Temas entorno a la filosofía Platónica.
ESP:
Sophos, formador de la syneidesis:
Hemos tenido ocasión de presentar a la gran figura de Sócrates en el tratamiento de la «syneidesis», que como se ha podido ver es un saber íntimo de sí mismo, por lo tanto, metafísico y no psicológico. Por otro lado, veíamos como la misión de Sócrates se convierte en la delicada tarea de todo ser humano que busca la «sophia», es decir de todo los «sophos», que es en el fondo la definición de «philosophos».
Ahora bien, está manera de comprender la conciencia moral, parte de un reconocimiento, es decir no es creadora de la norma moral. Porque, está fundamentada en el descubrimiento de una realidad que no me la doy yo mismo, como refleja el testimonio de Sócrates platónico. Por ello, cuando se plantea la problemática entre la conciencia y la verdad, se apela a una conciencia autónoma frente a la ley dada por la autoridad competente. En el fondo la disputa está que quien subordina a quién.
Es decir, a la hora de realizar los actos, se obedece a la conciencia, que busca ser autónoma, por ende subjetiva, o a la norma que es dada por la autoridad, exterior a la misma conciencia. Por lo tanto, es comprender a la conciencia como norma suprema del actuar, siendo así infalible. Pero, este planteamiento surge en la modernidad, como explica Jacinto Choza, al manifestar que:
«La noción de conciencia ocupa un lugar central en la filosofía moderna, lo que no ocurre en la clásica. El hombre no se ha entendido siempre así mismo como conciencia. Hoy se entiende a la conciencia como o bien como lo más humano, como lo más profundo e íntimo que el hombre posee y es. Se habla así de «la libertad de conciencia», de «actuar en conciencia» o del «santuario de la conciencia»
En definitiva, comprender así a la conciencia moral llega a anula toda posibilidad de alcanzar la verdad, incluso moral sobre el hombre. Además de poner en riego la libertad, ya que podría representar reflejos de hechos sociales previos.
Esta forma de afirmar el valor de la conciencia surge del pensamiento protestante. En cuanto a la actitud que se tiene frente a la autoridad que la niega frente a la libre interpretación de la Sagrada Escritura. La fuerza de este pensamiento está en la radical separación entre la fe y la razón, como es el sustrato de todo el pensamiento protestante. Mientras que, en lo católico se funda en la afirmación fides et ratio, para alcanzar la verdad. Esto se puede plantear desde la misma imagen de Sócrates, como lo expone Choza, en los siguientes términos:
«El conflicto afectivo tiene una doble condición de posibilidad. Una temporalidad plural y que el saber no basta para asegurar el control de los deseos…según esto último la posición de Sócrates (Pitágoras, 352 b) es contraría señalando que no hay incontinencia, porque nadie obra contra lo mejor sabiendo, sino por ignorancia.»
Pero, hablando de la conciencia en relación a la afectividad está en una clara la diferencia entre Freud y Sócrates. Porque, en Sócrates el conocimiento ejerce dominio a beneficio propio, pero para Freud la conciencia ejerce el suyo a beneficio de cualquier situación social. En ese sentido, Ratzinger, nos propone una interpretación muy sugerente de la conciencia en Sócrates. Nuestro, autor abandona el concepto medieval de sindéresis, para referirlo a la conciencia, para centrarse en el concepto de anamnesis.
Que, para Ratzinger, tendría una armonía entre la lingüística y el pensamiento filosófico más puro y además está en consonancia con el pensamiento bíblico y con la antropología bíblica. La palabra anamnesis partiría de un fundamento ontológico de la conciencia, porque apela a que en «nosotros se ha insertado algo así como un recuerdo primordial de lo bueno y de lo verdadero (ambos son idénticos). En ella existe una íntima tendencia ontológica de ser creado a imagen de Dios a promover lo conveniente.»
Por ello, la anamnesis sería un resultado de la nuestra propia realidad ontológica.
«Esta anamnesis del origen, que resulta de la constitución de nuestro ser, que está hecho para Dios, no es un saber articulado conceptualmente, un tesoro de contenidos que se pudiera reclamar, sino un cierto sentido interior, una capacidad de reconocer, de suerte que el hombre interpelado por él y no escindido interiormente reconoce el eco en su interior. Ve que eso es a lo que remite su naturaleza y hacia lo que quiere ir. La anamnesis del Creador, que se identifica con el fundamento de nuestra existencia, descansa la posibilidad y el derecho de la actividad misionera.»
Todas las consideraciones vistas sobre la conciencia han sido bien intuidas por Ratzinger. Por lo que, se puede decir que sus reflexiones son ajustadas al pensamiento del Sócrates platónico de manera profunda. Puesto que, recoge de manera genial la idea de la conciencia socrática es un sentido interior, una capacidad de reconocer.
Que él interpreta como una voz interior, que lo remite a una realidad distinta a él mismo y lo invita a seguirla con objetividad. Esta última idea sería sin duda alguna el sustento de nuestra idea sobre la verdadera misión de Sócrates recibida de lo Alto. De la cual, participan todos los hombres, y el filósofo lo realiza por vocación a buscar la sabiduría y conducir a los demás hacia ella.
Sin embargo, la primera responsabilidad que tiene el filósofo es el de formar la propia conciencia, como nos deja el ejemplo de Sócrates. Por eso, podemos decir que «La conciencia es capacidad de reverberar el orden divino en el alma, tal como es y cómo nos guía en toda decisión.» Esta definición está en consecuencia con lo que venimos desarrollando sobre la conciencia en Sócrates. Aunque, García De Haro, manifiesta una obedecía a la libertad de conciencia, esto no representa una negación a la norma moral dada por la autoridad.
Porque, aquella está vinculada con su formación que pasa por la instrucción, el consejo oportuno para alcanzar el designio de Dios en la propia vida. De ese modo, no representa una subjetividad creadora del actuar moral, sino por el contrario una búsqueda por la verdad del propio actuar en cada caso.
Por lo tanto, la adquisición de la ciencia moral y corresponder a ella en los actos, objetivamente es lo puntual en la formación de la conciencia. Lo que significa poseer una conciencia recta siempre y en todo lugar. En definitiva, es tener phonesis, como virtud para actuar bien en hic et nunc, con ciencia moral y experiencia real y positiva. En el caso de Platón, es tener Metretike, es decir, medida exacta. En otras palabras, mesura respecto a lo bello, lo verdadero y lo bueno.
Esto primero debe ser vivido por el filósofo de manera radical, y finalmente, su misión consiste exclusivamente en enseñar y guiar hacia una Syneidesis con Metretike. Pero, esta exigencia particular del filósofo, no significa que sea una vocación improvisada, por el contrario, requiere una preparación intelectual exclusivamente profunda. Además de esto exigencia académica, se requiere, aunque la afirmación siguiente muchos no la aceptarían. Pero, es necesario e indispensable para tener Metretike poseer la experiencia filosófica, que solo se consigue con años de un filosofar serio sobre la propia existencia y la del mundo. Este concepto de Metretike, es clave en la filosofía de Platón. Por eso, considero que debemos observarla, aunque solo a modo de información, porque es el tema central de mi siguiente obra.


