Carta sin enviar
Hola a todos.
Esta es una historia que se me ocurrió tras tener una pesadilla. Decidí publicarla para justificar la interrupción de mi sueño, hoy en la madrugada del 15 de febrero.
Carta sin enviar
Querida Amelia:
Todo lo que decías sonaba como una promesa. Creía que si más escuchaba tus canciones más cerca estaría de la vida que soñaba junto a ti.
Nunca me prometiste nada. Era yo usándote para moverme y sentir que yo no estaba vivo por pura casualidad y que los días no transcurrían en vano. Tú eras una diosa inalcanzable al otro lado de la fuente de las ondas de radio y yo, un oyente que genéticamente formaba parte de un todo y que mentalmente era conjunto con nada.
Me cansé de poner mis esperanzas en el futuro y sólo las pondré en el día a día porque sé que el futuro no será mejor. Nadie me hará feliz. Si ubico mi fuente de alegría afuera, entonces, basta con un rechazo o un alejamiento para volver a sufrir.
Tú sí me haces feliz, pero ese es tu trabajo: cantar y componer para quien quiera oírte y descubrirte.
