar con la insurgencia. Este impasse fue lo
suficientemente cómodo para permitir a los militares
desarrollar su institución –la tercera del país; por su
tamaño se sitúa sólo después de los conglomerados de
negocios más grandes del país, el Sindicato Antioqueño
y el Grupo Santo Domingo– mediante el abultamiento
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50 Semestre Económico
de su burocracia, incrementos salariales, pensionales y
otros beneficios. Sencillamente el cómodo impasse permitió
a los militares acumular recursos significativos
que no hubieran podido conseguir bajo condiciones de
paz o en medio de un conflicto de alta intensidad. Esto
explica los intereses institucionales que tienen los militares
en la perpetuación de un conflicto de baja intensidad
que se caracteriza por la contención y no por una guerra
abierta, que resulta más costosa.
Documentos recientemente desclasificados por el Departamento
de Estado de Estados Unidos pueden ser útiles
para responder a esa pregunta. En una de sus evaluaciones
por país, un informe de 1972 que se titula “Las
razones para descartar el objetivo de eliminar a la insurgencia”
se afirma: “Al medir el nivel de insurgencia en
Colombia (se debe considerar) a) la actual efectividad de
la insurgencia, incluso su impacto en el gobierno establecido
y b) el potencial de la insurgencia”. Se concluyó que
las guerrillas no constituían una amenaza contundente
en los años setenta. Por consiguiente, este informe de
1972 del Departamento de Estado recomendaba que se
continuara con la misma política y afirmaba: “Estas
consideraciones todavía son válidas hoy, y limitan el
objetivo viable tanto para el gobierno colombiano como
estadounidense a la contención en lugar de la eliminación.
La combinación de recursos colombianos y estadounidenses
está diseñada para lograr este objetivo, mientras
que la eliminación requeriría enormes recursos que
serían mejor utilizados para otros fines”.
Por consiguiente, detrás de la reticencia de Estados Unidos
a comprometer mayores recursos para la guerra,
estaba la suposición de que la amenaza guerrillera era
mínima (menos de 700 insurgentes a comienzos de los
setenta). Por lo tanto, en cuanto a costos sería más efectivo
invertir en la ayuda en proyectos sociales que fortalecerían
el poder político del Estado. La política de contención
diseñada por Estados Unidos ha ejercido una
fuerte influencia en la doctrina de seguridad y su correspondiente
estructura, considerando que la mayoría de
los miembros del establecimiento militar fueron entrenados
en Estados Unidos o en la base de Panamá, donde
las doctrinas de “contención y guerra de baja intensidad”
eran el eje de los programas estudiados”.
• La defensa de los Derechos Humanos
Consecuencia en buena medida de la Revolución
Francesa, los fundamentos filosóficos
para el manejo del Estado se separaron
de la concepción del predominante,
hasta ese entonces, argumento del
origen divino del poder.
La Declaración de los Derechos del Hombre
y del Ciudadano, de 1789 en Francia,
buscó impulsar principios de igualdad, libertad,
libre expresión y respeto a la propiedad.
De igual forma, estableció la soberanía
y la aplicación de la separación
de poderes en el manejo del Estado.
Más adelante, en 1948, la ONU profirió la
Declaración Universal de los Derechos del
Hombre en la que se prescriben como
derechos inalienables de los individuos:
la igualdad; la libertad de pensamiento,
palabra y religión; la no discriminación
racial; el derecho al trabajo, a la propiedad,
a la educación y a la participación
en la prosperidad de la nación. Básicamente,
estas dos Declaraciones fundamentan
los principios de la Democracia.
En el Nuevo Orden Mundial es evidente
que los Estados Unidos han consolidado
un poder hegemónico en el mundo. Su
liderazgo se sustenta en su poderío económico,
tecnológico y militar. Si embargo,
requiere de elementos que le permiCruz
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tan persuadir a sus aliados más que obligarlos
o combatirlos. Es así como una vez
superada la teoría de la divinidad como
rectora de los destinos políticos de los
Estados fue necesario identificar y enarbolar
una bandera suficientemente aglutinante
y convincente: la defensa de los
Derechos Humanos.
Con esta bandera, el denominado “Imperio”
se inmiscuye en los asuntos internos
de los países, argumentando la defensa
de los Derechos Humanos y el ejercicio
libre de la Democracia, para contrarrestar
los gobiernos totalitarios o dictatoriales
que pudieran contribuir a la perturbación
de la paz mundial.
2.2. La globalización y la era del
conocimiento: lo local y lo global
Son muchas y muy variadas las reacciones
a favor y en contra de fenómeno de
la globalización. Las siguientes son algunas
de las apreciaciones del profesor
Joseph Stiglitz, premio Nobel de Economía
en 2001 y ex funcionario del Banco
Mundial:
“¿Qué es este fenómeno de la globalización, objeto simultáneo
de tanto vilipendio y tanta alabanza? Fundamentalmente,
es la integración más estrecha de los
países y los pueblos del mundo, producida por enorme
reducción de los costes de transporte y comunicación, y el
desmantelamiento de las barreras artificiales a los flujos
de bienes, servicios de capitales, conocimientos, (en menor
grado) personas a través de las fronteras. La
globalización ha sido acompañada por la creación de
nuevas instituciones; en el campo de la sociedad civil
internacional hay nuevos grupos como el Movimiento
Jubileo, que pide la reducción de la deuda para los países
más pobres, junto a instituciones muy antiguas como la
Cruz Roja Internacional. La globalización es enérgicamente
impulsada por corporaciones internacionales que
no sólo mueven el capital y los bienes a través de las
fronteras sino también la tecnología.
“...la mayoría de los países industrializados –incluidos
Estados Unidos y Japón– edificaron sus economías mediante
la protección sabia y selectiva de algunas de sus
industrias, hasta que fueron lo suficientemente fuertes
como para competir con compañías extranjeras. Es verdad
que el proteccionismo generalizado a menudo no ha
funcionado, pero tampoco lo ha hecho una rápida liberalización
comercial.
“La globalización en sí misma no es buena ni mala.
Tiene el poder de hacer un bien enorme, y para los países
del Este asiático, que han adoptado la globalización
bajo sus propias condiciones y a su propio ritmo, ha
representado un beneficio gigantesco, a pesar del paso
atrás de la crisis de 1997. Pero en buena parte del
mundo no ha acarreado beneficios comparables. Y a
muchos les parece cercana a un desastre sin paliativos.
“La experiencia estadounidense en el siglo XIX constituye
un buen paralelo de la globalización actual y el contraste
ilustra los éxitos del pasado y los fracasos del
presente. En los EE.UU. los mercados no se desarrollaron
libremente por sí mismos: el Estado desempeñó un
papel crucial y moldeó la evolución de la economía. El
Gobierno Federal empezó a regular el sistema financiero,
fijó salarios mínimos, condiciones de trabajo y, finalmente,
montó sistemas que se ocuparon del paro y el
bienestar; lidiando con los problemas que plantea un
sistema de mercado... El Gobierno aunque no emprendiera
políticas de tipo redistributivo, al menos acometió
programas cuyos beneficios fueron ampliamente compartidos,
garantizando un mínimo de oportunidades
para todos los estadounidenses”.
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52 Semestre Económico
Desde otra perspectiva, el Nuevo Orden
Mundial está fuertemente vinculado al redimensionamiento
de la gestión local para
lograr el desarrollo económico, político
y social de las regiones, asumiendo la
imperiosa necesidad de ingresar a la dinámica
de competitividad local, nacional,
regional e internacional, que las nuevas
circunstancias económicas y comerciales
imponen, a través del fenómeno de la
globalización, para poder participar en el
mercado mundial.
Al respecto se refieren Jordi Borja y Manuel
Castells, en su libro Local y Global:
“Las fuertes reacciones contra la globalización tiene
sus raíces no sólo en los perjuicios ocasionados a los
distintos países debido a políticas ideológicas, sino
también por las desigualdades que se han evidenciado
en el sistema comercial mundial. Es hipócrita pretender
ayudar a los países subdesarrollados obligándolos
a abrir sus mercados a los bienes de los países
industrializados y al mismo tiempo proteger los mercados
de éstos porque hace a los ricos cada vez más
ricos y a los pobres cada vez más pobres. Los gobiernos
deben y pueden adoptar políticas que orienten los crecimientos
de los países de modo equitativo.
La importancia estratégica de lo local como centro de
gestión de lo global en el nuevo sistema tecno-económico
puede apreciarse en tres ámbitos principales: el de la
productividad y competitividad económicas, el de la integración
socio-cultural y el de la representación y gestión
políticas.
Frente a la hegemonía de valores universalistas, la defensa
y construcción del particularismo con base histórica y
territorial es un elemento básico del significado de la sociedad
para los individuos. Sin un denominador cultural
común aglutinador de cada sociedad, ésta se fragmenta
en individuos y unidades familiares, que compiten entre
ellos y se sitúan de forma fragmentada frente a los flujos
globales de poder y riqueza. El potencial desintegrador de
dicha situación se acentúa en sociedades cada vez más
plurales en su cultura y en su composición étnica. La gran
aglomeración urbana, forma predominante de asentamiento
en un futuro inmediato, congrega individuos y
grupos con muy diversos referentes culturales y patrones
de comportamiento. Sin un sistema de integración social y
cultural que respete las diferencias pero establezca códigos
de comunicación entre las distintas culturas, el tribalismo
local será la contrapartida del universalismo global.
En los procesos de globalización los gobiernos locales
disponen de dos importantes ventajas comparativas con
respecto a sus tutores nacionales. Por un lado, gozan de
una mayor capacidad de representación y de legitimidad
con relación a sus representados: son agentes
institucionales de integración social y cultural de comunidades
territoriales. Por otro lado, gozan de mucha
más flexibilidad, adaptabilidad y capacidad de maniobra
en un mundo de flujos entrelazados, demandas y
ofertas cambiantes y sistemas tecnológicos descentralizados
e interactivos. Cierto que un particularismo mal
entendido puede generar competición excesiva y
destructiva entre distintas localidades y regiones. Pero
también es de esperar (y la experiencia reciente lo confirma)
que ciudades y regiones pueden construir redes cooperativas
y solidarias para negociar constructivamente
con las empresas hasta alcanzar acuerdos de interés común.
Desde luego que el tipo de instituciones locales y
regionales a que nos referimos está muy alejado de algunas
de las realidades municipales en el mundo, aún dominadas,
en el mejor de los casos, por la desinformación
y la burocracia y, en el peor, por el caciquismo y la
corrupción. Pero el potencial de los gobiernos locales como
formas ágiles de gestión de lo global, con la cooperación
de sus instituciones de tutela nacionales e internacionales,
puede desarrollarse a través de la capacitación de su
personal, de la modernización tecnológica de su gestión,
de la ampliación de sus recursos financieros y de sus
competencias administrativas”.
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53
- El mundo bipolar
- EL 11 DE SEPTIEMBRE DE 2001
Los dramáticos ataques terroristas contra
Nueva York y Washington marcaron el final
de los 90, mostrándonos a todos, a la fuerza
y sin previo aviso, el lado oscuro de la
globalización. Tuvimos que aceptar, también,
que éramos demasiado vulnerables,
un objetivo relativamente fácil para individuos
como Osama Bin Laden, enemigos
declarados del estilo de vida occidental.
Los ataques de Al Qaeda fueron los que
realmente cambiaron el modo de pensar
acerca de cómo preservar la seguridad. El
terrorismo se convirtió, de la noche a la
mañana, en la prioridad absoluta de la
agenda de la seguridad internacional, y
rápidamente se formó una vasta coalición
para luchar junto con Norteamérica contra
este enemigo tan escurridizo. El contraterrorismo
es aún una prioridad, y fruto
de las actuaciones colectivas que se
han venido llevando a cabo desde 2001,
miles de agentes de Al Qaeda han dejado
de estar operativos.
Pero, al mismo tiempo, otros cambios estaban
teniendo lugar, o acelerándose, en
el paisaje estratégico. El más importante,
probablemente, era la transformación de
la actitud de los EE. UU: de jugar un papel
asumido a regañadientes de especie de
gendarme pasó a desempeñar uno de
superpotencia global decididamente intervensionista;
de hecho, la única superpotencia
que queda. Como señaló el presidente
Bush hijo: “En una época de armas
de destrucción masiva, no podemos plantearnos
la opción de esperar a que nuestros
enemigos ataquen primero”. Los años
de Clinton consolidaron la superioridad
americana en todos los aspectos salvo en
la voluntad de asumir un papel decisivo
en el mundo. George W. Bush abandonaría
cualquier tentación aislacionista, incluso
el realismo pragmático de su padre, y
se convertiría en defensor del compromiso,
el cambio y la acción. Mantener el
poder ya no era suficiente para garantizar
la seguridad del pueblo americano, ésta
sólo podía alcanzarse ejerciendo ese mismo
poder para prevenir, desbaratar, disuadir
o derrotar.
a. Redefinición del enemigo estratégico
“el terrorismo”
La siguiente es la introducción hecha por
el presidente de los Estados Unidos a la
estrategia de seguridad rediseñada a raíz
de los atentados terroristas del 11 de septiembre
de 2001 en ese país, la cual ilustra
perfectamente la posición filosófica, polí-
tica y militar de su estrategia de seguridad:
“Las grandes luchas de siglo XX entre la libertad y el
totalitarismo finalizaron con una victoria decisiva para
las fuerzas de la libertad –y un solo modelo sostenible
nacional: libertad, democracia y libre empresa. En el
siglo XXI solamente aquellas naciones que comparten el
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54 Semestre Económico
compromiso de proteger los derechos humanos básicos y
de garantizar la libertad política y económica serán
capaces de extraer el potencial de su gente y asegurar su
futura prosperidad para el éxito. La gente en todo el
mundo quiere ser capaz de hablar libremente, elegir a
quienes los gobernarán, adorar como les plazca, educar
a sus hijos –hombre y mujer–; poseer propiedad y disfrutar
los beneficios de sus labores. Esos valores de libertad
son justos y verdaderos para cada persona, en cada
sociedad –y el deber de proteger esos valores contra sus
enemigos es el llamado común de todos los amantes de la
libertad en todo el globo y, en todas las edades.
Hoy Estados Unidos disfruta la posición de una fuerza
militar sin par y una gran influencia política y econó-
mica. Siguiendo nuestros principios y legados, nosotros
no usamos nuestra fuerza para presionar por una
ventaja unilateral. Al contrario, procuramos crear un
equilibrio de poder que favorece la libertad humana:
condiciones en las cuales todas las naciones y sociedades
pueden elegir por sí mismas los premios y los retos
de la libertad económica y política. En un mundo seguro
la gente será capaz de mejorar sus propias vidas.
Nosotros defenderemos la paz luchando contra los terroristas
y los tiranos. Conservaremos la paz construyendo
buenas relaciones entre los grandes poderes.
Extenderemos la paz incentivando las sociedades libres
y abiertas en cada continente.
Defender nuestra nación contra sus enemigos es el primero
y más fundamental compromiso del gobierno federal.
Hoy la tarea ha cambiado dramáticamente. Los
enemigos del pasado necesitaban grandes fuerzas armadas
y grandes capacidades industriales para poner en
peligro a América. Hoy las redes de personas que se
desempeñan en la sombra pueden traer grandes caos y
sufrimiento a nuestras costas, por menos de lo que cuesta
comprar un solo tanque. Los terroristas están organizados
para penetrar sociedades abiertas y mover el poder
de la tecnología moderna en contra nuestra.
Para derrotar esta amenaza debemos hacer uso de cada
herramienta de nuestro arsenal –el poder militar, una
mejor defensa de la Patria, la aplicación de la ley, la
inteligencia y esfuerzos vigorosos para cortar el financiamiento
terrorista–. La guerra contra los terroristas
de alcance global es una empresa global de duración
incierta. América ayudará a las naciones que necesitan
nuestra asistencia para combatir al terror. Y Amé-
rica responsabilizará a aquellas naciones que están
comprometidas con el terror, incluso a aquellas que
asilan a los terroristas –porque los aliados del terror
son los enemigos de la civilización–. Los Estados Unidos
y los países que cooperan con nosotros, no debemos
permitir que los terroristas desarrollen nuevas bases de
asentamiento. Juntos procuraremos privarles de un santuario
en cada esquina.
El peligro más grande que enfrenta nuestra nación radica
en el cruce del radicalismo y la tecnología. Nuestros
enemigos han declarado abiertamente que están
buscando armas de destrucción masiva, y la evidencia
indica que ellos están haciendo esto con determinación.
Los Estados Unidos no permitirán que estos esfuerzos
tengan éxito. Construiremos nuestras defensas contra
los mísiles balísticos y contra otros tipos de ataque.
En un mundo seguro la
gente será capaz de
mejorar sus propias vidas.
Nosotros defenderemos la
paz luchando contra los
terroristas y los tiranos.
Conservaremos la paz
construyendo buenas
relaciones entre los
grandes poderes.
Extenderemos la paz
incentivando las
sociedades libres y
abiertas en cada
continente.
Cruz Elvira Correa Restrepo
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55
Cooperaremos con otras naciones para negar, contener
y reducir los esfuerzos de nuestros enemigos para adquirir
tecnologías peligrosas. Y como sentido común y
autodefensa Estados Unidos actuará contra tales amenazas
emergentes, antes de que se formen completamente.
Nosotros no podemos defender a los Estados
Unidos y a nuestros amigos orando por lo mejor. Así
que debemos prepararnos para derrotar los planes de
nuestros enemigos usando la mejor inteligencia y procediendo
con determinación. La historia juzgará duramente
a aquellos que vieron venir ese peligro pero que
fracasaron en actuar. En el nuevo mundo en el que
hemos entrado, el único camino hacia la paz y la seguridad
es el camino de la acción.
Mientras defendemos la paz, también aprovecharemos
la oportunidad histórica de preservar la paz. Hoy la
comunidad internacional tiene la mejor oportunidad,
desde el surgimiento del Estado-nación en el siglo XVII,
de construir un mundo donde los grandes poderes compiten
en paz, en vez de prepararse continuamente para la
guerra. Hoy los grandes poderes del mundo nos encontramos
al mismo lado –unidos por los peligros comunes
de la violencia y el caos terrorista. Los Estados Unidos se
apoyarán sobre esos intereses comunes para promover
una seguridad global. Nosotros también, cada vez más,
estamos unidos por valores comunes. Rusia está en medio
de una esperanzada transición buscando su futuro
democrático y un socio en su guerra contra el terror. Los
líderes chinos están descubriendo que la libertad econó-
mica es el único recurso de la riqueza nacional. Con el
tiempo ellos descubrirán que la libertad política y social
es el único recurso de la grandeza nacional. América
incentivará el avance de la democracia y la apertura
económica en ambas naciones porque son los mejores
fundamentos para la estabilidad doméstica y el orden
internacional. Nosotros resistiremos fuertemente la agresión
de los otros grandes poderes –aún cuando damos la
bienvenida a su persecución pacífica de la prosperidad,
el comercio y el desarrollo cultural.
Finalmente los Estados Unidos usarán este momento
de oportunidad para extender los beneficios de la libertad
en todo el globo. Nosotros activamente trabajaremos
para traer la esperanza de democracia, desarrollo,
mercados libres y comercio libre a todos los rincones del
mundo. Los eventos del 11 de septiembre de 2001 nos
enseñaron que los Estados débiles, como Afganistán,
pueden representar un gran peligro a nuestros intereses
nacionales como Estados fuertes. La pobreza no convierte
la gente pobre en terroristas y asesinos. Sin embargo,
la pobreza, las instituciones débiles y la corrupción
pueden hacer a los Estados débiles vulnerables a
las redes terroristas y a los carteles de droga dentro de
sus fronteras.
Los Estados Unidos apoyarán a cualquier nación cuya
determinación sea construir un mejor futuro, buscando
premios de libertad para su gente. El comercio libre y
los mercados libres han mostrado su capacidad de sacar
a sociedad enteras de la pobreza –así los Estados
Unidos trabajará con naciones individuales, regiones
enteras y con la comunidad global de comercio, para
construir un mundo que comercialice en libertad y en
consecuencia crezca en prosperidad. Los Estados Unidos
entregarán gran asistencia en desarrollo, a través
de La Cuenta de los Retos del Nuevo Milenio, a naciones
que gobiernan con justicia, que invierten en su gente
y que incentivan la libertad económica. Nosotros
también continuaremos liderando el mundo, en los esfuerzos
para reducir el terrible impacto del VIH/SIDA
y otras enfermedades infecciosas.
Al construir un equilibrio de poderes que favorece a la
libertad, los Estados Unidos están guiados por la convicción
de que todas las naciones tienen responsabilidades
importantes. Las naciones que gozan de la libertad
deben luchar activamente contra el terrorismo. Las naciones
que dependen de la estabilidad internacional deben
ayudar a prevenir la propagación de armas de destrucción
masiva. Las naciones que buscan la ayuda internacional
deben gobernarse sabiamente, para que la
ayuda se gaste bien. Para que la libertad florezca, la
responsabilidad debe ser anticipada y requerida.
Nosotros también estamos guiados por la convicción de
que ningún Estado puede construir solo, un mundo seguro
y mejor. Las alianzas y las instituciones multilaterales
pueden multiplicar la fuerza de las naciones amantes de
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56 Semestre Económico
la libertad. Los Estados Unidos están comprometidos
con las instituciones duraderas como las Naciones Unidas,
la OMC, la OEA y la OTAN, tanto como con
otras alianzas duraderas. Las coaliciones de las personas
con voluntad pueden aumentar estas instituciones
permanentes. En todo caso, las obligaciones internacionales
deben ser tomadas seriamente, no deben ser realizadas
simbólicamente para procurar apoyo hacia una
idea sin concretar sus objetivos.
La libertad es una exigencia no negociable de la dignidad
humana; el derecho a nacer de cada persona -en
cada civilización. A lo largo de la historia la libertad ha
sido amenazada por la guerra y el terrorismo; ha sido
retada por las voluntades encontradas de Estados poderosos
y los designios malvados de los tiranos; y ha sido
puesta a prueba por la propagación de la pobreza y la
enfermedad. Hoy la humanidad tiene en sus manos la
oportunidad de llevar el triunfo de la libertad sobre todos
sus enemigos. Los Estados Unidos asumimos nuestra
responsabilidad de liderar esta gran misión.
George W. Bush
b. El mundo unipolar: la hegemonía del El mundo unipolar: la hegemonía del El mundo unipolar: la hegemonía del
“Imperio”.
Entre el 9 de noviembre de 1989 y el 11
de septiembre de 2001, el mundo sufrió
una transformación al evolucionar del
antiguo sistema bipolar, a un nuevo contexto
“posbipolar”.
La caída del muro de Berlín en 1989 puso
fin a cinco décadas de confrontación entre
el Este y el Oeste, dando paso a un
período de transición, los 90, en los que,
liberados de la amenaza que suponía el
impresionante arsenal nuclear de la Unión
Soviética, el conjunto de Occidente casi
en su totalidad empezó a pensar y a actuar
como si ningún otro riesgo pudiera
amenazarlo ya nunca más.
En los 90, como reseñó el profesor Fukuyama,
hubo una creencia colectiva de que
lo peor ya había pasado y de que la violencia,
el horror y el conflicto pertenecían al
ámbito de las sociedades arcaicas, las tribus
y los clanes étnicos. Los líderes de los
“Estados gamberros” eran pocos y se podían
controlar. Europa y Occidente, hablando
en términos generales, se encontraban
libres de amenazas militares directas.
Algunos grupos, esencialmente en los EE.
UU., avisaron durante aquel tiempo del
peligro que suponían ciertos escenarios
catastróficos en potencia, pero se trataba
de grupos marginales que carecían del
suficiente peso para desafiar la “versión”
oficial, según la cual, la Historia había llegado
a su fin y las guerras eran ya de baja
intensidad, escasas en número y, afortunadamente
para la seguridad global, tenían
lugar en sitios muy lejanos. La
“globalización” como algo prometedor
para todos era la palabra de moda, y no
“ataque”, “terrorismo” o “armas de destrucción
masiva”.
El nuevo orden internacional del siglo XXI
se ha denominado como mundo
“posbipolar”. Un mundo en forma de pirámide.
Mientras que sólo hay un claro y
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57
reconocible poder en la cima –el de los
Estados Unidos, existen diferentes culturas
(los lados de la pirámide) y ninguna
queda fuera del sistema. Para algunos,
unipolaridad y unilateralidad van de la
mano. Y ahí es donde han empezado la
mayoría de los problemas actuales: resulta
razonable admitir que se comparten
los mismos riesgos y las mismas amenazas
nacidas del terror de alcance global,
pero lo que ya no se comparte es el mismo
poder para combatirlo.
La seguridad posee un carácter global
porque ha de lidiar con amenazas y riesgos
globales, y porque debe movilizar recursos
globales con el fin de estar protegidos.
Y, por último, porque ya no se encuentra
confinada en un territorio especí-
fico; depende de las actuaciones y de la
estabilidad a escala global. - EL CASO COLOMBIANO
En Colombia son incontables los enemigos
tanto del neoliberalismo como de la
globalización. Sin embargo, pareciera ser
una realidad que estos fenómenos no tienen
marcha atrás. En la actualidad, más
que nunca, es evidente que el Estado colombiano
sigue lineamientos políticos y
económicos de los Estados Unidos. Además,
situaciones como la deuda externa,
el déficit fiscal y el conflicto armado interno
supeditan la toma de decisiones a los
requerimientos políticos y fiscales de los
organismos internacionales y de crédito.
Es indudable, también, que el comportamiento
de la economía colombiana está
directamente relacionado con las consecuencias
del conflicto armado. No obstante
lo anterior, se debe reconocer que
otros países que no soportan conflictos
armados han tenido comportamientos de
desarrollo y crecimiento económico con
peores resultados que los registrados en
Colombia, lo cual no le resta importancia
a la necesidad de recuperar la confianza
de los inversionistas nacionales y extranjeros.
Y el restablecimiento de esa confianza
tiene que ver con la aplicación de
políticas de seguridad que restituyan el
manejo y control del orden público a las
fuerzas institucionales del Estado.
No es posible tampoco desconocer los
estragos que ha ocasionado en Colombia
la creciente influencia del fenómeno
del narcotráfico, así como de grupos armados
al margen de la ley en vastos sectores
de la sociedad colombiana.
El conflicto armado es, pues, un elemento
fundamental en la definición de los
destinos de nuestro país. Una salida negociada
al conflicto puede hacer la diferencia
entre construir una paz duradera o
mantener indefinidamente un conflicto
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58 Semestre Económico
que no le aporta nada bueno al grueso
del pueblo colombiano.
En razón a que se hace inocultable que el
fenómeno del narcotráfico se ha convertido
en un importante medio para obtener
finanzas dirigidas a los actores armados
ilegales; y, que se evidencia la ausencia
de una normativa legal que permita
una negociación política del conflicto, se
requiere de algunas reflexiones acerca del
porqué del auge del narcotráfico en Colombia
y de la incidencia de la globalización
de la ley penal, en el marco del conflicto
armado interno colombiano.
a. El fenómeno del narcotráfico
El fenómeno del narcotráfico permitiría
realizar infinidad de estudios desde perspectivas
distintas, y cada uno de ellos
mostraría realidades, para nosotros familiares
o talvez insospechadas. La intención
de las siguientes líneas es presentar
una visión que nos permita reflexionar
acerca de la responsabilidad compartida
que tenemos frente a las consecuencias
nefastas del tráfico de drogas. Y me refiero
a la responsabilidad, porque si bien es
cierto que en Colombia los vínculos con
el narcotráfico son innegables en todos
los sectores, públicos y privados, de la
sociedad, también lo es que es uno de
los tantos problemas “importados” que
ha tenido que sufrir nuestro país, gracias
a la injerencia directa de políticas externas,
norteamericanas especialmente.
Tomado del profesor Javier Guerrero Barón,
en su texto “De las armas a la política”
veamos algunos apartes:
... un punto de partida de esta reflexión es que el
narcotráfico no fue únicamente un fenómeno económico.
En los años ochenta fue un instrumento armado de la
intolerancia política y social y tuvo un impacto, poco
estudiado, sobre el sistema político y sobre las relaciones
sociales y económicas. La democracia colombiana adolece
hoy de un problema fundamental y es que las violencias
no sólo han matado a millares de colombianos, sino
que ha impedido o distorsionado la participación y la
expresión de muchos sectores ciudadanos, aplazando dramáticamente
la construcción de una modernidad democrática,
pues ella no es posible sin garantías para la
oposición y para la protesta ciudadana.
El entrelazamiento de lo económico y lo político podría
contribuir a explicar por qué en Colombia se hizo tan
fuerte el ascenso del narcotráfico en los años ochenta y por
qué el conflicto político tuvo tan altos niveles de agudización.
Paradójicamente, en los años noventa se ha produciNo
es posible tampoco
desconocer los estragos
que ha ocasionado en
Colombia la creciente
influencia del fenómeno
del narcotráfico, así como
de grupos armados al
margen de la ley en
vastos sectores de la
sociedad colombiana.
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59
do un desplazamiento de actores: el narcotráfico que en los
ochenta fue un fenómeno que reforzó predominantemente
el polo de la contrainsurgencia, aparece en los noventa, no
como un aliado exclusivo de las fuerzas del establecimiento,
sino como una fuerza capaz de repartir sus acciones y
denarios del lado de la insurgencia o de la contrainsurgencia
o de ambos simultáneamente
¿Qué factores convirtieron a Colombia en la capital
mundial del tráfico de cocaína hacia los Estados Unidos
y posteriormente hacia Europa? Algunos trabajos ya
han formulado esta pregunta a la luz de las ventajas
comparativas, desde la economía. Pero, antes que las
indudables ventajas comparativas en lo económico, el
narcotráfico tuvo en Colombia ventajas comparativas
en el campo social y político. Por ello, tres contextos son
fundamentales para explicar su expansión. El primero,
el contexto social, el segundo, el contexto internacional de
las políticas hemisféricas de la administración Reagan y
el tercero, el contexto interno: la creciente deslegitimación
del régimen político.
En el primer contexto, en el campo social, tal vez no es
exagerado decir que en un país donde fracasaron los más
tímidos intentos de reforma agraria, con altos índices de
pobreza rural y urbana, donde los mecanismos de concentración
de la riqueza funcionaron y funcionan mejor que
los de redistribución y equidad en muchos campos, especialmente
en las relaciones laborales, con altas tasas estructurales
de desempleo, inequidad del gran capital en el
tratamiento a las pequeñas y medianas empresas, donde
los mecanismos de ascenso social, diferentes a la educación,
fueron relativamente escasos, el narcotráfico encontró
todas las posibilidades de crecer, en medio de un colapso
ético inducido desde la cúspide de la pirámide social,
por la convivencia con otras actividades ilegales como el
contrabando y varias prácticas de corrupción relativamente
extendidas, tanto en la esfera del sector estatal,
como en el sector privado, y que se reflejó en un paulatino
abandono de la “ética del trabajo” y otros valores tradicionales
que guiaban la conducta de los colombianos.
El segundo factor a tener en cuenta, es el contexto polí-
tico interno. Nuevas realidades políticas que indicaban
un avance de las fuerzas revolucionarias, radicalizaron
los métodos militares de las izquierdas: el
auge de las guerrillas a partir de los años setenta y a
comienzos de los años ochenta, la “urbanización de la
guerra”, la constante agitación campesina (ANUC),
los movimientos estudiantiles y barriales hicieron cada
vez más frecuentes las protestas y los paros cívicos. A
todo este clima se le suma el monopolio del ejercicio de
la política como herencia del Frente Nacional por parte
de los partidos tradicionales y la consecuente exclusión
de las posiciones disidentes. Pronto, el tratamiento indefectiblemente
policivo de la protesta ciudadana, la
legislación que estableció juicios sumarios y tribunales
militares para el juzgamiento de civiles, las diferentes
medidas que se tomaron en virtud del “Estado de Sitio”
permanente, fueron agrietando la confianza ciudadana
en las instituciones.
El narcotráfico hizo su aparición en medio de una situación
de debilidad institucional en la que el establecimiento
siempre vio como único peligro a la oposición
armada (y desarmada), mientras los peligros de la corrupción
y el narcotráfico siempre fueron minimizados y
vistos como secundarios.
El tercer contexto favorable al desarrollo del narcotráfico
es de carácter internacional y tuvo que ver con las polí-
ticas estratégicas de seguridad continental. El auge del
narcotráfico en los años ochenta fue favorecido de manera
determinante por su conexión temprana con un problema
definitivamente político: la vinculación directa a
los planes de contrainsurgencia. La tesis del surgimiento
de los carteles colombianos en el contexto internacional
de la guerra de “baja intensidad” contra la revolución
sandinista en Nicaragua y en general en las guerras
centroamericanas es cada vez más aceptable.
¿Cómo alcanzan las mafias colombianas el control de los
mercados de cocaína en tan corto tiempo, primero en el
estadounidense y luego en el europeo? Esta pregunta no la
podremos responder sin mirar el papel que ellas jugaron
en los años ochenta en la guerra centroamericana. Existen
los documentos que comprueban que en el llamado “escándalo
Irán-Contras” el general Oliver North y varias
dependencias de la misma Casa Blanca mantuvieron
durante cerca de tres años un negocio continuado que
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60 Semestre Económico
incluyó el tráfico de cocaína hacia los mercados estadounidenses,
a cambio de suministrar las armas necesarias
para la Contra y para las milicias iraníes, en operaciones
encubiertas de gran escala que se realizan desde 1984,
según se ha podido establecer, hasta 1987. Y el negocio no
fue únicamente con las mafias colombianas. Varios traficantes
estadounidenses y cubano-norteamericanos trabajaron
para la CIA en Centroamérica.
La llamada “guerra de baja intensidad” practicada por
los Estados Unidos en América Central constituye la explicación
al auge de los carteles colombianos y a su
politización. Centroamérica prometía convertirse en un
nuevo Vietnam y la guerra encubierta se había iniciado en - En octubre de 1984, el presidente Reagan había
sido desautorizado para usar fondos públicos para derrocar
a los sandinistas, e incluso para hacer cualquier tipo
de intervención indirecta, mediante la “Enmienda Boland”.
Esto lo colocaba en una situación difícil pues la CIA había
conformado dos ejércitos de mercenarios y de disidentes
antisandinistas y se les había prometido todo el apoyo
logístico y económico. Reagan hasta los declaró “héroes” y
“luchadores por la libertad” y dentro de la óptica de los
planes de contención a la revolución nicaragüense para
evitar su expansión a los demás países latinoamericanos
con presencia guerrillera, era indispensable financiar estos
ejércitos. Al respecto afirma la Comisión Kerry del Senado
del país del norte: “Hay pruebas de que en las zonas de
combate miembros de la Contra, mercenarios al servicio
de los Contra, y auxiliares de la Contra en toda la región
se entregaron al tráfico de droga. Está claro que la red de
apoyo de los Contra era utilizada por el tráfico de droga
organizado y que los mismos elementos de la Contra recurren
con pleno conocimiento de causa a una ayuda financiera
y material por parte de traficantes de droga....”.
b. El conflicto armado interno
en el contexto de la globalización
de la ley penal
Como se vio anteriormente, el fenómeno
de la globalización ha tenido distintos
efectos sobre Colombia. Pero tal vez el que
en este momento llama más la atención
es el que tiene que ver con la globalización
de las leyes penales. Y es simple, el centro
de las preocupaciones de la sociedad
colombiana sigue siendo la posibilidad de
encontrar una salida negociada al conflicto
armado y político que vive el país desde
hace algo más de medio siglo.
Han sido múltiples los intentos fallidos por
alcanzar una paz duradera y estable para
Colombia. De hecho, los procesos que
permitieron figuras como indulto y amnistía
para los insurgentes presentaron graves
fallas, tanto porque no se cumplieron
a cabalidad los acuerdos alcanzados en las
mesas de negociación como porque las
organizaciones subversivas continuaron
enarbolando los argumentos de la no superación
de las “causas objetivas” que dieron
origen a la confrontación armada.
Con todo y eso la reinserción a la vida
civil, producto de las distintas negociaciones,
permitió que la sociedad colombiana
expresara su decisión de reconciliación
y tratara de solucionar con sus propias
iniciativas legislativas y sus propios mé-
todos los conflictos con la subversión.
En la actualidad las cosas han cambiado.
El fenómeno de la globalización alcanzó
también a la justicia penal y la internacionalizó.
Algunos delitos se tipificaron casi
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como “patrimonio de la humanidad”, lo
que propició una honda crisis en la tradicional
concepción de la soberanía estatal,
puesto que ahora los tribunales internacionales
de justicia tienen injerencia directa
en la aplicación local del derecho penal y
se atribuyen la posibilidad de castigar todos
aquellos actos y personas que -de
acuerdo con esta nueva concepción de la
normativa penal globalizada- no fueron
adecuadamente juzgados y condenados.
Pero a la par con esta situación, se ve
cómo la aplicación de la justicia penal internacional
se erige como un obstáculo
de grandes dimensiones frente a una intención
de salida negociada al conflicto,
en las actuales circunstancias. La guerra
de carácter irregular que se ha desarrollado
en nuestro país presenta, como cotidianos,
delitos expresamente contenidos
en la normativa penal internacional como
son: el secuestro, la extorsión, los delitos
de lesa humanidad, las masacres, las desapariciones,
la vinculación de los niños a
la guerra, el terrorismo, entre otros.
Colombia ha suscrito prácticamente todos
los convenios internacionales relacionados
con el sometimiento a la justicia
penal internacional. Y ahora, hemos de
esperar que la creatividad y el ingenio del
gobierno y de los actores armados al margen
de la ley que quieran negociar, encuentran
salidas jurídicas que permitan
dar prioridad a la conveniencia nacional
por encima del sometimiento a ordenamientos
legales internacionales que pueden
ir en abierta contravía con el máximo
interés del pueblo colombiano: una paz
sólidamente construida y perdurable en
el tiempo.
...el fenómeno de la
globalización ha tenido
distintos efectos sobre
Colombia. Pero tal vez
el que en este
momento llama más la
atención es el que tiene
que ver con la
globalización de las
leyes penales. Y es
simple, el centro de las
preocupaciones de la
sociedad colombiana
sigue siendo la
posibilidad de encontrar
una salida negociada al
conflicto armado y
político que vive el país
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62 Semestre Económico
BIBLIOGRAFÍA - El malestar en la globalización. Joseph E. Stiglitz. Editorial Taurus. Bogotá, 2002.
- El Fin de la Historia y el Último Hombre. Francis Fukuyama. Editorial Planeta. Barcelona,
- Local y global. Jordi Borja y Manuel Castells. Editorial Taurus. España, 1999.
- La Tercera Vía. Anthony Giddens. Editorial Taurus. Bogotá, 1999.
- La anarquía que viene. Robert D. Kaplan. Ediciones Sine Qua Non. Barcelona, 2000.
- El conflicto, callejón con salida. Informe Nacional de Desarrollo Humano. Colombia, 2003.
- Terrorismo y Seguridad. Reinaldo Botero y otros. Editorial Planeta y Semana. 2003.
- Documento: Estrategia de seguridad nacional de los Estados Unidos. Septiembre de 2003.
- Documento: Reinventando la seguridad global. Eduardo Serra Rexach. Real Instituto Elcano.
España. 11 de junio de 2003. - De las armas a la política. Compiladores Ricardo Peñaranda y Javier Guerrero. TM Editores -
IEPRI. 2003. - Sistemas de Guerra. Nazih Richani