Hola, amigo. Lo que pasa en Venezuela es que somos buenos copiones internacionales. Aquí por ejemplo hay gente que adoptó la fiesta de la noche de brujas (costumbre de los anglosajones) y también se trajeron a Santa Claus y a otro viejo llamado el Espíritu de la Navidad. Por cierto que hoy vi a unos sujetos vendiendo ramos de flores por ahí en la calle, y ahora me vengo a dar cuenta de la razón. Me imagino que, gracias a la enorme cantidad de venezolanos que aventó el chavismo hacia la Argentina, lo de las flores amarillas se vino a Venezuela como para quedarse. Linda publicación. Saludos.
Hola. Muchas gracias por su comentario y apoyo.
Bien, bueno, el problema no está en que copiemos la tradición de las flores amarillas, ya que la celebración de los equinoccios es algo ancestral y global, muchas culturas ancestrales, sobretodo europeas, celebraban el equinoccio primaveral, y tenían a las flores amarillas como centro de su celebración, ya que significaba la vuelta del sol. Muy seguramente de allí lo tomó floricienta cuando decidió revivir la tradición, pero de igual forma, no es una tradición argentina, es una tradición ancestral e internacional muy bonita, y que me encanta que sigamos.
El problema radica en que lo hacemos mal. No lo hacemos el día que corresponde, porque no tenemos en cuenta que en argentina no inicia la misma estación que inicia en nuestro país. Creo que lo hacemos solo por moda, aunque mucha gente disfruta y lo hace con bonitas intenciones, pero quizás no entienden el significado real de la tradición, y no toman para nada en cuenta de que nosotros estamos iniciando el otoño, no la primavera, ahí radica el problema, nosotros deberíamos regalar flores amarillas en nuestra primavera, en marzo.
Lo bueno es que mucha gente en nuestro país está entendiendo que en marzo es que debemos regalar flores amarillas, incluso en el marzo de este año ví algunas personas con flores amarillas, y eso me gustó mucho, porque estamos entendiendo, de a poco, que nuestra primavera inicia en marzo. :)
Muchas gracias por su comentario, estimado amigo.
Reciba usted un cordial saludo de mi parte.
Si nos abocamos a erradicar todas las tradiciones que copiamos nos quedaremos sin carnaval, sin Semana Santa y sin navidad, solo por nombrar algunas de las más famosas celebraciones., ya que ninguna de esas costumbres nacieron por estos lares. (Recuerdo que alguien dijo una vez que repudiaba a Santa Claus porque era un santo importado y otro le contestó: Sí, amigo, porque el Niño Jesús nació ahí en Canchunchú Florido).
Entiendo, por otra parte, su preocupación en cuanto a la época del año en que se celebra aquí la tradición de Las flores amarillas; pero debemos tomar en cuenta que no tenemos estaciones tan marcadas como en otras latitudes: llueve en cualquier época del año, algunos árboles -solo unos pocos- pierden las hojas cuando les da la gana y otros se mantienen eternamente verdes; y pasa lo mismo con las flores, en cualquier mes del calendario pueden brotar para embellecer el ambiente.
Por lo pronto, entonces, se remeda a la Argentina en esto de Las flores amarillas, pero puede suceder que, más adelante, nos dé por obsequiarlas en cualquier momento y no pasa nada. Total, el Día de las Madres, del Padre y del Niño no es el mismo en todas partes y nadie se preocupa por ello, solo se celebra y ya.
Éxitos, amigo. Un gran saludo.
Estimado amigo, el asunto es más complicado todavía. Dentro de la zona intertropical no existe la primavera o, mejor dicho, no hay estaciones. Acá tan solo hay dos temporadas: de sequía y de lluvias. Pero para explicar eso a la gente común es más difícil que matar un caimán a pellizcos. Saludos cordiales.
No, si existen las cuatro estaciones, o eso al menos me explicaron en la escuela de Geografía de la UCV; lo que sucede es que, debido a la latitud donde se localiza nuestro país, no se notan tan marcadas, es decir, los efectos de las cuatro estaciones no los percibimos de forma pronunciada como ocurre más al norte o más al sur, pero de igual forma las estaciones están allí. Un claro ejemplo es la disminución de la temperatura que percibimos en diciembre, enero y febrero, es decir, en la estación del invierno del hemisferio norte. Pero solo es una disminución leve, mientras que a una mayor latitud observamos nieve y temperaturas bajo cero.