Es un día lluvioso.

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El cielo había estado plomizo desde la mañana. Todo el pueblo estaba cubierto de nubes negras. De repente, comenzó a llover torrencialmente. Se oía un estruendo ensordecedor por todas partes, el camino de tierra estaba lleno de barro y el olor a tierra mojada impregnaba el aire.

Rahat estaba sentado junto a la ventana, observando la lluvia. Tenía muchas ganas de salir y mojarse, pero su madre se lo prohibía. Aun así, no le hizo caso. Al cabo de un rato, abrió la puerta con cuidado y salió. En cuanto las gotas de lluvia cayeron sobre él, sintió como si hubiera entrado en otro mundo. Se quedó de pie con los brazos extendidos y comenzó a mojarse bajo la lluvia.
De repente, vio a un niño pequeño de pie al borde del camino. El niño llevaba la ropa hecha jirones y tenía una mirada de impotencia en los ojos. Temblaba por la lluvia. A Rahat se le encogió el corazón. Se acercó y le preguntó: "¿Qué haces aquí?".
El niño dijo con voz temblorosa: "No tengo adónde ir...".
Rahat se quedó pensativo un instante. Entonces dijo: «Ven conmigo. Vamos a casa».
Llevó al niño a casa. Al principio, la madre se sorprendió un poco, pero después de escuchar todo, lo hizo entrar. Le dio ropa seca y comida caliente. Una extraña sonrisa apareció en el rostro del niño, como si hubiera encontrado su propio refugio bajo la lluvia.
Aquel día lluvioso no solo fue un día de alegría en la vida de Rahat, sino que también le enseñó una nueva lección de humanidad. Comprendió que la verdadera felicidad no reside solo en la propia, sino en acompañar a los demás en su sufrimiento.

Afuera seguía lloviendo. Pero el sonido de la lluvia parecía ocultar una profunda paz y una historia de amor.

El cielo había estado nublado desde la mañana. Un extraño silencio flotaba en el aire, como si esperaran a que algo sucediera. Por la tarde, la lluvia cayó de repente, empapándolo todo con un estruendo ensordecedor.

Nila estaba junto a la ventana, observando la lluvia. Le encantaba, pero hoy se sentía un poco extraña. De repente, sonó su móvil. El nombre —Arian— apareció en la pantalla.

Hacía tiempo que no hablaban. Un pequeño malentendido había creado distancia. Nila guardó silencio un momento y luego contestó la llamada.


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Aryan dijo con voz tranquila desde el otro lado: «Está lloviendo... ¿Recuerdas que dijiste que querías olvidarte de todos tus problemas en los días de lluvia?».

Nila no dijo nada, solo miró por la ventana. Las gotas de lluvia golpeaban el cristal, igual que sus pensamientos.

Después de un rato, Aryan dijo: «Estoy frente a tu casa... Si bajas un momento...»

El corazón de Nila se aceleró. Bajó rápidamente. Cuando salió, vio que Aryan estaba allí de pie, completamente empapado. En sus ojos se reflejaba esa sinceridad tan característica.



Nila estaba a punto de decir algo, pero Aryan se adelantó: «Fue culpa mía. No quiero perderte».

De pie bajo la lluvia, Nila sonrió levemente y dijo: «Yo nunca quise perderte».

Entonces, los dos se quedaron juntos. No había paraguas, pero eso no importaba. Las gotas de lluvia los empapaban, y en ese instante, era como si la distancia que los separaba se desvaneciera.



Aquella lluvia no solo empapó la naturaleza, sino que también unió sus corazones. Bajo la lluvia, encontraron un nuevo comienzo de amor: suave, silencioso, pero profundo.
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 7 days ago 

La lluvia nos lleva alegría en algunos casos como lo es para los niños,jugar ,la travesura , incluso nos pone en nostalgia, lindas historias en dónde reflexionar la vida de otros transciende más allá de lo que vivimos a diario hay que tener un corazón ❤️ limpio de empatía hace falta ,en cuanto al amor hay que escuchar y perdonar para seguir adelante cuando es verdadero!!!

Saludos

Gracias por dedicar tiempo a leer nuestra publicación y por su amable comentario.

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