La herencia del pianista
Luciano lo recordaba con suma claridad, aunque solo debía contar con unos siete años cuando sus padres, Rafael y Maritza, decidieron adoptarlo para prodigarle todo cuanto le hizo falta en este mundo y llegar a la posición en que hoy se encontraba. "Lo que más deseo en la vida es aprender a tocar el piano", les dijo esa vez en que ambos fueron a ver a los niños en el hospicio donde lo habían acogido desde el día en que falleció su abuela.
Dos años antes, un cáncer de estómago había acabado con la existencia de su madre y la abuela, acosada por una pena que nunca pudo soportar, se encerró en una tristeza unánime que apenas le permitía hablar lo necesario. Los difusos recuerdos de aquella época lo ubican junto a la anciana taciturna que lo atendía con mucha ternura, pero agobiada por el esfuerzo constante y la ausencia definitiva de su hija. El único episodio, sin embargo, que rememoraba con especial claridad marcó su vida para siempre y lo condujo hacia las metas con las que siempre soñó: "Esta es tu mamá", le dijo la abuela tomando en sus manos el cuadro que estaba sobre la repisa y señalándole con el dedo la bella y elegante mujer que estaba sentada ante el piano. Luciano quiso en ese momento, por supuesto, hacerle muchas preguntas sobre su madre, pero prefirió respetar su lánguido mutismo y las inevitables lágrimas asomadas a sus ojos cansados.
Desde ese momento nació su fascinación por el piano. Más de una vez soñó que deslizaba sus manos por el teclado para extraerle las más sublimes melodías. Por esa razón, se sintió el niño más feliz de la tierra el día en que vio uno, por primera vez, en su nueva casa, la casa de Rafael y Maritza, los padres que el cielo le había puesto en su camino. A medida que dominaba el instrumento y se convertía en el prodigioso pianista que llegó a ser más tarde, nunca dejó de referir a todo quien le preguntara de dónde provenía su virtuosismo musical, de qué manera las escuetas palabras de la abuela, ante una pintura de Silverio Lugo, le habían despertado el sublime talento que heredó de su madre.
Todos sus biógrafos y los innumerables periodistas de la prensa cultural refirieron un sinfín de veces este episodio de la infancia, tan importante para el nacimiento artístico del incomparable pianista Luciano. Algunos de ellos, más acuciosos, investigaron quiénes eran las dos cantantes que estaban en el cuadro para entrevistarlas, pero sus pesquisas dijeron que ya habían fallecido también. El pintor, Silverio Lugo, por su parte, retirado y casi ciego, se encontraba viviendo en París, pero se negaba a hablar sobre esos tiempos de sus primeros pasos como artista plástico. Luciano no lo podía creer, todas sus indagaciones al respecto fueron infructuosas, jamás encontró alguna pista sobre las personas involucradas en el cuadro donde estaba su mamá tocando el piano.
Estaba planeando trasladarse a Francia para entrevistarse con Lugo, cuando su ama de llaves le comunicó que esa mañana había llegado una carta del artista. Luciano corrió con desbordada ansiedad a leerla. "Debo comunicarle, decía el pintor, que me he negado a hablar con la prensa para no contradecirlo y afectar su reputación. Su madre nunca supo tocar el piano, ella solo fue la modelo de mi pintura. Para las dos mujeres que aparecen de pie, sirvió ella igualmente de modelo, con algunas alteraciones para diferenciar los tres personajes".
Invito a la amiga @tahispadron a participar en esta edición de Arte y escritura.



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Muchas gracias por su apoyo...
Me encantó la historia, empezó de forma triste, pero terminó mejor.
Sí, al comienzo la muerte de la madre y de la abuela eran necesarias para plantear lo demás, pero son en verdad momentos tristes... Gracias por su atenta lectura y su comentario. Un gran saludo.
Esta historia, aunque ficticia, ha pasado muchas veces con diferentes personas.
Hasta luego.
¡Qué bonita historia, amigo!
Aunque el talento lo heredó —según decía la abuela y se veía en su madre—, fue en una escena casi mágica, más inspiración que la realidad, donde el joven soñador encontró su rumbo.
El cual por poco fue apagado.
Gracias por la invitación.
Saludos y mucho éxito.
Saludos... Me alegra que le haya gustado el relato.
Me encantó leerte. Un abrazo.
Te pido disculpas por no haberte validado antes.
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Sí, es un ejemplo de que la disposición cuando algo nos motiva ocurre sin importar que sea cierto o no... Gracias por todo, amiga.