Un poema, con la belleza que nos rodea...

Al regresar Adriana del colegio trae una asignación donde debe elaborar un poema tomando en consideración el ambiente que le rodea, Adriana con lápiz y papel se sienta sobre una inmensa piedra frente al paisaje, hace una mueca con la boca y se lleva el dedo índice cerca de la sien, su mirada perdida en el paisaje, para aprovechar cada uno de los elementos.
Y comienza a escribir el poema:
Cielo azul, que se pierde en el infinito,
palmeras como gigantes que vigilan hasta el último rincón,
escasa presencia de personas.
El silencio es el gran protagonista,
La laguna se transforma en un escenario mágico,
con la presencia de los flamencos,
reflejados en el agua como en un espejo.
Al levantar vuelo,
levantan chispas de cristal que se estrellan entre sí.
Se visten de rosado en la adultez.
Son tan llamativos que no hay ojo que no se resista a tal belleza.
El cuello largo y flexible,
a veces como una letra S,
otras se alargaba para buscar alimento en el agua.
Adriana, se dirigió hasta el papá y le leyó el poema, le sugiere el título, La belleza que nos rodea, todo eso me lo inspiró el paisaje.


