Historia de la infancia
Tu infancia, la mía, no fue mala en absoluto.
Al menos teníamos comida, amor y cariño. Tuvimos la oportunidad de estudiar. ¿Qué sentiríamos si conociéramos la infancia de quienes sí tuvieron amor, cariño y la oportunidad de estudiar? Necesitamos conocer la infancia de quienes pasaron su niñez sin comer. Necesitamos conocer la infancia de quienes no tuvieron la oportunidad de estudiar. Ahora bien, a quienes no están teniendo una infancia feliz, debemos hacer algo por ellos. Para que puedan sobrevivir comiendo y estudiando. Para que tengan la oportunidad de estudiar. Solo entonces podremos considerarnos seres humanos. Debemos pensar no solo en nuestra propia familia, sino también en las demás. No basta con ser buenos solo para nosotros mismos. Debemos ser buenos con todos. Tu infancia fue feliz. ¡Qué bien! Pero, ¿alguna vez has pensado en aquellos cuya infancia transcurrió en la pobreza?
Conozcamos la infancia de algunas personas:
Dos hermanos están sentados sin comer el día del Eid. Su madre está muy triste. Ese día, la madre no pudo cocinar semai para sus dos hijos. Ni hablar de la carne pola. El padre de estos dos hijos se ha vuelto a casar. El padre no cuida de sus dos hijos. Ni siquiera cuida de su esposa. Por la tarde, una mujer de la casa vecina les da comida a los dos niños. Los dos hermanos y su madre comen esa comida. Esta es la infancia de estos dos niños. Los dos niños crecen sin comer y vistiendo ropa vieja que les dan. Su madre no puede educarlos. Cuando hablas de tu infancia privilegiada, ¿no sientes vergüenza? ¿Qué has hecho por aquellos cuya infancia no es buena? Piensa en ellos. Haz algo por ellos.
Déjame contarte otra historia de la infancia:
Son dos hermanos. No tienen televisión en casa. Pero a los dos niños les encanta ver la televisión. Los dos hermanos se paran frente a la ventana de una casa para ver la televisión. A través de la rendija de la ventana, los dos hermanos ven la televisión con atención. Muchos mosquitos los pican. A pesar de las picaduras de mosquitos, los dos hermanos ven la televisión. A veces cierran la ventana. Los dos hermanos piden que les abran la ventana, pero no son amables. En cambio, los regañan. Les dicen: «No se paren frente a la ventana. Les echaré agua». Muchas veces, de hecho, les echaron agua. A veces abrían la ventana para ver la televisión, pero en vez de eso tenían que traer papas y cebollas de la tienda. Así es la infancia de dos niños. Los dos hermanos se sientan sin comer, esperando a que su padre traiga la compra.

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