PLANICIE PERPETUA

in #ensayo21 hours ago

PLANICIE PERPETUA

Planicie Perpetua de Carlos De La Cruz (1952-2026), publicado por Ediciones Astro Data en el año 2000, en una bella edición limitada a escasos 50 ejemplares, termina con un poema premonitorio: “Uno de estos días / Me montaré en el arco-iris / Y nadie volverá a verme”, breve poema que nos trae “El Cielo Azul” invocado por la Civilización China si escalamos la muerte.


Partir es imaginar el libro de las maravillas. Lo real, sus evocaciones, manan de las miradas que se van tejiendo impregnadas de cuerpo, de vida en lo tangible; pero surge lo imaginario, las preguntas, necesitamos partir, nos lo ordena el agua, los pájaros que migran hacia sus casas de nubes. Digamos que partir fue un llamado poético necesario en la vida y obra de De La Cruz.


Partir y amar, siendo el amor la danza que nos despierta, la danza que dejan atrás el sol, la luna y la muerte quienes, siempre danzan ante nuestros ojos cada día. Así la danza del amor atrapa al poeta, al muchacho que fue un día y se va tejiendo el canto.


El amor, el erotismo van creando una atmosfera celeste. La amada danza para él y eros cerca del calor de los cuerpos habla para sí, de su extravío maravilloso: “Hasta que se desnude el alma / Yo le decía a mi primo El-Oído / Bienaventurada sea Madame Butterffly, / Que mis labios recojan sus labios / Que mis brazos se unan con sus brazos y sean uno y muchos / Que el amor nos haga gente de la miel”. Al final el eco de la partida, eros necesita reencontrarse con sus dioses.


El ser de todas las mujeres podría tomarse como un lema que justifica las páginas de este libro. Ya esto había sido intuido por Laura Antillano en una acotación sobre su hermoso poema “Shahnoz “. El canto deslumbra, busca la atemporalidad en la evocación del cuerpo que busca, hacerse uno en todos los cuerpos amados. Así sea una bailarina deslumbrante; o una mujer del sueño que flota, seduce y hasta hace el amor; o una hurí del desierto prometida incluso más allá de la muerte: “Oigo un canto, / Un canto más allá del tiempo, / Ahora y jamás / En el lecho que fluye / Donde tu cuerpo, Shahnoz , / Se reúne con mi cuerpo en un solo cuerpo / Donde se encuentran todos los cuerpos / Que alguna vez amamos “.


Poesía de celebración donde el lenguaje fluye como un río, se hace transparente, “Contigo recobro al transparente” nos dirá bellamente el autor. La definición del amor hace único a los amantes con el universo, omnímodos: ¿Dónde está la dualidad? ¿dónde? / ¿Y los que no tienen cuerpo? ¿dónde? / ¡Silencio! ¡Silencio! ¡Silencio! / ¿Por qué no hablas? / ¡Ooooooooohhhhhhhhhhhhh! / Enhebra los despojos del agua y habla”.


El libro cierra con un ciclo de poemas donde la brevedad, el asombro, el esplendor de la imagen, rozan el instante sagrado del sentimiento, digamos del sentimiento de las cosas a la manera de la poesía del país del sol naciente: “La noche es mi compañera solitaria / Me demuestra que hay ciento de perros / Ladrando dentro de mi alma”.


La reciente muerte del poeta y científico Carlos De La Cruz, deja un vacío en nosotros sus lectores, sus amigos. Será la huella imborrable de su obra la que nos acompañe como magia blanca y buena cerca de su Arco iris.