SI PUDIERA
Un buen poema nos coloca siempre ante lo trascendente, y en mi caso, si se trata de una persona amada, ausente, se da una fusión de gozo y de tristeza. Un poema de José Francisco Ortiz es una apertura a la gracia, digamos un don que el poeta colocaba en nuestras manos y que a la vez lo hacía para él, el demiurgo que le acompañaba. El poeta nacido en Trujillo de helechos y neblinas, extremadamente riguroso, y no sólo lúcido, sino visionario; partió cuando su poesía, bellamente formal, remitía a la vez a un mundo espiritual, que podríamos decir, semejaba las moradas de las que Santa Teresa de Jesús habla gozosa en su obra, y a las que realmente pocos tenemos el privilegio de acceder en la escritura. El poema que presento es tal vez testigo de esta conjetura:
SI PUDIERA
No se ha dicho cuándo
las manos de Dios
temieron la voluptuosidad
del barro, su liviana
cadencia entre los dedos
y el fulgor oculto en alma
para cancelar
los jardines angélicos
sobre las yermas
tierras del hombre.
¡ Si pudiera colmar las huellas
con sus blandas sandalias!
¿Quién las encontraría?
