Cuando el ministro de finanzas me entregó una Biblia en el retiro de Asunción

Foto: Luis Quintero / Pexels (CC0)
Hoy, martes 15 de septiembre de 2026, me encontraba en el salón principal del Hotel Guaraní, Asunción, donde el presidente electo Abelardo De La Espriella había reunido a su gabinete para un retiro espiritual previo a la posesión. Al concluir la charla de apertura, el ministro de finanzas, Carlos Martínez, se acercó a mi asiento y, con una sonrisa discreta, deslizó sobre la mesa una Biblia de cuero de 548 páginas que había recibido en la misma mañana.
"Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino" – Salmo 119:105
En mi experiencia, el peso frío del libro entre mis manos despertó una memoria que creía distante: la primera Biblia que sostuve en mi catecismo de primaria, cuando el padre Alberto la abrió para leer el Padre Nuestro en la capilla de San Pedro. Esa sensación de reverencia no depende de la novedad del objeto, sino del encuentro con la Escritura que nos llama a la verdad. Al abrir la portada, la primera frase que leí fue Juan 15:5: "Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí y yo en él, éste lleva mucho fruto". Anoté al margen “ramos sin la vid no dan fruto” y sentí que el Señor hablaba directamente a mi vida pastoral.
El gesto de un líder político entregando una Biblia me recordó una columna que leí el 13 de septiembre en La Nación titulada “Dios se limita por amor: la sorprendente enseñanza de la reparación espiritual”. El autor argumentaba que la verdadera limitación de Dios es un acto de amor que nos invita a asumir responsabilidad por nuestras propias faltas. Ver a Carlos Martínez, quien maneja el presupuesto nacional, ofrecerme la Palabra, confirmó que la fe no es exclusiva de los santos, sino que también se manifiesta en los espacios de poder cuando se reconoce la necesidad de reparación interior.
Una semana después, mientras caminaba por la carretera que une San Lorenzo con Caacupé, encontré a Don Ramón, un agricultor de 62 años que cultiva soja en los campos de San Juan. Compartí con él el versículo que había subrayado la noche anterior. Él, con sus manos marcadas por la tierra, me contó que había decidido dejar de depender únicamente de la lluvia y empezó a confiar en la providencia, plantando una nueva variedad de maíz después de orar cada madrugada. Su testimonio confirmó que la Escritura, cuando se vive, produce cambios concretos en la rutina diaria.
Pasos para vivir la Biblia hoy mismo:
- Busca una Biblia que puedas llevar en el bolsillo o en la mochila; no necesita ser costosa, basta que sea tuya.
- Cada mañana, abre la página donde terminaste ayer y lee un solo versículo.
- Escribe una palabra o frase que resuma lo que Dios te está diciendo y colócala en el margen.
- Al terminar la semana, comparte ese pensamiento con una persona de confianza, tal como lo hice con Don Ramón.
Al cerrar la agenda del retiro, sentí que el Señor había puesto una semilla de renovación en mi corazón. Agradezco la oportunidad de servir a mis hermanos y hermanas con la certeza de que, aunque los cargos cambien, la Palabra sigue siendo la misma guía.