Nutrición oncológica con enfoque clínico: una herramienta activa durante todo el tratamiento
El cáncer no solo afecta al tejido tumoral. Desde las primeras fases del diagnóstico se producen alteraciones metabólicas que modifican la forma en la que el cuerpo utiliza la energía y los nutrientes. A esto se suman los efectos de la quimioterapia, la radioterapia o la inmunoterapia, que suelen impactar de manera directa en el apetito, la digestión y la capacidad para mantener un estado nutricional adecuado.
En este contexto, aplicar recomendaciones alimentarias generales no resulta suficiente. La nutrición oncológica trabaja con objetivos clínicos medibles: prevenir la desnutrición, limitar la pérdida de masa muscular, mejorar la tolerancia a los tratamientos y sostener la calidad de vida. Cada decisión nutricional se adapta al tipo de cáncer, a la fase del proceso y a los síntomas presentes en cada momento.
Cómo interviene la nutrición especializada en cáncer
Uno de los problemas más frecuentes es la desnutrición relacionada con la enfermedad. La pérdida involuntaria de peso y músculo no es solo una consecuencia estética, sino un factor que aumenta el riesgo de infecciones, empeora la respuesta al tratamiento y prolonga la recuperación. El nutricionista evalúa la ingesta real, el gasto energético y la composición corporal para diseñar estrategias que cubran las necesidades del paciente.
Durante las terapias oncológicas aparecen efectos secundarios que dificultan la alimentación diaria. Náuseas, vómitos, mucositis, alteraciones del gusto, dificultad para tragar o cambios en el tránsito intestinal obligan a realizar ajustes precisos. La intervención nutricional modifica texturas, temperatura de los alimentos, horarios y frecuencia de las tomas para mantener la ingesta incluso en los días más complicados.
Mantenimiento muscular y soporte del sistema inmune
La caquexia oncológica es una de las complicaciones más limitantes del proceso. Un plan nutricional personalizado prioriza el aporte proteico, la densidad calórica y una distribución estratégica de nutrientes para frenar la pérdida de masa muscular y preservar la fuerza funcional.
Además, una alimentación bien estructurada contribuye al funcionamiento del sistema inmunológico. El equilibrio de energía y micronutrientes influye en la capacidad del organismo para tolerar los tratamientos, reducir complicaciones y recuperarse entre ciclos terapéuticos.
Dentro del acompañamiento nutricional se abordan aspectos como:
- Ajuste energético según tratamiento activo y fase clínica
- Selección de alimentos con alta tolerancia digestiva
- Estrategias prácticas para estimular el apetito
- Adaptación continua a síntomas cambiantes
- Seguimiento y reevaluación periódica
Los datos clínicos respaldan este enfoque: hasta un 50 % de los pacientes con cáncer presenta algún grado de desnutrición, y un soporte nutricional adecuado mejora la adherencia al tratamiento y reduce interrupciones no planificadas.
Para quienes necesitan un abordaje específico, es posible conocer el servicio de atención nutricional especializada en oncología, orientado a cada etapa del proceso y a las necesidades reales del paciente.
Acompañamiento continuado y atención cercana
La nutrición oncológica no es una intervención puntual. Requiere ajustes constantes antes de iniciar el tratamiento, durante las terapias, en la fase de recuperación y, cuando es necesario, en cuidados paliativos. Este seguimiento permite adaptar la alimentación a la evolución clínica y a los cambios en la tolerancia.
La consulta se encuentra en Rúa do Valiño, 66, Baixo 4, 15707 Santiago de Compostela, facilitando el acceso a valoraciones presenciales y controles periódicos. La ubicación exacta puede consultarse en ver la localización exacta de la consulta en el mapa.
Un nutricionista no trata el cáncer, pero su intervención tiene un impacto directo en la fuerza, la tolerancia a las terapias y la calidad de vida. Integrar la nutrición como parte del abordaje oncológico es una decisión clínica con beneficios reales y medibles.
