La importancia de hacer bitácoras y dejar fluir nuestra mente.
Sentarse. Agarrar un lápiz, papel, y dejar fluir las ideas. Pareciera fácil. Pero al principio, lo es y no lo es. Siempre estará la excusa de que "nunca existe el tiempo para ello", y sí, quizá exista gente que de verdad no tenga tiempo en el día, el tiempo siempre es posible hacérselo.
Es lo que es conocido como escribir una bitácora de vida. Tiene la apariencia de cursi, o quizá estigmatizado como algo "sólo de niñas jóvenes que tienen el afán de escribir cosas en su diario"; alejando todo tipo de prejuicios de género y estereotipos, algo como sólo dejar que los pensamientos se concentren en dejarse expresar en un papel o inclusive documento de Word, tiene su ciencia.
Al principio, siempre se concebirá en el pensar, ¿Qué escribo? Algunxs, pondrán simplemente lo que hicieron en el día, cosas simplonas pero que sirven tanto para relajarse como para sentirse plenamente realizado a la hora de dormir o de despertarse. Obviamente, no es obligación hacerlo todos los días; lo importante es hacerlo un hábito. Como también está la opción de delicadamente situar los pensamientos que vienen acomplejándote hace días: la universidad, el trabajo (o el no-trabajo), y sentirse despejado. Aunque frente a estas dos opciones que ofrezco siempre existirá una que gozo más escogiéndola, llamado literariamente como la corriente del pensamiento.
Uno de mis autores favoritos que emplea esta técnica es Manuel Puig:
«...y el gaucho extrañado le dijo no llores mi pingo, que la patroncita ya no volverá...» es un tango triste, porque cuando se muere la china el gaucho se queda solo con el caballo y no se puede acostumbrar «...tal vez por buena y por pura Dios del mundo la llevó...» y no dice que le haya quedado un hijo, al Pancho le quedaría el Panchito si yo me muero ¿en qué rancho? ¿en el de él o el de mi tía? estamos en la pieza solos y con este broche cuelgo la camisa celeste de una manga y los pañuelos de color...»
Y el relato sigue y sigue.
Esta forma de retratar nuestra vida como un viaje a través de nuestra bitácora nos devela nuestras más deseadas intenciones, formas en las que nos cuesta pensar. Nos ceñimos a la idea de escribir ordenadamente, cuidando todo tipo de ortografía y gramática, pero nuestro cerebro realiza todo lo posible para poder escribir. A lo cual digo: No respetes las reglas, en tú bitácora, no hay reglas, profesores, fechas límites, déjate ser. Sáltate espacios, dibuja, escribe groserías, conecta palabras, inventa palabras, deja que tu mente cruce todo tipo pensamientos en el papel. Haz que el papel sea el reflejo auténtico de lo que piensas en el momento, y deja que en el viaje de tu vida, la bitácora sea tanto una forma de saber dónde estás y para recordar dónde estabas tú como persona. ¿Solías estar triste, desilusionado, enamorado, feliz, infeliz?
Y podríamos seguir para siempre. Nuestra bitácora de vida nos hará reír, llorar, y causará una multitud de emociones al momento en que la revisemos de nuevo al dejar el tiempo pasar.

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