UN RECUERDO PARA EL NEGRO TESTAMAR

in #avefenix7 years ago (edited)

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Entre los años 50, 60,70, más o menos, habitó El Negro Testamar una pieza estrecha alquilada por el comerciante don Juan Aguilar Solaine en la calle Comercio a la altura de La Alameda de nuestra comunidad de Las Tablitas de Villa de Cura, estado Aragua, Venezuela.

El Negro Testamar, como cariñosamente nos acostumbraron a llamarlo, desempeñó un oficio poco común. Era un arte nuevo, el único reparador de sombreros en la región, contaba con una gruesa clientela. A diario se podía observar sentado en una silleta recostado frente a su taller zurciendo y cepillando toda clase de sombreros por encargos, sobre todo pelo'eguama de los que usa el llanero y también de viejos y nuevos modelos. Por allí desfilaba mucha gente de otras ciudades y pueblos, ganaderos y paisanos. Tenía una especie de lavandería de ese distintivo masculino muy usual por los caballeros en aquella bella época.

Su verdadero nombre de pila era Jesús María Arrabate. El historiador Oldman Botello me refirió en una oportunidad que al Negro le gustaba hacerse llamar Testamar, como lo conocía la mayoría, porque este era el apellido de su padre. Jesús María llegó a Villa de Cura jovencito entre los 20 y 25 años de edad. Se granjeó muchas amistades por su carácter jovial y bonachón.

Alto, grueso, bebedor, glotón, de ojos brotados y rostro rochelero. Sempiterno solterón, hembrero y elegante piropeador de las damas que pasaban por el frente. En un tiempo era un cliente frecuente de las tabernas de mujeres caderudas en la antigua Alameda Crespo.

Se piensa que había nacido en San Fernando de Apure donde se residenció la familia. Los apellidos Testamar y Arrabate son originarios de Ciudad Bolívar y Caicara de Orinoco. Le gustaba la comida preparada por él mismo, cocinada en uno de esos artefactos antiguos llamados “Primo”. Cuando le llegaban amigos en un coroto de totuma hacia una preparación fría y rápida de aliñado de tomate, cebolla y ají dulce con agregado de sardinas en lata o atún.

Le gustaba leer en revistas y periódicos todas las mañanas. Tenía fuerte y buena voz para el canto, cada vez que se reunía con don Ángel Briceño, Esteban Nieves o el pollo Osío, actuaba cantando tangos y valses criollos.

Así conocimos siempre al Negro Testamar. Lo mejor que puedo recordar es que disfrutamos mucho de su amistad desde que éramos de 8 años, porque fue un gran amigo de mi familia. Cuando ya hecho hombre me tocó levantar tienda aparte, siempre visitaba mi casa. Soy de tan mala memoria que no logro recordar el año de su deceso en La Villa donde reposa su huesera. Que en paz descanse tu alma, Negro.


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NOTA: Fotos tomadas de la revista Expresión número 51/2011

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Excelente artículo que nos trae brisas del ayer, gracias por tomarse el tiempo de investigar, escribir y compartir acerca de esos personajes del pasado que de otra manera quedarían en el olvido y gracias a usted siguen viviendo. Merecidos upvote y reestim.

Gracias a sayury por compartir y comentar