El eco del tambor de la UASD despertó una pregunta en mí
Hoy, jueves 3 de septiembre de 2026, mientras tomaba un tereré en el Café del Sol de San Lorenzo, me cruzó la pantalla del celular una transmisión en vivo del devocional interreligioso de Pascua en la UASD. El video mostraba a más de 1 000 personas reunidas en el Estadio Defensores del Chaco, cantando “Él Vive” bajo una lluvia de luces. Mirá, esa escena me sacó del piloto automático; sentí que la fe que vivía en mi casa de Asunción estaba a punto de medirse contra una multitud que jamás había visto.
Una de las cosas que me llamó la atención fue la presencia de Juan Pérez, un compañero de la Facultad de Teología que había decidido participar como voluntario en el coro. Juan me contó que había pasado los últimos tres meses ensayando con músicos de distintas confesiones, y que el objetivo era que la música sirviera de puente, no de barrera. Pensá en eso: un grupo heterogéneo de creyentes intentando crear una sola melodía. La experiencia me recordó la primera vez que escuché esa canción en la parroquia San Roque de Asunción, donde el organista siempre la iniciaba con un bajo que hacía temblar el suelo. Ahora, ese mismo bajo retumbaba en un estadio, y la diferencia no era solo de volumen, sino de contexto.
El mensaje del arzobispo después del acto, que leí en el Diario ABC el 2 de septiembre, decía: "una verdadera llamada a la conversión personal y social". Esa frase quedó grabada en mi mente mientras el público aplaudía. Me puse a pensar en cuántas veces la conversación sobre fe se queda en la esfera privada, mientras la vida misma nos lanza oportunidades de testimonio público sin que nos demos cuenta. La noticia me obligó a reconocer que, a veces, la unidad se muestra en gestos tan simples como compartir un himno, pero también exige que cada uno examine su propio compromiso.

Foto: Robin Ramos / Pexels (CC0)
Si recién estás empezando a sentir que la fe puede salir del cuarto de tu casa, te propongo tres pasos que podés hacer mañana mismo:
- Escuchá una canción de “Él Vive” mientras preparás el desayuno; anotá en una hoja qué emoción te despierta.
- Escribí una breve nota sobre un momento reciente donde sentiste unidad con alguien que no compartía tu religión; poné un recordatorio para revisarla al final de la semana.
- Sumate a un pequeño grupo de estudio bíblico o a una charla interreligiosa en tu barrio; la primera reunión suele ser gratuita y dura una hora.
"Vos sois la luz del mundo; no se puede esconder una luz bajo una vasija" – Mateo 5:14
Para mí, el eco del tambor del estadio sigue resonando en la mañana. Sentí que la fe no es solo una palabra que se repite en la liturgia, sino un sonido que nos invita a caminar juntos, aunque sea en silencio. Es así nomás, la vida misma me está enseñando a escuchar más allá de mi propia voz.