No todo lo que se rompe hay que descartarlo

in #spanish16 days ago

Leí en algún lado que el alma tiene hambre de silencio. Y es cierto. Pasamos el día rodeados de ruido: notificaciones, bocinas, conversaciones, televisión. El silencio incomoda porque en el silencio te encontrás con vos mismo. Y a veces ese encuentro es incómodo. Pero es necesario.

Me pasa que a veces quiero tener todo controlado y cuando algo se sale de lo previsto me desarmo. Pero la vida es así nomás, impredecible. Aceptar que no todo depende de uno es un alivio. Soltar el control no es rendirse, es dejar de pelearse con lo que no se puede cambiar.

Me di cuenta de que las mejores conversaciones que tuve en la vida no fueron planificadas. Fueron esas charlas espontáneas a las 2 de la mañana, esas caminatas donde todo fluía, esas meriendas que se extendieron hasta la cena. La magia no se planifica.

A veces estamos tan ocupados mirando lo que nos falta que no vemos lo que tenemos. La salud, la familia, el techo, la comida. No hace falta tener mucho para agradecer. Solo hace falta detenerse un momento y mirar alrededor. La vida está llena de cosas simples que valen oro, pero las pasamos por alto porque andamos corriendo.

Hay una presión terrible por mostrar una vida perfecta. En redes, en las conversaciones, en las fotos. Todos felices, todos exitosos. Pero la realidad es que todos cargamos algo. Una preocupación, un miedo, una historia que no contamos. Está bien no estar bien. Está bien decirlo.

La vida da vueltas. Lo que hoy duele, mañana puede tener sentido. Lo que hoy parece un final, mañana puede ser un comienzo. Cuestión de tiempo, de fe, de seguir caminando aunque no se vea el destino. Lo importante es no quedarse quieto.

Uno vive persiguiendo respuestas afuera, cuando las más importantes están adentro. El silencio asusta porque te deja a solas con lo que sos. Pero es justo ahí donde podés escuchar lo que realmente importa. No le tengas miedo al silencio.

Anoche no podía dormir y me puse a pensar en todas las cosas que me faltan. La casa más grande, el auto nuevo, las vacaciones soñadas. Y de repente escuché a mi hijo reírse dormido. Y me di cuenta de que tengo lo único que realmente importa. El resto es ruido.

Hay días en los que uno siente que todo pesa. Las responsabilidades, las deudas, las relaciones. Y en medio de eso, cuesta encontrar un momento de paz. Pero justo ahí, cuando parece que no se puede más, algo pequeño pasa. Un mensaje, una canción, el amanecer. Y te acordás de que no todo está perdido.

Hay una cosa que aprendí tarde: no todo requiere mi opinión. Puedo ver algo, sentir algo, y simplemente dejarlo estar. No todo es un debate, no todo necesita mi intervención. A veces lo más maduro es quedarse callado y observar.

La rutina puede ser un refugio o una cárcel. Depende de cómo la vivas. Si la rutina te da paz y orden, es un refugio. Si te quita la vida y la alegría, es una cárcel. Evaluar de vez en cuando si estamos viviendo o simplemente funcionando es importante.

A veces uno cree que la fe es tener certezas. Pero la fe verdadera es seguir caminando cuando no ves nada. Es poner un pie delante del otro sin saber dónde termina el camino. Y confiar en que alguien más grande que uno va marcando la ruta. Eso no es debilidad, es valentía.

Mi abuela decía que los problemas se achican cuando los compartís. Al principio no la entendía, pero con los años vi que tenía razón. Hablar de lo que pesa no es debilidad, es sabiduría. Guardarlo todo adentro es lo que realmente destruye.

Hay personas que llegan a nuestra vida y se quedan. Otras pasan y dejan una enseñanza. Ambas son importantes. A veces cuesta soltar, pero cuando soltás, las manos quedan libres para recibir lo nuevo. Aferrarse a lo que ya fue es como querer agarrar agua con las manos.

La vida no siempre da lo que uno pide, pero siempre da lo que uno necesita. A veces la respuesta es no, y ese no abre una puerta que uno no veía. Otras veces el silencio es la respuesta más clara que existe. Aprender a escuchar es parte del camino.

Hay heridas que no se ven. Las que no sangran. Las que llevamos adentro y no mostramos porque no hay curita que las tape. A veces las arrastramos años. Pero sanar no es olvidar, es aprender a llevar la cicatriz sin que duela. Y eso también lleva tiempo.

A veces las palabras llegan cuando más se necesitan. Ojalá esta te haya llegado en el momento justo.


Contenido original para Steemit.