El peso de las palabras que no dijimos

in #spanish5 days ago

Hay días en los que uno siente que todo pesa. Las responsabilidades, las deudas, las relaciones. Y en medio de eso, cuesta encontrar un momento de paz. Pero justo ahí, cuando parece que no se puede más, algo pequeño pasa. Un mensaje, una canción, el amanecer. Y te acordás de que no todo está perdido.

A veces estamos tan ocupados mirando lo que nos falta que no vemos lo que tenemos. La salud, la familia, el techo, la comida. No hace falta tener mucho para agradecer. Solo hace falta detenerse un momento y mirar alrededor. La vida está llena de cosas simples que valen oro, pero las pasamos por alto porque andamos corriendo.

El otro día mi hijo me preguntó por qué existimos. No supe qué responderle. Me quedé mirándolo un rato y le dije: "Para amarnos, supongo". Él asintió y siguió jugando. A veces los niños dicen más con una pregunta que nosotros con un discurso.

Uno vive persiguiendo respuestas afuera, cuando las más importantes están adentro. El silencio asusta porque te deja a solas con lo que sos. Pero es justo ahí donde podés escuchar lo que realmente importa. No le tengas miedo al silencio.

La vida no siempre da lo que uno pide, pero siempre da lo que uno necesita. A veces la respuesta es no, y ese no abre una puerta que uno no veía. Otras veces el silencio es la respuesta más clara que existe. Aprender a escuchar es parte del camino.

Hay una presión terrible por mostrar una vida perfecta. En redes, en las conversaciones, en las fotos. Todos felices, todos exitosos. Pero la realidad es que todos cargamos algo. Una preocupación, un miedo, una historia que no contamos. Está bien no estar bien. Está bien decirlo.

El otro día venía en el colectivo y vi a una señora mayor sonriendo sola mirando su teléfono. Una foto de su nieto, seguro. Y pensé: la felicidad está en esos momentos chiquitos que nadie filma. Nos rompemos la cabeza buscando grandes alegrías y hay una señora en el bondi que ya la encontró.

Leí en algún lado que el alma tiene hambre de silencio. Y es cierto. Pasamos el día rodeados de ruido: notificaciones, bocinas, conversaciones, televisión. El silencio incomoda porque en el silencio te encontrás con vos mismo. Y a veces ese encuentro es incómodo. Pero es necesario.

Me pasa que a veces quiero tener todo controlado y cuando algo se sale de lo previsto me desarmo. Pero la vida es así nomás, impredecible. Aceptar que no todo depende de uno es un alivio. Soltar el control no es rendirse, es dejar de pelearse con lo que no se puede cambiar.

La rutina puede ser un refugio o una cárcel. Depende de cómo la vivas. Si la rutina te da paz y orden, es un refugio. Si te quita la vida y la alegría, es una cárcel. Evaluar de vez en cuando si estamos viviendo o simplemente funcionando es importante.

Anoche no podía dormir y me puse a pensar en todas las cosas que me faltan. La casa más grande, el auto nuevo, las vacaciones soñadas. Y de repente escuché a mi hijo reírse dormido. Y me di cuenta de que tengo lo único que realmente importa. El resto es ruido.

Mi abuela decía que los problemas se achican cuando los compartís. Al principio no la entendía, pero con los años vi que tenía razón. Hablar de lo que pesa no es debilidad, es sabiduría. Guardarlo todo adentro es lo que realmente destruye.

Hay heridas que no se ven. Las que no sangran. Las que llevamos adentro y no mostramos porque no hay curita que las tape. A veces las arrastramos años. Pero sanar no es olvidar, es aprender a llevar la cicatriz sin que duela. Y eso también lleva tiempo.

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Contenido original para Steemit.