Alimentación terapéutica durante la quimioterapia: una herramienta para sostener el organismo

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La quimioterapia no solo actúa sobre las células tumorales. También provoca una serie de respuestas fisiológicas que afectan al metabolismo, al tejido muscular y al sistema nervioso. Muchas personas en tratamiento describen una fatiga persistente, pérdida de fuerza, descenso de peso y dificultades cognitivas que interfieren con su vida diaria y su autonomía.

Estos síntomas tienen una base biológica clara: inflamación sistémica, cambios hormonales y un aumento del catabolismo que acelera el desgaste corporal. En este escenario, la alimentación deja de ser una cuestión secundaria y pasa a ocupar un lugar central. Comer de forma adecuada no elimina los efectos secundarios, pero puede ayudar a reducir su intensidad y a mejorar la tolerancia global al tratamiento.

Nutrientes clave para reducir el desgaste durante el tratamiento

Uno de los principales retos durante la quimioterapia es la pérdida de masa muscular. Este proceso, frecuente incluso en personas con un peso aparentemente estable, se asocia con mayor cansancio, peor respuesta al tratamiento y más interrupciones terapéuticas. La proteína es el nutriente más relevante para frenar este deterioro, siempre que se consuma en cantidad suficiente y repartida a lo largo del día.

Las grasas cumplen una función estratégica cuando el apetito disminuye. Al aportar mucha energía en poco volumen, permiten cubrir las necesidades calóricas sin forzar ingestas grandes. Las fuentes de grasa de buena calidad facilitan mantener el peso corporal y evitan déficits energéticos prolongados que agraven la debilidad.

En cuanto a los hidratos de carbono, siguen siendo un combustible necesario. El cerebro y los músculos dependen de la glucosa, y una restricción excesiva puede intensificar la fatiga física y mental. Ajustar su tipo y su distribución suele ser más efectivo que eliminarlos por completo.

En la práctica clínica, las recomendaciones nutricionales más habituales durante la quimioterapia incluyen:

  • Repartir la comida en varias tomas pequeñas

  • Priorizar alimentos fáciles de digerir

  • Combinar proteínas con hidratos de carbono

  • Aumentar la densidad energética sin elevar el volumen

La importancia de una estrategia personalizada

No todos los pacientes responden igual a la quimioterapia. El tipo de fármaco, la duración del tratamiento y el estado nutricional previo influyen de forma directa en la tolerancia alimentaria. Por eso, las pautas genéricas suelen ser insuficientes y pueden generar frustración o errores evitables.

Un enfoque individualizado permite adaptar la alimentación a cada fase del proceso, ajustando cantidades, texturas y horarios según los síntomas reales. En muchos casos, buscar el apoyo de un experto en nutricion oncologica ayuda a integrar la nutrición como parte activa del abordaje terapéutico, con criterios basados en evidencia y no en recomendaciones contradictorias.

Comer para preservar la función y la calidad de vida

La nutrición durante la quimioterapia no es una cuestión estética ni un simple hábito saludable. Forma parte de la estrategia para preservar la función física, la claridad mental y la capacidad de afrontar el tratamiento con mayor estabilidad. Una intervención temprana se asocia con menos complicaciones nutricionales y una mejor continuidad terapéutica.

Entender la comida como un recurso terapéutico permite al paciente recuperar parte del control sobre su cuerpo en un momento de alta exigencia. En un contexto de tratamiento agresivo, alimentarse bien no es un lujo: es una forma concreta de proteger los recursos del organismo y sostener la calidad de v