El ruido en la rueda del Gol de Don Gustavo

in #spanish10 days ago

Hoy sábado 12 de septiembre me desperté a las seis de la mañana en San Lorenzo con un ruido seco en la rueda delantera de mi Gol 2011. Manejé despacito hasta el taller de Don Gustavo, ahí sobre la avenida Eusebio Ayala, aprovechando que los sábados abre temprano. Mientras levantaba el auto con el gato hidráulico, me sirvió un cocido caliente en un jarro de lata aplastado y nos pusimos a charlar sobre lo difícil que viene este año, lo caro que está el aceite y cómo cuesta remarla cuando la plata no alcanza.

Don Gustavo me decía, mientras apretaba una llave inglesa número 14: "Mirá, Cyclope, acá la gente entra apurada pidiendo que le arregle la dirección en diez minutos, pero al metal no lo podés apurar porque si lo forzás, se quiebra". Pensá en eso un segundo. Viví situaciones donde pretendía resolver problemas de meses en un solo parpadeo, y cuando las cosas no salían como quería, me llenaba de amargura pensándome olvidado por Dios en el medio del barro.

Pero la fe en la vida misma no funciona como un repuesto de repuestería rápida. Es más bien la paciencia del taller: quedarse a limpiar la pieza llena de grasa, tuerca por tuerca, sabiendo que el trabajo bien hecho requiere tiempo. Sentí esa lección clarita mientras el viejo golpeaba la masa con el martillo para calzar el buje nuevo. En tiempos de crisis económica o familiar, lo primero que perdemos es el ritmo tranquilo, creyendo que si corremos más rápido vamos a ganarle a la tormenta. Es así nomás, nos cuesta soltar el volante cuando la calle está llena de baches.

Bald mechanic in blue coveralls checking tools inside an automotive workshop.
Foto: Artem Podrez / Pexels (CC0)

En la Biblia, el profeta Isaías dejó escrito algo que viene al pelo para esto: > "En volveros y en reposar seréis salvos; en la quietud y en la confianza estará vuestra fortaleza" (Isaías 30:15).

Si sentís que este fin de semana la cabeza no te da más por las deudas o por decisiones que tenés pendientes, podés probar una cosa bien práctica hoy mismo. Agarrá una libreta, anotá dos tareas concretas que sí podés resolver antes del lunes y dejá las otras diez en manos de Dios con una oración simple y corta. Apagá las notificaciones del celular por dos o tres horas este mediodía, poné la pava o armá un tereré y concentrate únicamente en lo que tenés enfrente. Pretender solucionar todo junto a la fuerza es la forma más rápida de terminar rompiendo el motor.

Don Gustavo terminó el trabajo a eso de las diez y media, me cobró lo justo y el auto salió andando silencioso otra vez. A veces la salida no es cambiar de vehículo ni desesperarse en el taller, sino aprender a escuchar al que sabe y dejar que ajuste las tuercas a su tiempo.