Profesor universitario de Venezuela: Crónica sobre una digna profesión llena de disparates ocupacionales, legales e históricos

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Este post lleva consigo una sentida carga testimonial. También, una carga -asimismo sentida- de reflexiones profesiológicas sobre el oficio de docente en el contexto de la universidad pública venezolana a tenor de, más o menos, los años que van desde la oprobiosa dictadura de Marcos Pérez Jiménez hasta el presente (que también tiene de oprobios -oprobios "de nuevo tipo"-)... Preponderaré varios temas. Uno de éstos es el desastre que en materia normativa (leyes, reglamentos, en fin) ha venido arrastrando institucionalmente el sector universitario a través del devenir, y el efecto que ello ha traído consigo en el profesorado. Tal desastre se refleja en esencia en que el sagrado principio de que igual trabajo, igual salario, tan abrazado por la teoría que ha de mover la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y otras instituciones, se vulnere cotidianamente sin que ello constituya un problema real en nuestro país; es más... para el profesorado mismo, tal situación suele invisibilizarse a menudo. El desastre del cual estoy haciendo referencia se refleja también en que hayan surgido transhistóricamente universidades "(dizque) de primera" [fundamental e inicialmente la Central de Venezuela (UCV), la de los Andes (ULA), la del Zulia (LUZ) y la de Carabobo (UC)] y de "(dizque) de segunda"; vale decir, las que después de 1970 (año en el cual trasquilaron la gloriosa Ley de Universidades decretada en diciembre del 58, recién caído el poder perezjimenista) fueron temporalmente consideradas a punta de la naciente categoría denominada "experimentales". Luego (a los no pocos años), como es sabido, estas universidades "se emanciparon" pasando así a ser autónomas. Hablo de la de Oriente (UDO) y la Simón Bolívar (USB). Ah... También surgieron en momentos dados, universidades "(dizque) de tercera" transitando éstas, primero, por categorías oscuras y anónimas, y segundo, por categorías "de nuevo tipo" como la que el gobierno de Caldera decretó en 1974; vale decir la dada en llamar "institutos universitarios". En todo este aciago y multimodal proceso universitario de discriminación orgánica que el país ha medio conocido, jamás el Estado y la universidad han contado con un ente con suficiente calificación cualitativa como para ejercer efectivamente tal estratificación orgánica. Son la prensa y los medios, los órganos que con asiduidad publican sospechosísimos ratings que tienen más de farándula que de cosa seria. Por cierto (y con esto me adelanto angustiosamente)... El sector profesoral el cual sacó la peor cuota de dolor e injusticia en todo ese pandemonio legal y concreto, de universidades (dizque) de primera, (dizque) de segunda y (dizque) de tercera, fue el que desde 1936 vino liderando en los hechos, el Instituto Pedagógico Nacional (IPN, Caracas) en su tarea universitaria de formar educadores; proceso de liderazgo que luego, en 1959, se reforzó con la aparición del Instituto Pedagógico Experimental (IPE, Barquisimeto). ¡Cuán paradójico este asunto!


>EXISTEN UNAS UNIVERSIDADES QUE (SIGUIENDO A ORWELL) "SON MÁS IGUALES QUE OTRAS"...


¡Demencia gerencial total (e histórica)! Ocurre que en diciembre de 1958, estando fresquito el glorioso 23 de enero y la caída del perezjimenismo, el entonces Presidente de la República, Édgar Sanabria, decreta la también gloriosa Ley de Universidades en la cual quedan claramente consagrados elementos virtuosísimos de la vida del correspondiente sector educacional, como el pluralismo ideológico; la autonomía universitaria; la ciencia, la tecnología y las humanidades como los ámbitos naturales del hacer universitario; la asunción de los estudiantes y el profesorado como los elementos fundamentales de vida universitaria, etc. Bien; una vez que arranca la ejecución de esa Ley (meses iniciales de 1959) extrañamente solo cuatro casas de estudio son consideradas autónomas; a saber, la Central de Venezuela (UCV), la de los Andes (ULA), la del Zulia (LUZ) y la de Carabobo (UC). Ocurre que la de Oriente (UDO), la cual había sido creada en el mismísimo 1958, queda fuera de esa consideración. También queda fuera de la consideración de autónoma, la Simón Bolívar (creada en 1967 con sede en Caracas). Tuvieron estas universidades que desarrollar tortuosas luchas para a la postre dejar de ser "experimentales" y lograr entonces la condición de autónomas. La UDO en 1973 y la USB, en 1995. Pero lo más demencial de todo esto es que habiendo sido creado el Pedagógico de Caracas en 1936 (identificado hoy en día con el acrónimo IPC -antes IPN-) y el Pedagógico de Barquisimeto en 1959 (identificado hoy en día con el acrónimo IPB -antes IPE-) , trazando éstos una historia mucho más larga que buena parte de las universidades referidas, tuvieron que pasar por larguísimos períodos previos a su pase en 1988 a universidad "experimental" (a través de una rara corporación llamada Universidad Pedagógica Experimental Libertador, UPEL, caracterizada por la yuxtaposición, más que por la integración sistémica). La palabras "universidad", "universitario", en fin, aparecieron en el contexto de estos Pedagógicos, justo en el (harto tardío) año 1974, cuando el gobierno de Caldera decreta la creación de unos tales "institutos y colegios universitarios" (incluyendo a uno y a otro Pedagógico; también a otros de análogo -y más reciente- cuño, que luego se incorporaron) los cuales, si más, eran considerados como unas universidades de tercera categoría; con unos sueldos profesorales significativamente inferiores a los que devengaban los colegas suyos, de las autónomas y de las "experimentales". Confieso que por largos años, como profesor a dedicación exclusiva del Pedagógico de Barquisimeto (entonces "instituto universitario"), tuve que vivir esa situación. Recuerdo que un colega (al cual recuerdo con gran cariño -ya fallecido-) me dijo en un momento de legítima rabia... "¡Cómo es posible que unos colegas que en las universidades forman personal para sacar presos del Retén de Catia o para curar perros, devenguen unos sueldos muchísimo mayores que el salario de nosotros, formando educadores!". Claro... ese buen colega decía esto, no yendo principistamente en contravía a carreras como Derecho o Veterinaria; no. De hecho, tenía una hija que en esos días manifestaba su deseo de estudiar Derecho en la UC. Quería con tal expresión, solo soltar los potros de su ira por tanta injusticia. Ira que a la sazón yo compartía plenamente, plenamente, plenamente...

>MIS ESTUDIOS DE PREGRADO EN LA UCV Y MI PRIMER SUELDO COMO PROFESOR UNIVERSITARIO...


En el año 1969 yo contaba tan solo con veintidós años de edad. Estaba terminando de cursar una rara, amorfa e incolora carrera que entonces daban en la ilustre y hoy tricentenaria Universidad Central de Venezuela (UCV, Caracas). Educación, así a secas, se denominaba tal carrera. Había sido concebida a mediados de los 50, más que como una carrera propiamente dicha, como lo que ahora suelen llamar comúnmente "un componente docente" dirigido a los profesores que a la sazón laboraban en el contexto de esa casa de estudios (ya con canas en sus cabezas), y que en sus preparaciones no habían recibido una formación en el campo docente-profesional. Cuando ya a mediados de los 60 el objetivo fundamental de complementar la formación de los docentes de la UCV a través de ese curso, estaba en buena parte finiquitado, la gerencia universitaria decidió que tal unidad académica debía transfigurarse en una carrera, pero en vez de concebir el asunto en algo así como lo que representaba el Instituto Pedagógico de Caracas (creado en 1936) o el Instituto Pedagógico de Barquisimeto (creado en 1959), pues extrañísimamente decidió tal gerencia ucevista dejar la cosa curricular más o menos como estaba y entonces abrir las puertas a los bachilleres que a la sazón pujaban con furor, por acceso.

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Curiosamente, más que jóvenes bachilleres, ingresaron maestros normalistas (con edades avanzadas) los cuales estaban en situación de servicio y que necesitaban a gritos profesionalizarse. Entre los (minoritarios) muchachos estaba yo, hallándome con un plan de estudios que dicho con los ojos de hoy, se parecía al mar de Varadero, Cuba (famoso por sus aguas extensísimas pero sin hondura; solo llanura, llanura y más llanura). Si veo ese plan de estudio con los ojos de hoy, pues sin titubeos apelo a calificativos como: balumba, pandemonio, "catajarra", "zambumbia", popurrí... Sin que la categoría "prelación" sirviera para algo, el espectro de asignaturas constaba de asuntos como: evaluación escolar; historia y caracterización de la pedagogía (solo occidental); métodos de investigación educacional (solo el hipotético-deductivo); visiones generalistas sobre psicología, sociología, filosofía (con leves alusiones a la ética -en tanto teoría de los valores-), biología, estadística (solo descriptiva), planificación escolar, administración escolar, supervisión escolar; lógica (solo la analítica, vale decir la que el monovidente libro de Irving Copi establecía); etc. Si bien tal plan de estudio contemplaba una etérea materia denominada Didáctica, su orientación estaba harto lejos de especialidad alguna... El asunto era tan surrealista que estando absolutamente ausente la palabra "especialidad", existía no obstante un par de asignaturas que nadie le hallaba el pie, tampoco la cabeza; a saber, Práctica Docente de Observación y Práctica Docente de Aplicación. Recuerdo que me enviaron, primero, nada menos que al Liceo Fermín Toro; segundo, al Liceo (privado) Independencia. Ya a la tercera semana de mi tímida incursión docente en el Fermín Toro, me pregunta con bondad, sorpresa y algo de enfado, el profesor Francisco Ortiz Bucarán, Director (y a la vez responsable de la cátedra de Sociología), lo siguiente: "Muchacho, ¿es que acaso los profesores de la universidad donde estudias, no te van a venir a supervisar? En mudo me convertí en ese preciso momento. Bueno... ¡No fueron ni siquiera una vez! Al año siguiente, se repite la historia... Jamás me fueron a supervisar mis profesores de la Escuela de Educación cuando hice la tal "segunda fase de la Práctica Docente" en el Independencia... Así como el profesor Ortiz Bucarán ejerció un año atrás, la supervisión y ulterior valoración de mi bisoña actividad docente, tuvo el profesor Rubén Monasterios (quien allí ejercía la cátedra de Sociología) que asumir la labor de supervisión y valoración. Por cierto... Casi no me cabe duda hoy en día, que el referido Director del Liceo Fermín Toro haya sido hermano del legendario Silvestre Ortiz Bucarán, miembro de la heroica Junta Patriótica -ente que lideró civilmente la lucha en contra de la sanguinaria dictadura de Pérez Jiménez-. Agrego, el profesor Rubén Monasterios fue un notable crítico de teatro y de otras artes, desde -fundamentalmente- la prensa caraqueña. A uno y a otro, les agradecí y les agradeceré siempre, los respectivos gestos de acción pedagógica en aquellos años 1968 y 1969. Bueno... retomando el tema general de aquella Escuela de Educación de la UCV, no puedo dejar de recordar las palabras que un compañero de promoción (Ángel Eric Mendoza) hizo públicas -en esos tiempos- a través de un libro de su autoría... "La Universidad me echa a la calle con un título de desempleado, con una formación llamada superior, de auxiliar en todo y especialista en nada (...)". "Fedorquín" es el título de tal libro.

Año 1970... Ya graduado de flamante Licenciado en Educación, sin mención, y militando en la fe de ejercer docencia a nivel universitario, tuve la ocurrencia de preguntar a quien había sido mi profesor de Pedagogía General, sobre los sueldos que en líneas generales devengaban los profesores de la UCV. Jesús Andrés-Lasheras era su nombre. Él, que en verdad era un español no muy gentil pero de una impecable competencia profesional, me dijo que a la luz de su propia situación, el sueldo rondaba en Bs. 2.600 pero con unas excelentes condiciones sociales de protección general. Ipso facto (con la rapidez de un muchacho veinteañero) me fui a mi ciudad natal, Barquisimeto, a averiguar sobre los sueldos que devengaban los profesores del Pedagógico de allí. Tuve la suerte de encontrarme con un colega Licenciado en Educación (graduado en la ULA y con una mención en Orientación Escolar) el cual laboraba allí. José Antonio Benítez Paredes era su nombre. Me atendió con alta amabilidad y sentido de solidaridad gremial. Arrancaba la década de los 70. Me dijo tal mecenas que el sueldo para un docente a dedicación exclusiva era (si mal -ahora- no recuerdo) de Bs. 4.800. Ello me hizo declararme, prácticamente, en emergencia... En 1972, después de laborar en educación media en los Llanos venezolanos, logré ser contratado a tenor de esa institución universitaria barquisimetana entonces llamada -por su acrónimo-, IPE. Ya en 1974, transitando por impecables procedimientos académicos de admisión, logré constituirme en Profesor Ordinario a Dedicación Exclusiva. Las cátedras que administré fueron, entre otras, Filosofía de la Educación, Sociología de la Educación, Métodos de Investigación Educacional... Si bien en esa institución eran absolutamente nulos los servicios de protección social al profesorado, quizá por razones asociadas a mi condición de joven de veintisiete años de edad, pude sortear dificultades...

>SURGE EN LOS 80 LA LUCHA DE CARA A LOGRAR QUE LOS GOLPEADÍSIMOS INSTITUTOS PEDAGÓGICOS SE TRANSFIGURASEN (¡DESPUÉS DE MÁS O MENOS MEDIO SIGLO!) EN UNIVERSIDADES, AUNQUE HAYAN PODIDO (EN TAL PUJA -Y "A DURAS PENAS") RESULTAR "EXPERIMENTALES", COMO EN EFECTO OCURRIÓ AL FINAL...


Pasaron los años y llegó 1980. Ya en ese 1980, los sueldos de los profesores como yo, se habían desinflado en la medida en la cual los sueldos de los profesores de las universidades tanto autónomas como segundonas ("experimentales") fueron creciendo ostensiblemente al fragor del desarrollo de sus respectivos sistemas de protección social. La brecha entre éstos y nosotros los marginados "institutos universitarios", se hizo, ya para los avanzados años 80, algo grotesco, vergonzoso. Fue entonces cuando engranan dos factores... Por un lado, la lucha gremial de un sector (por suerte, mayoritario) de los docentes de los Pedagógicos, y por otro lado, la circunstancia de que el Ministro de Educación en ese momento histórico de la nación, Felipe Montilla, ¡era egresado del Pedagógico de Caracas! Tal par de circunstancias (¡afortunado asaz!) hizo posible que los ocho Pedagógicos que ya en tales tiempos hacían vida académica en nuestro país, se convirtieran (en 1988) en universidad, aunque fuera "experimental" y aunque su modelo organizacional fuera -como sigue siendo- más de apilamiento de organismos con historias propias, que de estructura institucional propiamente dicha.

Gracias a que los Institutos Pedagógicos integraron -en ese 1988- la Universidad Pedagógica Experimental Libertador, nuestros sueldos se adecentaron. Sí, se adecentaron hasta que se instalan en el país, los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro.

>LLEGARON LAS GESTIONES UNIVERSITARIAS DEL CHAVISMO, Y CON ELLO, LLEGÓ EN EL SECTOR, UNA PESTE MÁS DEVASTADORA QUE LAS CONOCIDAS EN TIEMPOS DE GÓMEZ Y DE PÉREZ JIMÉNEZ...


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Con la gestión gubernamental que encarnó Maduro, se infligió una puñalada a la universidad pública venezolana, más letal que las que acostumbraban ofrecer con cotidianidad las dictaduras de Gómez y de Pérez Jiménez. Los modelos disciplinarios de clasificación del personal docente sobre la base de los méritos académicos de investigación, extensión y docencia, ¡tan consolidados en las últimas décadas del siglo XX!, fueron grotescamente aplanados tomando como desgraciada "estrella polar" el eslabón más bajo. Es lo que el recordado Presidente de la URSS en momentos posteriores a la Perestroika, Boris Yeltsin, llamaba peyorativa y acertadamente, "el igualitarismo". Los gobiernos que correspondieron a las primeras décadas del siglo XXI (los del chavismo), no solo hicieron posible en el contexto de los sueldos de los profesores universitarios, "el igualitarismo", el aplanamiento más rupestre y brutal, sino que sistémicamente redujeron tales sueldos a límites demenciales, miserables.

Concomitante y causalmente a la descrita situación, vino la diáspora de un muy grueso sector de los colegas docentes de la universidad pública.

Aunado a esto, esas gestiones del chavismo despliegan una prolífera ola de fundaciones de unas universidades con diversas facturas tanto de "ramos" como de eponimias, existiendo en todo esto un manto de misterio en cuanto, sobre todo, a su personal docente (sus condiciones de trabajo, sus sueldos, sus afiliaciones gremiales, sus calificaciones académicas, etc., etc.).

Unido a lo recién dicho, he aquí algunos testimonios y algunas reflexiones...

. Hace aproximadamente un par de décadas, desarrollé una cátedra doctoral en una de esas universidades creadas por el gobierno de Chávez. Tal universidad tenía olor a charreteras, a sables y a gorras... Ocurre que cuando fui a consignar las calificaciones de los participantes (la mayoría, civiles), me hallé con una funcionaria (con pésimo uso del castellano, por cierto) la cual me dio unas instrucciones para la referida acción administrativa. Me dijo que la consignación debía ser hecha en el contexto de su oficina y a punta de una transcripción a modo de Word. Como es harto sabido, esta modalidad electrónica llamada Word posee una vulnerabilidad extrema en lo que es su corporeidad. Es una plataforma cuya epidermis no aguanta ni la picada de un zancudillo. Para mí, Profesor Titular de una institución como el histórico Instituto Pedagógico de Barquisimeto y -en tanto ello- acostumbrado a que la práctica específica de consignación de calificaciones era un acto concebido institucionalmente de la manera más formal y alejado de cualquier viso de sospecha malsana, esa vivencia que en mala hora me tocó transitar en esa universidad chavista con olor a charreteras, sables y gorras, me cargó de algo parecido a la paranoia. Lo cierto es que ese Doctorado fracasó al poco tiempo de haber sido inaugurado. Los pobres participantes tuvieron que "emigrar" a otras instituciones... Jamás volví a ver a esa funcionaria. Ojalá haya aprendido a hablar el español de manera aceptable y ojalá no haya cometido delito académico-administrativo...
. Una de esas universidades que Maduro creó en épocas de su mandato, lleva como eponimia la referencia de un personaje que si bien logró notoriedad en el campo científico-natural unido a grandes corporaciones de Occidente, fue un político perezjimenista de primer orden. Tanto así que fue Ministro de Educación en ese sangriento régimen autollamado "Nuevo ideal nacional". Estando el dictador exiliado en España y gozando de ostensible bienestar material en su mansión madrileña, solía Fernández Morán (el personaje cuyo nombre lleva la universidad en referencia) visitarlo logrando con ello, estrechar la camaradería establecida entre ellos por años... En una ocasión se me ocurrió recomendar a través de las redes sociales, a la gente que dirige la tal Universidad Nacional Experimental de la Seguridad (UNES, inscrita en la misma senda política que aquí aludimos) que le colocasen a ese organismo, el nombre del policía "estrella" del gobierno de Pérez Jiménez, Pedro Estrada. Así, "honrarían" la línea de reconocer "los méritos" de personajes de aquella dictadura, en la pertinente materia de seguridad. ¡Uf!
. En el año 2005 fui invitado a una conferencia académica de nivel doctoral en una de las sedes que la Universidad Nacional Experimental Politécnica de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (UNEFA) tiene en el Estado Portuguesa, aunque ésta solo había dado en préstamo puntual su auditorio. Los anfitriones fueron unos participantes del Doctorado en Educación de la Universidad de Carabobo. El punto es que cuando subo al auditorio para echar a andar la charla, me hallo con que en el mismísimo escenario estaba posada una enorme pieza de artesanía con formas corpórea y humanoide y que daba cuenta de un símbolo católico. La distribución de objetos que estaba en el escenario hacía que yo me ubicara justo al lado de "la virgen", lo cual, por considerar yo el asunto como algo ajeno al carácter laico que toda universidad pública debe tener, expresé in situ mi profundo descontento. Percibí que tal descontento molestó a un militar que allí estaba y que, al parecer, ejercía algún poder allí. Creo que "Yépez" o "Freites" era el apellido del resentido oficial...

>A MOTIVO DE ANEXO Nro. 1:


SOBRE EL PEDAGÓGICO DE CARACAS... (FRAGMENTOS DE UNA ENTREVISTA DIRIGIDA AL AUTOR -LLEVADA A CABO HACE POCO TIEMPO-)


PROFESORA DANILA DANIELS: Quisiera intervenir... ¿Qué tal si traemos a colación algunos nombres de personas notables que hayan estado consustanciadas con nuestro Pedagógico de Caracas (IPC)?

Con alto gusto, Danila. Arrancaré con un grupo de ilustres que, como dicen, "por razones de la vida" me tocaron -en su mayoría- como profesores en la Escuela de Educación de la UCV y en otros planteles, siendo yo muy joven. Dentro de esos personajes cito tanto a docentes del IPC como a reconocidos egresados de éste... D. F. Reyes Baena, Alexis Márquez Rodríguez, Manuel Montaner, J. R. Núñez Tenorio, Enrique Vásquez Fermín y otros. Debo agregar en este segmento de aludidos, a otros profesores que aunque probablemente no hayan sido docentes del IPC, desarrollaron actividades altamente compenetradas con esta institución, como por ejemplo, Feijoo Colomine Solarte, Alberto Armitano... ¡Cómo los recuerdo a todos ellos!

Cuando se habla del Pedagógico de Caracas (IPC), tiene que hablarse de quien fue su ideador fundamental, Mariano Picón Salas. Así lo recoge la generalizada opinión nacional. Bueno es señalar que el Presidente de la República en cuyo mandato se creó la institución en referencia, fue Eleazar López Contreras. El Ministro de Educación a la sazón era Alberto Smith. El primer Director fue Alejandro Fuenmayor. La crónica nacional e institucional recoge con asiduidad, la significación que para el plantel universitario en referencia llevó consigo una delegación de expertos chilenos que a su seno académico arriba en los años iniciales. Esa crónica también suele recoger la trascendencia que representó la primera promoción de egresados ocurrida siete años luego de la fundación. Por cierto, un buen contingente de mujeres se halla virtuosamente en esa primera promoción, logro incunable en el devenir universitario venezolano.

Por cierto, Danila y todos los compañeros que en este conversatorio sabatino nos acompañan, me permito recomendarles que accedan a un pertinente y fértil video que da cuenta de una conferencia justamente sobre el tema del IPC; su gloriosa, accidentada y valiente historia orgánica. Es muy amena y completa, por lo demás. El conferencista es el doctor Omar Hurtado Rayugsen, quien, como es sabido, es profesor de esa institución. No obstante a que demasiado a menudo nos hallamos con posiciones políticamente opuestas, me consta que es una persona harto respetuosa, amable. Lo aprecio mucho. El título que en Youtube aparece es:

El Instituto Pedagógico Nacional y la sedimentación de la conciencia nacional.

La dirección es:

Sin pretensiones de lograr completitud, traigo a colación algunos nombres de personajes fusionados a la vida del Pedagógico de Caracas; unos, como docentes del mismo; otros, como notables egresados. Luis Beltrán Prieto Figueroa, Edoardo Crema, Ramón Velásquez, César Lizardo, Juan David García Bacca, J. A. Escalona Escalona, Augusto Pi Suñer, Ramón Tovar, Pedro Grases, Guillermo Pérez Enciso, Ángel Rosenblat, Omar Hurtado Rayugsen, Pablo Vila, Ignacio Burk, Pedro Luis Díaz García, J. R. Guillent Pérez, Ruth Lerner de Almea, Celia Giménez, Argelia Laya, Simón Sáez Mérida, Francisco Tamayo, J. M. Siso Martínez, Guillermo Morón, Federico Brito Figueroa, Felipe Montilla, Erasmo Moreno Carreño, David Vivas, Alberto Yegres Mago, Rubén Trejo, en fin...

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Aprovechando su pregunta, Danila, agrego gratamente algunos nombres de ilustres egresados del Pedagógico de Caracas los cuales laboraron virtuosamente en nuestro Pedagógico de Barquisimeto... Tuve el placer de compartir con ellos. Hablo de Erwin Ramón Cadenas (Lingüística), Tulio Díaz Castañeda (Idiomas modernos), Zoraida Hernández Perdomo (Ciencias del lenguaje), Eladio Camejo (Filosofía), Édgard J. González (Geografía), Gustavo Mujica Mujica (Filosofía), Pedro Díaz Seijas (Ciencias del lenguaje), José Chirinos Peña (Educación física), Tarcila Viloria (Literatura), Luis Milano Milano (Filosofía), Doris Aguilera (Ciencias de la educación), María Victoria López (Historia), Adrián Prays (Filosofía), Plácida Falcón (Filosofía) , Ramón Jiménez Perozo (Filosofía), José Ramón Gámez (Ciencias de la educación) y otros.

Quiero, Danila, añadir un par de referencias sobre unos notables egresados del valorado Pedagógico de Caracas los cuales aunque no laboraron en el también valorado Pedagógico de Barquisimeto, sí lo hicieron -o lo siguen haciendo- con brillantez a instancias de la citada ciudad de Barquisimeto. Pedro J. Perdomo (Filosofía) y Douglas Jiménez (Matemáticas).

>A MOTIVO DE ANEXO Nro. 2:


SOBRE "LA MANO LARGA" DEL PEREZJIMENISMO EN LA CULTURA UNIVERSITARIA (HASTA HOY) Y SOBRE LOS PRIMEROS MOMENTOS DE LA CONFORMACIÓN DE LA HONORABILÍSIMA LEY DE UNIVERSIDADES DE 1958... (FRAGMENTOS DE UNA ENTREVISTA DIRIGIDA AL AUTOR -LLEVADA A CABO HACE POCO TIEMPO-)


PROFESOR FREDDY ALBERTO MORANDI: Doctor Alexander... ¿Qué nos puede añadir sobre la relación que probablemente haya entre lo que fue el gobierno de Pérez Jiménez y la cultura universitaria que, de acuerdo a lo que usted está planteando, venimos los venezolanos arrastrando luego del 23 de enero de 1958?

Advierto la inquietud de sus palabras, Morandi. La cultura universitaria dictatorial perezjimenista se ha venido evidenciando a lo largo de muchos momentos posteriores a 1958. Ha tenido una "mano larga".

Traigo a colación un cuarteto de situaciones asociadas complejamente a ello, trazando direcciones dialécticas ... Primero. Vea usted cómo hay gente dizque culta la cual connota lineal y acríticamente que la edificación -en los años 50- de la magnífica Ciudad Universitaria de Caracas es muestra de que tal dictadura "brilló" en su política de educación superior. No es que tenga sentido desconocer ingenieril y socialmente esa obra civil asociada, ¡bueno es decirlo una y otra vez!, a la idea fundacional del gobierno de Medina Angarita (en los 40); mas no del gobierno de Pérez Jiménez (en los 50). Insisto... No es que tenga sentido menoscabar el trabajo creativo que a instancias de esta gestión dictatorial desarrollaron el Arq. Villanueva, el Ing. Damiani -y otros-, no; pero, como solía decir Cabral en sus canciones... ¡De qué vale la alegría si es a costilla del llanto!... Ocurre que esa dictadura, y ésta es una segunda situación asociada a "la mano larga", cerró orgánicamente sin miramientos esa casa de estudios, una y otra vez. Las puertas de esa bella Ciudad Universitaria fueron violentamente cerradas en repetidas ocasiones. Una de ésas fue en las postrimerías del año 1957 (acercándose al 23 de enero del 58) cuando brotó con furor la célebre huelga general del estudiantado. Agrego la alusión a una tercera situación... No se puede olvidar que tanto la Constitución Nacional como las normativas universitarias de esa dictadura eran usadas a punta de los antojos y necesidades autoritarias del dictador. Hay que recordar, y este es un ejemplo medular, que en el aludido diciembre de 1957 el dictador tomó la autoritaria decisión de convertir las reglas de juego electorales que él mismo había promovido años antes a través de una surrealista Constitución, ¡en un nervioso plebiscito! Tal Constitución llevaba consigo el concepto y la consecuencial normativa de procesos electorales directos, universales, plurales, secretos. Bueno... Como es sabido, a los días cayó la dictadura dejando para el mal recuerdo un plebiscito con inútiles, aparatosos y hueros resultados de triunfalismo. Una cuarta situación que aquí traigo a colación a título de la precitada "mano larga" del perezjimenismo es la trasquiladura que a la Ley de Universidades de 1958, hizo el gobierno calderista en el año 1970...

PROFESOR FREDDY ALBERTO: ¿Puede usted explicar un poco más, este punto?

Con gusto. Ocurre que al desmoronarse la oprobiosa y sangrienta dictadura, en el país se sueltan -entonces- los potros de las ansiedades democráticas. En los inicios de ese glorioso año 1958, el liderazgo nacional fue encarnado por el militar Wolfgang Larrazábal, y apenas unos pocos meses posteriores al emblemático 23 de enero, "la batuta" fue pacíficamente tomada por el abogado Édgar Sanabria habida cuenta que el turulato Presidente Larrazábal había tomado la decisión de renunciar a su alto cargo; ello, dada su decisión de transfigurarse en candidato para las elecciones presidenciales del 7 de diciembre de ese 1958. En el contexto universitario, esa "soltura de potros" fue, para decirlo a través de una palabra asaz sintetizadora, ¡febril! Hubo un consenso nacional de crear una Ley de Universidades la cual pudiera recoger los anhelos libertarios que el devenir nacional había abstractamente llevado consigo al tiempo en el cual había en los hechos reales, negado. Si usted, amigo Morandi, me pide que traiga a colación, nombres compenetrados con esas constructivas jornadas universitarias, pues ofrezco -en la medida en la cual mi ochentona memoria lo permite- las siguientes referencias: Francisco De Venanzi, Pedro Rincón Gutiérrez, Foción Febres Cordero, Luis Lander, Wolfgang Larrazábal Ugueto, Raúl García Arocha, Édgar Sanabria, Humberto García Arocha, Rafael Pizani, Jesús María Bianco, Julio De Armas, Ernesto Maíz Vallenilla, Héctor Hernández Carabaño, J. L. Salcedo Bastardo, Ismael Puerta Torres y muchos más.

PROFESORA LAURA ECHENIQUE: Excusas por la interrupción, pero me llama la atención lo que usted acaba de decir sobre la evasión que ha existido, de ocuparse de la Ley de Universidades creada en 1958 justo después de caer la dictadura y, así, arrancar la democracia... Ha dicho usted que ha privado la intención de silenciar esa Ley que firmó el Presidente Edgar Sanabria y que se ha preferido acudir a las paradojas que estableció el perezjimenismo en materia universitaria; es decir, leyes con fachada democrática al tiempo de acciones políticas típicamente dictatoriales... ¿Qué hay en el trasfondo de esa situación relacionada con la Ley del 58 y las políticas que se echaron a andar en los primeros años de la democracia llamada representativa?

Lo que ha habido es que tanto los gobiernos de Acción Democrática y Copei como los de Chávez/Maduro han evadido en lo más que han podido, el abrazo a los ideales democráticos encarnados en mediano pero importante grado, en la Ley de Universidades que nace justo en el momento histórico (año 1958) en cuyo recorrido se derrumba la dictadura de Pérez Jiménez y se vislumbra un orden de cosas en el sector universitario conforme a aquellos ideales libertarios que enarbolaron, para traer a colación dos referencias incunables, los heroicos estudiantes argentinos de la Universidad de Córdoba, en 1918 ("El Movimiento de Córdoba") y los heroicos estudiantes nuestros de la Universidad Central de Venezuela, en 1928 ("La Generación del 28").

>A MOTIVO DE ANEXO Nro. 3:


SOBRE "EL MOVIMIENTO DE CÓRDOBA" (ARGENTINA), "LA GENERACIÓN DEL 28" (VENEZUELA)... (FRAGMENTOS DE UNA ENTREVISTA DIRIGIDA AL AUTOR -LLEVADA A CABO HACE POCO TIEMPO-)


PROFESORA LAURA: ¿Pudiéramos establecer un parangón entre aquellos ideales de los muchachos universitarios de Córdoba, Argentina, con los ideales de los muchachos universitarios venezolanos que integraron la llamada "Generación del 28"?

Caray... Ese es un tema bien interesante. Curiosamente no han sido pocos los historiadores y los cronistas venezolanos que han simplificado el planteamiento universitario de los muchachos de "La Generación del 28" (Betancourt, Pío Tamayo, Leoni, J. Villalba, Juan Bautista Fuenmayor y muchos otros) sosteniendo que se basó no en una visión consciente, estratégica y estructurada de una política con aliento a derrocar la dictadura gomecista, sino más bien en una circunstancialista emoción juvenil signada por unos días caraqueños de carnaval y festejos universitarios internos. Laura, este es un tema a seguir discutiendo en los actuales ambientes políticos y académicos. Yo soy de los que militan en la apreciación de que esos fogosos jóvenes concibieron desde el principio de las revueltas, pleno sentido de sus conductas. Si la hermenéutica, en tanto método filosófico de ver el pasado a través de la riqueza del presente, sirve para algo, pues mucho nos dice que integrantes como Betancourt, Leoni, Suárez Flamerich fueron, pasados algunos años del movimiento, flamantes Presidentes de Venezuela (los dos primeros, abrazando los valores democráticos centro-derechistas; el último, abrazando el más recalcitrante ideal dictatorial de derecha). También nos dice que integrantes como Andrés Eloy Blanco, Miguel Otero Silva, Juan Bautista Fuenmayor, Miguel Acosta Saignes y muchos otros fueron a los años, brillantes exponentes de las letras y la academia. Quiero decir con esto que "La Generación del 28" encarna un movimiento revolucionario de significación; no un bochinchero grupo de mozalbetes. Me parece verosímil, entonces hacer alguna isomorfia (comparación compleja) entre ese intrépido movimiento caraqueño y el heroico equipo universitario que lideró la llamada "Reforma de Córdoba" en la Argentina de 1918.

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PROFESORA LAURA: Curiosamente, mi profe, muy pocos compañeros en el medio de maestrías, doctorados y posdoctorados se ocupan de estudiar en esa línea de análisis, "La Generación del 28" y "El Movimiento de Córdoba"...

¡Qué bien es lo que usted está diciendo! Me permito recomendarle a usted y a todos los compañeros que se hallan en este conversatorio, un libro sobre ese preciso tema. Lo pueden hallar en Internet y el acceso es completamente libre, gratuito. Es de mi autoría y se titula “Gracias y Desgracias de la Universidad Venezolana en el Tiempo”. Está en dos plataformas electrónicas. La primera es mi blog personal cuyo indicador es alexandermoreno-filosofia-blogspot.com La segunda es el blog de "La Utopía Concretable, Ediciones" cuyo indicador es:

lautopiaconcretableediciones.blogspot.com

Ah, aprovecho esta oportunidad para decirles a todos, que ya en 1969 tenía yo motivación por esa temática de ese par de revueltas universitarias. Tuve entonces la oportunidad de construir un libro sobre, precisamente, "La Reforma de Córdoba". Ello, haciendo equipo con un cálido grupo de compañeros de academia vinculado a la Escuela de Educación de la UCV; compañeros que tengo décadas y décadas que no veo, pero los recuerdo con cariño... Luz López, José Rafael Medina, Jesús Morales Nieto, Celsa Oropeza, Rafael Salcedo y otros. Ese libro está aún inédito (después de casi sesenta años) y estimo que prontamente formalizaré su edición electrónica. Nunca es "tan" tarde.

PROFESORA LAURA: Me preocupa que muy poca gente de nuestro medio se ocupe de esas gestas como "La Generación del 28" y "La Reforma de Córdoba"... Me preocupa que nuestros jóvenes universitarios poco analicen y evalúen esos movimientos...

Comparto, Laura, la preocupación que usted expresa. Es más... Ha habido en nuestra historia reciente gestas universitarias compenetradas con el movimiento estudiantil, las cuales no son abrazadas para su estudio profundo. Refiero algunas... La huelga universitaria que en el 23 de enero caraqueño de 1958 se dio en la UCV y el Pedagógico de la caraqueñísima Av. Páez de El Paraíso. Otra... "La Renovación Académica de la UCV en 1969", en fin... Le confieso, Laura, que esta última la viví con pasión.

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ALGUNAS REFERENCIAS ADICIONALES SOBRE ÍCONOS TOMADOS EN CONSIDERACIÓN EN ESTE POST:



Uno que otro del resto fueron tomados del texto::

“Gracias y Desgracias de la Universidad Venezolana en el Tiempo".