El joven que escondía su mirada
Hola todos. ¿Cómo están?
Voten, comenten y que tengan un buen día, tarde o noche.
El joven que escondía su mirada
No es mala autoestima ni vergüenza.
Tampoco es que me quiera esconder, es decir, salgo a la calle y hago mis cosas. Nadie va a venir y hacerlas por mí.
Los colores, las caras, las poses, entonaciones de las palabras me sugieren cosas. Ideas buenas, malas o desagradables que me hacen tronar los labios, morderme la lengua, hacer sonidos que ahoguen lo que veo. La gente ha tomado estos gestos como prueba de incomodidad y de deseos que acabe la conversación o el contacto.
La ansiedad que siento por tener que contenerme se le una desesperación por querer explicar el por qué de mi reacción. El miedo a quedar como un loco sirvió de contención y de barrera para evitar contacto.
Cuando dejas de necesitar que te quieran todo cambia
Los animales con orejas erectas giran una de ellas unos pocos grados cuando perciben un sonido que les parece extraño. Los ojos funcionan igual. Los movimientos rápidos y microscópicos dicen bastante.
La voz, la piel y los atrios visuales son formas de conectar de manera mutua o forzada.
Odio cuando alguien cree que puede venir y pisarme sólo porque preferí mirar el techo, el piso o hacia el vacío más allá de sus espaldas en vez de confrontar mis ojos con los suyos.
Les sorprende mi cambio de actitud mi la firmeza de mi mirada insisten en seguir forzando los límites que creían inexistentes.
