Un libro costarricense que me hizo ver el dolor bajo otra luz

in #spanish19 days ago

Silhouette of a father and child walking on the beach in Mar del Plata, Argentina.
Foto: Gimena Sotomayor / Pexels (CC0)

Esta mañana, a las 08:15, mientras me servía un café con leche en la cocina de mi casa en Asunción, el teléfono vibró con una notificación de Google News. El titular hablaba de Carlos Méndez, autor costarricense que había convertido su lucha contra el cáncer en un libro llamado Luz entre sombras (280 páginas). Lo leí allí mismo, con el sonido del tráfico de la Av. Mariscal López de fondo, y sentí que el relato podía cruzar la frontera del dolor para tocar el corazón de cualquiera que lo reciba.

"Mi fortaleza se manifiesta en mi debilidad" – 2 Corintios 12:9

En mi experiencia, el sufrimiento deja de ser una condena cuando se transforma en testimonio. Méndez recibió su diagnóstico de carcinoma de colon en julio de 2023 y, tras seis ciclos de quimioterapia, decidió escribir cada noche de su habitación del Hospital Nacional. En el libro, relata cómo la oración le devolvía la esperanza cuando el cuerpo se negaba a cooperar. No es una historia de milagros instantáneos, sino de una fe que aprende a caminar junto al dolor, reconociendo la presencia del Señor incluso en la sombra del hospital.

Al día siguiente, invité a mi vecino Juan Pérez, de 42 años, a compartir el café. Juan había estado batallando con la diabetes y, al escuchar que había leído sobre Méndez, confesó que había dejado de leer la Biblia porque el día a día le parecía una carga. Le mostré una página del libro donde el autor escribe: "Cuando el cuerpo se rompe, el Espíritu se abre a nuevas maneras de amar". Juan me agradeció porque, al leer esa frase, recordó la promesa de la Escritura que el Señor es nuestro refugio y fortaleza. Esa breve conversación cambió la atmósfera del cuarto: de silencio a una oración conjunta por sanación y paciencia.

Si deseas que tu propia historia o la de alguien cercano deje una huella, te propongo tres pasos concretos que puedes comenzar hoy mismo. Primero, toma un cuaderno y escribe, sin filtros, una experiencia de dolor reciente; no busques la forma perfecta, solo la verdad. Segundo, dedica cinco minutos al día a leer ese escrito en voz alta mientras pides al Señor que lo convierta en testimonio de fe. Por último, comparte ese fragmento con una persona de confianza – como hice con Juan – para que el relato no quede atrapado en la soledad, sino que se convierta en alimento para la comunidad.

En mi corazón, el eco de la historia de Méndez sigue resonando. Cada palabra escrita me recuerda que la cruz que llevamos puede iluminar el camino de otros, siempre que la entreguemos al Señor y la ofrezcamos con humildad.