EL CARRO DE MI PADRE

in #cuento8 days ago

EL CARRO DE MI PADRE


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El carro de mi padre gustaba de la soledad, el no movimiento y no porque conociera alguna paradoja. Este no pensaba, pero sentía, cosa que ya estaba universalmente probado por la música, las canciones, o simplemente porque lo único que reparte Dios, equitativamente, es el sentimiento.

Y más que una ciencia que lo confirmara estaba mi propia vida, mi propia experiencia, porque yo dormía a escasa distancia del espacio arbolado donde dormía, si es que se puede decir que un auto duerma. Pero no sé si eran los ruidos naturales de lo oscuro, o el calor del día dimanando de sus piezas ya gastadas, las que expresaban una vida y donde la hay, seguro hay un sentimiento.

O tal vez el ruido venía de la respiración de Perco dormido en el auto de mi padre, lo que solía hacer en su vida de paria y de hijo desheredado, o de los amantes, generalmente muchachos traviesos, descubriendo los goces del amor, deslizándose sobre los asientos, en las noches cortas del verano.

Gustaba de la inamovilidad dije, aunque pude ocasionalmente, engañosamente, percibir otra cosa, otra razón, otro sentimiento, montado sobre él como en un corcel en una amplia sabana. Un viaje cerca del mar y de las orillas de sal que uno a menudo encuentra cerca de la Guajira argentada, dio también motivos para tales pensamientos.

Pero siempre estaba dañado, o se hacía dañar; y el mecánico de mi padre, borracho, siempre con cuartico en mano, hacía que lo arreglaba. Daba risa verlo sobre él con su capota abierta dando entrada a un laberinto.

Lo cierto es que el tiempo, la lluvia, los atardeceres, los transeúntes, lo fueron marcando y las viejas heridas asomando un futuro, un sueño de quedarse allí bajo los árboles, los pájaros, esperando un último eclipse.

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