Al igual que usted, tuve una época, cuando era un niño, en que me dediqué a los laberintos, aunque no recuerdo que existieran libros completos dedicados solo a ellos, formaban parte de una variedad que encontrábamos junto a los demás. Más tarde, incursioné en las sopas de letras; fue una actividad que estuvo de moda por un buen tiempo; y desde la adolescencia comencé a resolver crucigramas, todos los que venían en el periódico los buscaba para distraerme un buen rato... Éxitos, amigo.
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