Concurso de Arte y Escritura #191 | Una visita indeseable
Saludos y bendiciones para todos.
@solperez nos vuelve a fascinar con otro pintor destacado y un grupo de obras extraordinarias que se nos muestran joyas del arte pictórico que ni soñábamos que existían. Este concurso es un verdadero tesoro. De esas joyas de Henry Herbert La Thangue (1859-1929), elegí El hombre de la guadaña (1896).
Les invito a leerme:

Imagen tomada del post de invitación de @solperez especialmente para este concurso
Una visita indeseable
La primera vez que vi al hombre de la guadaña fue el día que murió mi abuela materna. Como nunca logré alcanzar la habilidad de hablar, no pude decirle a mi mami que él estuvo ahí ese día muy temprano. Y me miró.
Luego, vino por mi mamá. Ella me había sentado en la entrada de la casa como solía hacerlo cuando hacía buen clima. Me ponía a tomar un poco de sol porque decía que eso le haría bien a mi cuerpo.
Nunca pude saber cuál fue ese bien pues mis extremidades no obedecían mis deseos de andar como otros niños. Ni siquiera podía sostener objetos con mis manos. Tampoco podía mirar hacia donde yo deseaba pues mi cabeza se inclinaba o movía hacia la dirección que yo no le indicaba.
Mi madre me alimentaba, me aseaba, me vestía… Ella me hablaba despacito y me hablaba siempre, aunque yo no pude responder jamás.

Imagen tomada del post de invitación de @solperez especialmente para este concurso y editada con Powerpoint
Después de los baños de sol, mi madre me llevaba al interior de la casa y se ocupaba de coser ropa ajena mientras me miraba desde el rincón del salón de costura.
No sé cómo hacía, pero adivinaba cuando algo me molestaba o cuando yo quería ir a la cama. Y me sacaba de mi silla y depositaba mi cuerpo en la cama.
En las tardes, cuando ya estaba cansada de coser, me llevaba al jardín y, mientras ella conversaba con otras mujeres, yo miraba a los niños jugando. Yo sonreía, aunque no sé si en mi rostro se dibujó alguna vez una sonrisa, pero yo sonreía.
Nadie más en la casa sabía esa rutina que mamá dominaba a la perfección y que me prodigaba con amor infinito. Así que, cuando el hombre de la guadaña nos visitó nuevamente, aquel día después de que, como les dije mi mamá me había sacado a tomar el sol, el rostro de mi madre se cubrió de una tristeza tan abrumadora que muchas lágrimas bañaron mi rostro.
Yo sabía que su tristeza no era porque ella tendría que irse con el hombre de la guadaña sino porque, sin sus cuidados, yo no tardaría en seguirla en ese viaje.
Invito a @damisvilladiego, @shanadesign y @sarau para que participen.
Concurso de Arte y Escritura #191
Gracias por publicar en la comunidad #Venezolanossteem
Me encantó leerte. Un abrazo.
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Saludos, mi querida amiga. Qué bueno que te haya gustado este ejercicio narrativo. Eso que dices me hizo recordar a una vecina que pasó varios años vistiendo luto y me comentó que cada vez que pensaba quitárselo, fallecía un familiar cercano. Escucharla me produjo una honda tristeza.
Te envío un abrazo enorme que alcance a Carlos Acosta.