Revoluciones gnósticas, educativas y más...

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Revoluciones gnósticas, educativas y más...

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Una pequeña idea es mi experiencia que compartí cuando llevaba el seminario de Kant en los estudios de filosofía, el genial y difícil de lectura autor de las Críticas, me dificultó sus avances, porque en muchos casos quería leer a los intérpretes de este Immanuel Kant, para evitar la lectura árida del querido profesor de Königsberg, pero luego de cansarme en no llegar a buen puerto con ellos. Opté por aquella receta que recomiendo siempre y me convencí por mí mismo. Aunque de lectura poco amistosa, es mejor y más tonificante que a sus “intérpretes”, que ni te lo explican, y muchas veces desaniman.

Leamos a Kant, para aprenderle, entenderle y finalmente marcarle distancias. Y no necesariamente con sus comentaristas. Que muchas veces no son garantían más que de diferencias que ni le pertenecen ni son propias del autor al que citan o critican en primer lugar.

Por ello, recuerdo que entrando cada vez más cerca la primera parte del S. XXI y en nuestro siglo vigente, el pensar se ha convertido en un acto revolucionario como siempre ha sido la historia de las ideas, pero es que a pesar de que estamos en medio de una profunda crisis, hemos puesto como butacas preferenciales de los que asistimos al partido más importante de cara a la crisis del pensamiento, en unas visiones entrópicas y caóticas de las emociones, con las profundizaciones de las crisis educativas, junto a las versiones institucionales y demás, pero la que más está tocando el ser de las personas, es la crisis de las humanidades porque detonan en el culmen de todo loque hablamos. Se ha roto en aras a la peor concepción de tecnocracia y de búsqueda epistémica en detrimento sobremanera del sujeto mismo que es el que realiza ello, llenándonos por todo lado en la corrupción a todo nivel y en los diferentes estratos.

Así, es que las versiones que no promuevan este desarrollo sobre todo de las humanidades en el sentido pleno. Está condenada a restarle a lo que se aporta en el llamado principio antrópico. Dando entre ellas, que las más afectadas son la literatura y la filosofía. Cerrando sus propios desarrollo, profundizaciones y peor, espacios donde se sigan generando ámbitos tan vanguardistas que sea motores siempre novedosos y cambiantes de las sociedades como manifestaciones socioculturales inter dinámicas e interdisciplinarias. Cada vez existe un alejamiento de la lectura, negativas a formaciones consideradas obsoletas para refrendarlas negando los desarrollos en que ellas mismas llevaron al mundo actual a ser como es, pero no de cualquier tipo de lectura, sino esencial y particularmente de la lectura crítica y reflexiva, de aquella que nos lleva hacia la lectura que impulsa a la problematización y despierta el asombro de las personas. Pero que no se limita a las lecturas de las llamadas humanidades clásicas. Sino a que el proceso de leer también se convierte un acto revolucionario, porque donde aparecen las plataformas de inteligencia artificial van desapareciendo nuestras capacidades de reflexionar críticamente, y novedosamente; por lo que debemos resistir proactivamente y no solamente dejarnos invadir por aquello que luego va invadiendo sutilmente nuestra libertad y, la capacidad que todos tenemos de elegir entre un bien y un sumo bien.

Sino proceder a lograr las mejorar de “pasar a la ofensiva”, en los planos de la lectura. ¡Generando el sapere Aude! Famoso de nuestro querido Kant. Una búsqueda emancipatoria y liberadora que cada vez puede ser junto a la IA y a modelos educativos más actuales, totalmente inversa en su causalidad y finalidad.
Pero no se puede pensar en el vacío mismo, nos negamos en la tradición más occidental y de herencia europea a ello, sino que por el contrario, estamos invitados a pensar desde la lectura crítica, sistémica, que no solo aparecen en los libros, porque también podemos leer nuestra cotidianeidad, aquella que aparece frente a nosotros constantemente, pero los libros nos brindan luces interesantes por donde seguir, estas mismas luces son las que van despertando en nosotros la necesidad de conocer, porque como diría Aristóteles en la Metafísica, todos los hombres tienen la necesidad de conocer. Y que es una realidad que no se mantiene ajena a nosotros en pleno siglo XXI. Donde dado que seguimos con la misma consiga, de que siempre queremos conocer, puesto que, al decir de San Agustín de Hipona, nuestro corazón anda inquieto porque ha sido creado para ser llenado por Dios, como ese ser infinito e inagotable. Y de allí que la búsqueda intelectual tenga este apetito supra mundano en cuanto a que supera la materialidad misma en cuando agotable o como generado del hartazgo. Muy lejos de ello, el apetito intelectual y del hambre del conocimiento en sus saberes y formas más variadas y radicalmente disímiles.

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Pero debemos entender que hay un tremendo viraje, dado que conocer nuestras emociones y sentimientos, nos puede ir generando ese conocer a la persona que nos mantiene en vilo, conocer lo que otros no pueden ver, porque escapa de las racionalidades en cuanto sujetos privados e individualizados, es decir, que al fin o como fin, hemos de conocer todo aquello que consideramos que está alejado de nosotros como externalidad en las formas relacionales. Dados que todos estamos sujetos al conocer. Como apetencia gnoseológica y forma de apetito en sus ámbitos espirituales e inmateriales.
De ahí que, el pensar es hacer un alto a nuestro caminar diario, al mundo de la vida como tal. A la cotidianidad más innata e inmediata. Porque desarrollamos ese pensar como ese pararnos en medio de la agilidad y de la instantaneidad de la información con ese decir: basta ya. Y colocarnos en frente a una sociedad que cada vez exige más productividad, pero ni siquiera en la valoración científica, y solo como producción técnica y tecnológica, pero de allí se exige menos en nuestra capacidad del desarrollo del pensamiento, dado que es necesario que nosotros estemos atentos al detrimento de esto último, cuidando la manera en que vamos a reflexionar sobre determinados temas, pero que no necesariamente deben ser externos, sino también en nuestra vida diaria.

Así es que al pensar le otorgamos esa generación necesaria porque es una actividad de pocos, no porque no sea posible de forma natural y personal. Sino que se ha llegado a motivar sus mayores restricciones inclusive en quienes poseen grandes potencialidades y aspectos materiales para que eviten ello de forma sistemática por los mismos elementos sociales y extramentales. Así cuando logramos la acción liberadora y emancipadora lo que logramos es volcar sobre la realidad más externa todas aquellas impresiones inteligibles que no aparecen necesariamente a través de nuestros sentidos. Dado que pensar es ir más allá de lo que el común y cotidiano de aquello que las personas buscan, dado en primerísimo lugar, porque no es la forma adecuada de llegar a ser y estar.
Así el llegar a realizar una introspección diaria de nuestras capacidades, en la misma vida, como lo han señalado tanto filósofos, profetas, moralistas, sacerdotes, guías espirituales y hombres a lo largo de la historia de la humanidad, pero también es un claro despertar de las mismas capacidades y la forma del ejercitarse espiritualmente. Muchos le llamaron ejercicios espirituales, de los que solamente consideramos algunos como un invento de San Ignacio de Loyola, siendo que el propio san Ignacio de Loyola señala como una práctica que siempre realizó la misma iglesia, en sus primeros numerales de la obra: EE.
Tanto la lectura como el pensamiento están íntimamente unidos, porque, en definitiva, cuantas más lecturas tengas, más estarás interrumpido por el pensamiento acerca de la cotidianeidad. Siendo mociones del alma espiritual. De ahí la necesidad de que las escuelas se conviertan en laboratorios del pensamiento, centros del pensamiento crítico en donde tanto docentes como estudiantes estén guiados desde una lectura sesuda de la realidad, pero sin apartarse de ella, que no se deje cabida a la filtración de la IA ni la suplantación de esta en el fomento del pensamiento.
Allí es que el pensar debe convertirse en una prioridad humana y no un accesorio de las nuevas tendencias de moda, porque pensar es frenar todas aquellas informaciones que se nos presentan como una verdad absoluta, debemos reaprender a dudar, pero no aquella duda sin fundamento, sino una duda que nos permita descubrir el conocimiento y así contagiar a nuestros congéneres de esa hermosa forma de pensar más allá de nosotros mismos, un pensar que trascienda las barreras de la distancia, como pensar en esa persona que no tiene idea de que la estás pensando y relacionándote.
Generando las bellas relaciones intrincadas y siempre novedosas.

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