Es una hermosa historia de amor. Flor se marchó de este mundo, pero dejó sembrado en todos quienes la conocieron sus virtudes como madre, amiga y mujer de firmes principios. Son virtudes que deben resaltarse en estos tiempos en que todos estamos condicionados por la rapidez, lo efímero y el síndrome del mínimo esfuerzo en todo cuanto llevemos a cabo. Cuando leemos experiencias tan emotivas como estas, renace nuestra confianza en las maravillosas aptitudes de los seres humanos. Éxitos, amiga.