Yo: un manojo de luciérnagas y libélulas que moran cerca del río

Soy hijo de agricultores y en la convocatoria del desarraigo he transitado, casi sin mirar atrás, por distintas ciudades. Mi padre se estableció para siempre en el mismo sitio donde nació. Hizo de las adyacencias al río Guarapiche su cíclico itinerario. Allí nací yo. En ese verdeazulado espacio del oriente venezolano fui un así. Allá fui convocado por luciérnagas y libélulas y por la polifonía del río. Mi espiritualidad se definió como consecuencia de la confluencia de diversos aspectos o componentes mágicos del río: la noche, los aparecidos, encantados, duendes y las voces meticulosas y desgañitadas de las cigarras.
Mi madre, Juana Antonia, era una señora que sabía leer constelaciones y pronunciar el nombre propio de los luceros. Mi padre, Rafael, era especialista en oler la lluvia y sus cercanías. Por ello me hice un sujeto catador de abecedarios y clasificador impenitente de aguaceros.
Los mandatos del río me hicieron errante. Con y en mis caminos he definido mi aventura personal y hoy extiendo mi mano fraterna en esta buena oportunidad para construir la obtención amorosa de una nueva comunidad con la que pueda pronunciar la palabra que acerque.
Soy, como dije, un campesino que se dedica también a la escritura. He escrito algunos libros que se han publicado y compartiré con ustedes los títulos que logro recordar ahora: Calle de la niña Isabel, Calle Urica número 81, Calle Piar, Calle 4 número 14, Calle Bolívar número 63, El Libro de los Amaneceres, Servir a la Nación Servir al Pueblo y Bajo el Neón.
Esos títulos forman parte del archipiélago de mi ternura, con ellos construyo puentes que conduzcan hacia el corazón. Ellos, los libros, generaron algunos reconocimientos por mi trabajo entre los que mencionaré la Bienal Latinoamericana de Poesía José Rafael Pocaterra y el Concurso Nacional de Poesía Stefania Mosca. Empiezo a caminar aquí porque soy un hombre de ríos que ha respirado del aire purísimo que se cuela por las hendiduras del Turimiquire y llega hasta el Guarapiche. Cuando levanto la mirada hacia la vida reconozco la jefatura de ambos gigantes: El Turimiquire y el río Guarapiche.
He seguido indicaciones de mis rutas dactilares y en ese tránsito me ha tocado ser Director de Cultura del estado donde nací, tallerista, editor, Coordinador de Cultura de la Zona Educativa de mi estado y algunas otras responsabilidades similares.
Quiero construir puentes con una amplia comunidad de intereses afines. Por ello estoy aquí.
La poesía, la literatura, la opinión, la narrativa, son ámbitos esenciales para mí y con ellos quiero visitarles a ustedes, relacionarme con vosotros y hacer posible nuevas circunstancias en las que podamos expresarnos y construir abrazos profundos que ayuden a derrotar la soledad y el silencio.

Hermosas palabras amigo.
Hay un dominio de la palabra verdaderamente enternecedor.
No tengo vivencias cercana a los ríos, aunque de paso pude tocar al Turimiquire y al Guarapiche.
Como cosa de realismo mágico en el en el Guarapiche estaban creciendo guacucos, pensé entonces que esa comida que salvó nuestras vidas en mi infancia, me salí al paso para abrazarme allá, en El tomate " de Caicara de Maturín.
Tu voz poética habla del baile del mono, de la sombra de la madre que aún deambula por la orilla del río.
Celebro este encuentro, esta oportunidad donde sólo se me viene a la garganta una palabra:
Maraisa.