Viajar en mochila: lo que llevo y lo que no
Acampar es la forma más barata y auténtica de viajar. Una carpa, un sleeping, una cocinita. Podés quedarte en lugares que ningún hotel te ofrece. Amanecer en la montaña, escuchar el río, ver las estrellas sin contaminación lumínica. No tiene precio.
Sudamérica tiene algunos de los paisajes más impresionantes del mundo y muchos son accesibles con poco presupuesto. Desde el Salar de Uyuni en Bolivia hasta la Patagonia chilena, hay lugares que parecen sacados de una película. Lo mejor es que muchos de estos destinos no requieren grandes inversiones para ser disfrutados.
Viajar en mochila te enseña a vivir con lo mínimo y a valorar lo que tenés. Descubrís que necesitás mucho menos de lo que creés y que las mejores experiencias no se compran, se viven. Una caminata al atardecer vale más que cualquier tour pagado.
Los mejores consejos de viaje que recibí fueron de desconocidos en terminales de autobuses. Una señora en una terminal de Perú me dijo qué evitar en Cusco. Un mochilero en un hostel me recomendó el mejor mirador de la ciudad. Viajar te abre a la generosidad de la gente.
Viajar barato no significa viajar incómodo. Significa elegir bien: alojamiento con cocina, transporte terrestre en vez de vuelos, y actividades gratuitas que casi todos los destinos ofrecen. La clave está en investigar antes y no tener miedo de moverse como local.
Viajar abre la cabeza. Nunca es tarde para empezar.
Contenido original para Steemit.
