Concurso mensual de la Increíble India de enero #2: ¡Protector vs. Posesivo!

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En muchas relaciones solemos confundir dos palabras que, aunque parecidas, tienen significados muy distintos: protector y posesivo. A simple vista ambas pueden parecer muestras de amor o preocupación, pero cuando se viven en el día a día, la diferencia se siente… y mucho.
Para mí, una persona protectora es aquella que cuida sin imponer. Es la que está pendiente, pero respeta; la que acompaña, pero no controla. Ser protector implica confiar en el otro, creer en su capacidad de tomar decisiones y estar ahí cuando necesita apoyo, no cuando uno quiere mandar. Es un tipo de amor tranquilo, que no pesa y no encierra.
La posesividad, en cambio, suele venir disfrazada de cariño. Muchas veces comienza con frases como “lo hago porque me importas” o “es por tu bien”, pero poco a poco se transforma en control, celos excesivos y desconfianza. La persona posesiva quiere saber todo, decidir todo y, sin darse cuenta, va quitándole libertad al otro. Y cuando falta la libertad, el amor empieza a desgastarse.
Creo que las razones detrás de la posesividad están muy ligadas a las inseguridades personales. El miedo a perder, a ser reemplazado o a no ser suficiente puede llevar a alguien a querer “retener” a la persona que ama. También influyen las experiencias pasadas, las heridas emocionales y hasta la forma en que aprendimos a amar desde pequeños.
¿Existen ambas “P” en todas las relaciones cercanas?
Desde mi experiencia, sí. En algún momento todos podemos sentir ese deseo de proteger más de la cuenta o ese pequeño miedo que nos vuelve posesivos. La diferencia está en reconocerlo y corregirlo antes de que afecte la relación.
Entre las ventajas de ser protector, destaco la seguridad emocional, el apoyo mutuo y la confianza. La desventaja aparece cuando se cruza la línea y se cae en la sobreprotección, limitando el crecimiento del otro.
En cuanto a la posesividad, su mayor desventaja es clara: genera conflictos, discusiones y distancia. Aunque pueda parecer una muestra de amor, termina causando el efecto contrario.

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En fin, amar de verdad no es vigilar ni controlar, sino acompañar y confiar. Las relaciones sanas se construyen cuando ambos se sienten libres, respetados y valorados, sin miedo a ser ellos mismos. Ser protector suma; ser posesivo, resta.
Invito a participar a:
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