La ilegalidad de la intervención de Estados Unidos en Venezuela

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La posibilidad de una intervención directa de Estados Unidos en Venezuela, especialmente mediante la captura del presidente de un país soberano, plantea serios cuestionamientos desde el punto de vista del derecho internacional y del orden jurídico global.

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Según el derecho internacional público, los Estados soberanos gozan del principio de no intervención, el cual establece que ningún país puede inmiscuirse en los asuntos internos de otro, mucho menos mediante el uso de la fuerza o acciones coercitivas directas sobre sus autoridades legítimas.

La captura de un jefe de Estado extranjero sin un mandato de un organismo internacional como la Organización de las Naciones Unidas constituye una violación clara de la soberanía nacional. Este tipo de acciones solo son legalmente posibles cuando existe una resolución explícita del Consejo de Seguridad de la ONU, algo que no se ha producido en el caso venezolano.

Además, el principio de inmunidad de los jefes de Estado protege a los presidentes en ejercicio frente a detenciones, juicios o capturas por parte de tribunales o fuerzas extranjeras. Esta norma busca garantizar la estabilidad de las relaciones internacionales y evitar precedentes que puedan derivar en conflictos globales.

Una intervención unilateral también contradice la Carta de las Naciones Unidas, que prohíbe el uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado. Ignorar este marco legal debilita el sistema internacional construido tras la Segunda Guerra Mundial.

Desde el punto de vista regional, una acción de este tipo podría generar una fuerte desestabilización en América Latina. La historia demuestra que las intervenciones externas suelen profundizar crisis internas, provocar desplazamientos masivos y aumentar la polarización social y política.

En el ámbito económico, la ilegalidad de una intervención de este calibre podría traducirse en sanciones diplomáticas, rupturas comerciales y pérdida de confianza en los mercados internacionales, afectando no solo a Venezuela sino también a países aliados y socios estratégicos.

También existe un impacto simbólico importante. Si una potencia actúa por fuera del marco legal internacional, se envía el mensaje de que la ley se aplica de forma selectiva, erosionando la legitimidad de las instituciones globales y alimentando un escenario de ley del más fuerte.

Por último, la captura forzada de un presidente extranjero sentaría un precedente peligroso. Normalizar este tipo de acciones abriría la puerta a conflictos internacionales recurrentes, debilitando la diplomacia y aumentando el riesgo de confrontaciones armadas a gran escala.

En este contexto, cualquier intento de resolver la crisis venezolana mediante la fuerza o la intervención directa resulta incompatible con el derecho internacional y con los principios básicos que rigen la convivencia entre los Estados en el sistema mundial.